Lo que se juega

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“La reforma tributaria propuesta provocaría trastornos comparables a los del fatídico Transantiago…”
Domingo 30 de junio de 2013      

Juan Andrés Fontaine

El país es gobernado por una Presidenta socialista. No avanzan las reformas necesarias, se frustran las buenas expectativas, se estanca la economía, se desmorona la confianza, suben el dólar y la inflación, cunde la frustración y arrecian las protestas callejeras. Es Brasil, 2013. Hay que votar hoy para que no sea también Chile, 2015.
La segura ganadora de la primaria de la llamada Nueva Mayoría ha mostrado sus cartas.

Su plan -compartido, con bemoles, por todos los candidatos del pacto- es extraer del bolsillo de las personas más de 8 mil millones de dólares anuales y transferirlos al Estado. Se pretende así expandir el gasto fiscal y tomar el control financiero de casi toda la educación escolar y universitaria, a la que se privaría del aporte de padres interesados en una mejor formación para sus hijos.

La reforma tributaria propuesta es el mayor “impuestazo” en 30 años y provocaría trastornos comparables a los del fatídico Transantiago. Acabar con el FUT -un eficiente estímulo al ahorro- es atentar contra el emprendimiento, la inversión y la creación de empleos. Toda la utilidad devengada por un negocio -cualquiera sea su tamaño- tributaría como si ella hubiese sido enteramente retirada: la reinversión de utilidades, en lugar de estar gravada con el 20% actual, pasaría a pagar hasta 35%. El paliativo contemplado -la depreciación inmediata- es de alcance parcial (se aplica sólo a la inversión en fierros y ladrillos; no así al capital intangible, más propio de los emprendimientos del siglo XXI), fomenta la concentración empresarial, porque no puede ser transferido a otros negocios con proyectos mejores, y -paradójicamente- puede hacer a las grandes empresas mineras y otras pagar menos que hoy.

La lista de damnificados del impuestazo es larga: 140.000 pymes que pierden regímenes especiales (lo ofrecido a cambio no sirve); los 100.000 agricultores y transportistas acogidos a renta presunta; las familias de clase media, a las que se les sube de 7 a 19% el IVA al comprar una vivienda de valor inferior a $100 millones (y sobre $45 millones); los 500.000 accionistas individuales e inversionistas de fondos mutuos, así como los 9 millones de afiliados a las AFP, a quienes se daña su patrimonio bursátil; los deudores, que vuelven a pagar el 0,8% de impuesto por todo nuevo crédito; los poseedores de vehículos a diésel, afectos a otro gravamen más; los industriales, que ahora pagarían el específico a los combustibles utilizados en sus calderas; los aficionados al buen beber, por la duplicación del impuesto a los alcoholes, que encarecería especialmente al pisco y al vino.

Algo así sería entendible para un país atribulado por aflicciones fiscales, como Grecia o Portugal. Pero, ¿por qué en Chile? (…)

http://www.elmercurio.com/blogs/2013/06/30/13073/Lo-que-se-juega.aspx

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