Sí al lucro

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Andrés Tagle: “Es la izquierda en Chile la que ha querido confundirnos, satanizando el concepto del lucro, y por cierto reservando el derecho de dictar las pautas de cuándo una ganancia es un lucro ilegítimo y cuándo no lo es…”

Viernes 20 de diciembre de 2013

La Academia define al lucro como la ganancia o provecho que se obtiene de algo. Salvo los que viven de la caridad ajena, en este mundo todos lucramos. Lucran quienes tienen un trabajo remunerado, lucra el que ejerce liberalmente una profesión, se lucra en las artes, en la cultura y en el deporte, y lucran los que hacen emprendimientos o negocios para producir bienes y servicios.

El lucro no es más que el producto que recibimos del desarrollo con esfuerzo de los talentos naturales con que nacimos. Por cierto, hay quienes dedican sus talentos a servir a los demás con fines altruistas y ello está muy bien y merecen todo nuestro respeto y admiración. Pero también es legítimo que personas dediquen sus talentos a obtener un beneficio económico. La libertad de poder crear y emprender y desarrollar nuestros talentos es un derecho natural. El lucro que se obtiene de ello será siempre legítimo.

Lo que no es legítimo es obtener un lucro o ganancia con abuso y engaño. Ello corresponde a la definición que hace la academia de la estafa, y ésta siempre ha sido moral, ética y penalmente condenada. No confundamos el lucro con la estafa; son dos conceptos distintos. Es la izquierda en Chile la que ha querido confundirnos, satanizando el concepto del lucro, y por cierto reservando el derecho de dictar las pautas de cuándo una ganancia es un lucro ilegítimo y cuándo no lo es.

Es la misma izquierda que en el pasado postuló el socialismo marxista, que impuso en muchos países del mundo una sociedad sin lucro, donde el Estado era el único dueño de los medios de producción, y las personas, sus vasallos proletarios remunerados. Se les coartaba a los individuos la libertad de desarrollar sus talentos, lo cual se hacía por la fuerza y con represión, en lo que llamaron la dictadura del proletariado. Un modelo que jamás trajo progreso y bienestar a sus pueblos, que quedaron sometidos a una miseria muy igualitaria para quienes no eran parte de la élite dirigente. Finalmente terminaron en la ignominia de tener que levantar muros y cortinas de hierro para impedir con violencia que las personas pudieran siquiera escapar de estos paraísos socialistas.
Miremos en cambio dónde y cómo han surgido los grandes adelantos del mundo moderno. El automóvil, la electricidad, el teléfono, el avión, el televisor, el computador, el software, internet, el celular, las redes sociales, las vacunas, los antibióticos, los equipos de diagnóstico y tratamiento médico, los medicamentos, la biotecnología, son todos adelantos donde el lucro ha sido el motor fundamental o en su creación o en su desarrollo productivo y comercial, que ha puesto estos adelantos al alcance de la gran mayoría de los individuos. ¿Contaríamos con ellos si no hubiera habido lucro de por medio?
La izquierda quiere ahora deslegitimar el lucro respecto de ciertas actividades, como la educación, salud y previsión. Para ello argumenta una consigna, diciendo que se trata de “derechos sociales”. ¿Y qué importa que sean derechos sociales? Éste no es un argumento que resista el más mínimo test de validez intelectual. Para ellos el lucro sería legítimo cuando se trata de proveer necesidades básicas como el pan, techo y abrigo, y sería ilegítimo si el Estado recurre a privados que lucran para proveer salud, educación o previsión. Aceptan que alguien pueda lucrar al desarrollar sus talentos en el mundo de las artes, la cultura o el deporte, pero se lo niegan en el mundo de la educación.
El estándar de la izquierda es que médicos, abogados, ingenieros y periodistas pueden desarrollar emprendimientos con fines de lucro, como centros médicos, bufetes legales, firmas de ingeniería y medios de comunicación; sin embargo, les niegan a los profesores —la profesión peor pagada— el derecho de hacer un emprendimiento lucrativo en educación. Qué discriminación más absurda y sin fundamento.

La izquierda niega que el Estado pueda proveer salud a través de privados con fines de lucro. Pero tiene que aceptar que privados con lucro construyan los hospitales y centros médicos, les provean del equipamiento general y desde luego del tecnológico; les provean los medicamentos, insumos médicos y también de los servicios profesionales. Para dializar a los enfermos renales el Estado sí podría comprar equipos de diálisis a fabricantes con fines de lucro del extranjero y dar la prestación, pero por ningún motivo podría comprar a privados con fines de lucro, que ya tienen estos equipos en Chile, directamente el servicio de diálisis. ¿Hay alguna diferencia intelectualmente relevante entre ambas situaciones? Por cierto que no.

El lucro es legítimo. Es también un elemento clave en el progreso de la humanidad y de los países. Es un incentivo fundamental para el desarrollo de nuestros talentos que nos permiten poder crear y emprender. El lucro es parte del ejercicio de nuestra libertad. Sí al lucro.

Andrés Tagle Domínguez

http://www.elmercurio.com/blogs/2013/12/20/17973/Si-al-lucro.aspx

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