La Iglesia del futuro imaginada por el Cardenal Reinhard Marx, Arzobispo de Munich y Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana

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El Cardenal Reinhard Marx, Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, dio el dia 22 de enero a la revista America, de los jesuítas norte-americanos, una entrevista en que expresa sus esperanzas con el Sínodo de la Família en octubre de 2015, bien como su visión de la Iglesia. En Alemania fueron destacados particularmente los partes referentes a los divorciados recasados y a los homosexuales. El diario Süddeutsche Zeitung dio a su reportaje el título Los homossexuais están también dentro y el Nordbayerische Kurier tituló así su artículo: [El Cardenal] Marx a favor de una via de reforma para los divorciados recasados. Esos temas son actualmente los más importantes para los así llamados católicos reformistas, que luchm por una adaptación de la doctrina de la Iglesia Católica a las máximas del movimiento de Mayo de 1968.

Con todo, el Cardenal Marx no se limitó de modo alguno, en la entrevista a la revista America, a esos temas, pero precisó y actualizó otras exigencias del catolicismo reformista. Con eso él se coloca a la cabeza de un movimiento que desde hace unos cinco años, por ocasión de los escándalos de abusos sexuales, viene de modo cada vez más claro y ruidoso defendiendo públicamente sus puntos de vista, según los cuales la Iglesia debería arrasar drásticamente sus estructuras y que el Magisterio eclesiástico se adaptase al estilo de vida actual.

El Cardenal Marx, um subversivo

El así llamado Caso Tebartz van Elst el año pasado representó para los católicos liberales una ocasión propicia para la propaganda de su agenda. Supuestamente para evitar en el futuro “situaciones como las de Limburg”, serí preciso hacer ahora una nueva definición del múnus episcopal y discutir pura y simplemente el papel de la jerarquía eclesiástica.

En verdad se trata de una visión enteramente nueva de lo que es la Iglesia: Eso queda muy patente en la entrevista del Cardenal Marx para la revista America. Así se expresa él: “La Igreja puede mostrar al mundo que no es un instrumento para sí misma, sino por la unidad de la nación y del mundo.” Según Marx, la Iglesia no debería ser una Iglesia narcisista, una Iglesia del miedo.

El Cardenal Marx muestra también comprensión para con las parejas homosexuales, los “casamientos salvajes”, los divorciados recasados, las exigencias de cambios en la doctrina de los sacramentos. En cualquier caso para él no está claramente definido lo que la Iglesia Católica enseña en materia de casamiento y familia.

La Iglesia en las manos de los laicos como lugar de encuentro y no en cuanto guardiana de la verdad

El Cardenal Marx es a favor de una desclericalización del poder en la Curia Romana. De esta forma, los laicos deberían asumir la dirección de importantes secretarías, inclusive la presidencia de Consejos, Congregaciones (por tanto de los ministerios vaticanos) y demás unidades administrativas. En el ámbito de esas reformas estructurales las mujeres deberían tener preferencia. Se debería por fin reconocer que la “emancipación de las mujeres” es una de las “señales de los tiempos”. La Iglesia debería ahora impulsarla. (El concepto de “emancipación de la mujer” proviene del arsenal de conceptos de la política social izquierdista y tiene como fundamento la ideología de la lucha de clases).

En esas declaraciones queda claro lo siguiente: La Iglesia no es vista por los católicos reformistas liberales primariamente como guardiana de la verdad, mas como lugar de encuentro, donde se reúnen todos los hombres, poco importando lo que ellos son. Para que eso pueda tener efecto, la Iglesia precisa adaptarse al espíritu del tiempo y tanto cuanto posible tener las fronteras abiertas. Las fronteras entre lo católico y lo no-católico deben ser borradas — pero no de modo tan radical que llegue a amenazar la recolección del impuesto eclesiástico. Y, de nuevo, para conseguir eso, es necesaria que se debilite el múnus sacerdotal y episcopal.

En una Iglesia así, la verdad y la fidelidad al Evangelio no pueden estar en el centro. Eso no es dicho expresamente, pero  es la consecuencia forzosa. Pues, para que la verdad pueda estar armada contra continuos ataques, precisa estar apoyada jerárquicamente en el no fundamento del sacramento del Orden.

Un tejido disforme, post-estructuralista

En caso de que este proceso perdure lo suficiente, surgiría de ahí un tejido de diócesis y parroquias sin delimitaciones territoriales fijas. La decisión quedaría en las manos de gremios pseudo-democráticos y de figuras carismáticas que presentan un estilo de vida ya no ligado a verdades de fe firmemente definidas.

La Iglesia tendría entonces una apariencia que no sería otra cosa sino la sociedad utópica post-estructuralista de los revolucionarios de 1968.

Traducción de Renato Murta de Vasconcelos

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