Lucro y calidad en la educación no necesariamente se contraponen

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Lucro y calidad de la educación

Para justificar el término del lucro en educación, el ministro Eyzaguirre ha señalado que éste es incompatible con la calidad. Existen demasiados contraejemplos que demuestran su error.     por Ricardo Paredes – 31/5/2014

             

Para justificar el término del lucro en educación, el ministro Eyzaguirre ha señalado que éste es incompatible con la calidad. Existen demasiados contraejemplos que demuestran su error, por lo que concedámosle que lo que ha querido decir es que la lógica y la evidencia sugieren que cuando hay lucro, hay menor calidad educacional.

Una mirada algo inquisitiva al sistema educacional chileno sugiere que los sostenedores, aunque persigan lucrar, pueden estar inducidos a mejorar la educación. Es que la ley establece que recibirán mayores ingresos en la medida que atraigan más estudiantes y sus estudiantes asistan más a clases. Así, aunque los sostenedores quieran irse por el lado fácil y barato, atrayendo a los padres mediante publicidad, insignias y uniformes, ello no es suficiente para un número significativo de padres que buscan buena educación para sus hijos. Por ello, los sostenedores están inducidos a esforzarse y muchos que lucran también recurren a fórmulas para directamente mejorar el aprendizaje, o indirectamente hacerlo por la vía de aumentar la asistencia.

Como también hay escuelas sin fines de lucro con gestiones docentes deficientes, que incluso sin retirar excedentes pueden implicar peor educación, no es posible afirmar o descartar basado en la lógica del retiro que la relación lucro y calidad educacional sea necesariamente negativa. Por lo anterior, la afirmación es sobre todo una hipótesis que sólo se puede responder mirando los datos e interpretando bien lo que dicen.

El conjunto de estudios que analiza empíricamente la relación lucro y calidad en el sistema escolar chileno concluye que para alumnos de igual nivel socioeconómico, las escuelas privadas con fines de lucro, en promedio, lo hacen peor que las privadas sin fines de lucro (e.g., Chumacero y Paredes, 2008; Elaqua, 2011; Zubizarreta, Paredes y Rosembaun, 2014).

¿Podemos entonces deducir, como el ministro y el proyecto antilucro sugieren, que esa evidencia zanja la discusión para tomar cualquier definición de política pública en contra del lucro? La respuesta es no. En primer lugar, porque algunos estudios (Chumacero y Paredes, 2008 y Elaqua, 2011) también sugieren que las escuelas con fines de lucro lo hacen mejor que las escuelas municipales. Consecuentemente, si el término del lucro hiciera que esas escuelas no se transformen en escuelas privadas sin fines de lucro sino que en escuelas municipales (o su equivalente), entonces la calidad de la educación promedio se deterioraría.

En segundo lugar, y más importante para la política pública, la argumentación empírica del ministro sólo se ha basado en diferencias en calidades promedio, pero la evidencia muestra también amplísima variabilidad entre escuelas del mismo tipo. Así, aunque estuviéramos convencidos de que la calidad promedio de las escuelas con fines de lucro es peor que las del tipo alternativo que las remplazará, terminarlas haría desaparecer una porción significativa de escuelas que son significativamente mejores que el promedio de las escuelas que quedan. Entonces, definir la política pública sobre diferencias de promedios de estudios, por serios que sean, parece más explicado por el entusiasmo con el que algunos académicos convencen a quienes deciden la política, que a buena política pública.

http://www.latercera.com/noticia/opinion/ideas-y-debates/2014/05/895-580424-9-lucro-y-calidad-de-la-educacion.shtml

 

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