Las acusaciones que vienen

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Miércoles 24 de abril de 2013         Gonzalo Rojas

La destitución del ministro Beyer es un hito más.

Desgraciadamente, hay quienes consideran que la vida pública es solamente un conjunto de actos simbólicos que logran generar reacciones emocionales. Por eso, para quienes piensan así, lo que acaba de suceder es un gran logro, porque anuncia el comienzo de un ambiente claramente represivo. Un ambiente, eso es lo que se pretende suscitar: un ambiente de intimidación, de amedrentamiento, de exclusión.

Muchos actores educacionales se verán afectados en los próximos meses por esa ambientación. Quienes participamos en las tareas educativas somos perfectamente capaces de darnos cuenta -mucho más que otras personas- de lo que se pretende: borrar del mapa nacional a quienes sustentamos unas específicas posiciones sobre determinadas materias.

Cuando alguien diga en los próximos meses “Yo creo”, será atacado con un “Tú impones”, ante lo que el afectado alegará un tímido “A mí me parece que tengo derecho a”, para ser descalificado con un definitivo “Yo te condeno, por discriminador”.

Ése es el ambiente que se está generando en la educación chilena, y se lo concretará en acciones diversas. En algunos casos, será por la vía de las acusaciones formales; en otros, primará la simple amenaza intimidatoria; y no faltarán las funas, porque todo iluminado quiere siempre dejar a su contradictor en las tinieblas. Quien sostenga que es legítimo obtener una ganancia por un buen servicio educacional será acusado de lucrar, ese pecado capital a los ojos de todo izquierdista que aspira a un sueldo estatal.

Quien afirme que debe seguir existiendo la libertad para crear establecimientos educacionales en todos los niveles y con los más variados proyectos educativos será acusado de segmentación y de segregación.

Quien quiera exponer posturas que contradigan la mentira oficial sobre lo sucedido en 1973 será llevado a los tribunales populares de las redes antisociales y, si fuera posible, acusado ante los órganos de su propia universidad.

Quien sostenga que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, que la vida comienza con la concepción, que la muerte natural es el único límite aceptable para el término de la existencia en esta tierra será acusado de vulnerar los derechos de las minorías. Así ha procedido en las últimas horas el activista aquel que afirma que “es increíble que la Escuela de Derecho de la UC invite a inaugurar el año académico a un discriminador consumado”, por lo que descalifica al profesor Finnis por estar en “contra del aborto terapéutico y la reproducción artificial”. ¿Podía esperarse una postura distinta desde la mirada del derecho natural y del sentido cristiano? No. Por lo tanto, no era el diálogo racional lo que interesaba, sino solo la descalificación y la desmoralización.

El notable John Finnis ya dejó el país. Su doble cátedra en Oxford y Notre Dame no significa nada para los agentes del nuevo ambiente. Ellos no argumentan, no están dispuestos a discutir; simplemente acusarán, descalificarán, perseguirán.

Quienes deberán padecerlos en los próximos meses serán los rectores y demás directivos de las universidades chilenas, porque siempre serán considerados poco colaboradores con los afanes revolucionarios. Y también los profesores estaremos en la mira, porque cuesta poco amedrentar a los débiles en nuestro gremio. No faltarán los ataques a instituciones completas, simplemente porque se las quiera presentar como represivas. Bien saben los depredadores lo que hacen.

Para defenderse, habrá que recurrir a los tribunales internos, así como a la justicia civil y criminal. Y ya se verá entonces quiénes son verdaderamente acusados.

http://www.elmercurio.com/blogs/2013/04/24/11179/Las-acusaciones-que-vienen.aspx

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