“No tengo por qué aceptar que un parlamentario que a la Constitución a lo mejor le ha leído solo la tapa, me venga a revisar las sentencias”

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El ministro de la Corte Suprema Carlos Künsemüller se quedó hasta cerca de la medianoche del jueves viendo la transmisión en su casa. Junto a su esposa, siguió atentamente la votación en la Cámara de Diputados que buscaba destituir a tres jueces del máximo tribunal, acusándolos de notable abandono de deberes luego de que otorgaran la libertad condicional a siete condenados por casos de derechos humanos.

El especial interés de Künsemüller se debía a que era él uno de los jueces objeto de la acusación, además de Manuel Valderrama y Hugo Dolmestch. El hecho de que finalmente los diputados votaran por rechazar esta acción no aminoró la molestia que le generó el proceso. Ayer, en el Palacio de Tribunales, se refirió por primera vez a esta situación y cuestionó en duros términos la presentación que se realizó en su contra: “Yo no tengo por qué aceptar que un parlamentario que no tiene la más mínima idea de los temas jurídicos involucrados, que a la Constitución a lo mejor le ha leído solo la tapa, me venga a revisar las sentencias que yo dicte”.

El juez, que desde 2007 integra la Segunda Sala Penal de la Corte Suprema, también dijo que “si lo que se ha querido por estos parlamentarios es tener jueces dóciles y temerosos, y que vayan a preguntar al Congreso cómo tienen que fallar, se han equivocado. Los jueces chilenos no van a hacer eso”.

Otro punto que tocó el magistrado fue cómo le afectó esta situación, tanto desde el punto de vista personal como profesional. En este sentido, indicó que “en lo que a mí respecta, como ministro acusado, se rechazó una infamia en lo personal. En lo que concierne al Poder Judicial, se rechazó una agresión al estado de derecho y a la convivencia democrática del país”.

Künsemüller, además, se refirió a un elemento que le llamó poderosamente la atención: las personas que estaban en la graderías del Congreso y que gritaban a favor de la acusación constitucional. Esta escena, según relató el propio juez, lo desconcertó. Explicó que “muchas de ellas tuvieron que haber sido personas que nosotros, con nuestras sentencias, favorecimos. No me cabe la menor duda. Entonces, la única explicación es que quienes patrocinaron esta infamia manipulan a estas señoras y a estos caballeros, y se aprovecha de esta situación de dolor para sustentar este tipo de agresiones”.

¿Habrá secuelas?

El día posterior a la votación de la Cámara dejó una duda y que fue abordada por diferentes miembros de la judicatura ¿Esta acusación podría influir en laforma en que los magistrados votarán en el futuro, en busca de evitar que se presente contra ellos una nueva acusación constitucional?

El primero en pronunciarse fue el propio Künsemüller, quien señaló que “los jueces tenemos que dictar las sentencias conforme a derecho y al mérito del proceso, sin ninguna otra consideración y eso es lo que hemos tratado de hacer y, naturalmente, puede haber sentencias que resuelvan en un sentido y otras que resuelvan en otro sentido, pero eso es lo propio de todos los tribunales, sobre todo los tribunales colegiados, en que hay tres en la corte de Apelaciones o cinco ministros en la Corte Suprema”.

Siguiendo esta argumentación, agregó: “¿por qué todos tienen que opinar lo mismo? ¿Qué les obliga a decidir en la misma forma? Si todos estuviéramos obligados a fallar conforme a un modelo preexistente, en realidad habría que cerrar los tribunales”.

Lamberto Cisternas, vocero de la Corte Suprema, señaló que enfrentar este tipo de situaciones “es un peligro que uno siempre lo considera en abstracto. Ahora se ha hecho concreto y, por lo tanto, tendrá que estar uno con una cierta aprehensión, atento a este asunto. No se trata de otra más que eso. Y bueno, si se llega a producir otra situación similar, habrá que enfrentarla en los mismos términos”.

Por otro lado, el presidente del máximo tribunal, Haroldo Brito, descartó en entrevista con TVN que la acusación impacte en cómo resuelven los jueces: “El sistema funciona a partir de la autonomía, de las convicciones personales acerca de las cuestiones jurídicas. Esa es la única forma de hacer justicia. No es posible actuar en una sociedad democrática en el sistema de justicia, buscando formas de conciliar la decisión con los intereses de algún tercero”.

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