Las críticas del cardenal Pell sobre la renuncia de Benedicto XVI

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dfa83ff9e0En el texto de despedida para Benedicto XVI que publicó “L’Osservatore Romano”, el director Gian Maria Vian escribió que el gesto de la renuncia papal es «un acto grave y nuevo, que algunos no entienden». De hecho, en las últimas horas se está desmoronando en la opinión de algunos ese muro compacto de aprobación que había suscitado la renuncia del Pontífice. Un cardenal de relieve, el australiano George Pell, el ratzingeriano arzobispo de Sídney, criticó a Benedicto XVI en una entrevista televisiva por su decisión, porque crearía un precedente y dejaría a la Iglesia en un estado de incertidumbre.

«Podría haber personas que, al estar en desacuerdo con un futuro Papa, podrían montar una campaña en su contra para inducirlo a la renuncia». Pell dijo que Ratzinger es un brillante teólogo, pero también indicó que prefiere a alguno que sepa conducir a la Iglesia. El purpurado australiano dijo que no cree que sea un “papable”, pero no excluyó la posibilidad de ser elegido: «Podría suceder; yo soy católico, soy un obispo, soy un cardenal».

Otra crítica ante el gesto de Benedicto XVI llegó de Francia. El arzobispo de Dijón, Roland Minnerath, cercano a las posturas más tradicionalistas, indicó que, después de haber sabido la noticia de la renuncia de Ratzinger, no podía creer lo que estaba pasando: «¿Qué es lo importante en el ministerio de un sacerdote, de un obispo, de un Papa? ¿Sus dotes intelectuales o el don que hace de sí mismo a Cristo? ¿No es este, acaso, el fruto más importante de todos?».

Como había hecho en un principio el ex secretario de Wojtyla, el cardenal Stanislaw Dziwisz, también Minnerath comparó la decisión de Benedicto XVI con la conducta de Juan Pablo II: «Estaba cada vez más impedido en los últimos años, pero permaneció en su lugar. Y dió un ejemplo de fidelidad al llamado recibido». El arzobispo de Dijón también observó que introducir «un criterio de eficiencia» es comprensible y «válido en el gobierno de las cuestiones temporales de un jefe de Estado. Pero el ejercicio del presbiterado y del episcopado es una cosa diferente». Minnerath también se preguntó cuál será ahora el “estatus” del Papa que renuncia.

Como se recordará, el vocero del Vaticano, el jesuita Federico Lombardi, había anunciado hace algunos días que Ratzinger iba a seguir usando el nombre Benedicto XVI, que se le debería seguir llamando “Su Santidad” y que habría usado la dignidad de “Papa emérito” (conservando la sotana blanca aunque sin la “mantellina”). Eso sí, ya no podrá usar los zapatos rojos. Quién sabe cuánto habrán reflexionado y cuanto tendrán que seguir reflexionando los canonistas sobre estas decisiones. Pero no hay ninguna duda de que un “Papa emérito” vestido de blanco, que usa todavía el nombre papal aunque esté «escondido» del mundo, podría resultar en cierta medida un “segundo” Pontífice.

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