La universidad gratuita: un absurdo social y económico.

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Educación superior

El impuesto a los graduados de Friedman o el crédito contingente con el ingreso de Stiglitz se alejan de la idea de gratuidad universal y comparten un principio básico: la educación superior de quienes acceden a ella no debe financiarse con rentas generales de la nación, como sucedería bajo el modelo de gratuidad universal, sino con un pago directo en el presente o asociado al beneficio que reciben los estudiantes una vez graduados.         19-9-2014

Señor Director:

Parlamentarios de la Nueva Mayoría, en una reciente carta a este diario, han sugerido que el financiamiento del costo de la educación superior se haga por medio de aportes públicos a las instituciones, que luego se recuperan con “un impuesto especial a los graduados del sistema”.

Es interesante conocer las raíces de esta propuesta de política pública. Cabe recordar que el impuesto a los graduados fue propuesto el año 1955 por Milton Friedman (“El rol del gobierno en la educación”), como un modo de superar la incapacidad del sistema estadounidense para dar financiamiento a los estudiantes sin recursos para pagar la educación terciaria. El Estado haría un aporte en el presente que el estudiante se compromete a devolver en el futuro a través del sistema tributario, deduciendo un porcentaje de su ingresos laborales por encima de un mínimo, después de graduado. De este modo, decía Friedman, “se asegura que el costo de la educación sea asumido por el estudiante que se beneficia y no por el resto de la población”. La propuesta no tuvo acogida. En 1975, Friedman se lamentaba, declarando que “uno de los mayores escándalos en los EE.UU. son los subsidios públicos a la educación superior, que impone costos a la gente de bajos ingresos para subsidiar a los ricos que sí pueden pagar su educación”.

El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, de una corriente menos liberal que Friedman, ha sido también un tenaz partidario de cerrar la brecha de acceso a la educación superior no por medio del viejo modelo de gratuidad con aportes públicos universales. Stiglitz se declara partidario de que el Estado entregue un crédito contingente al ingreso a los estudiantes sin recursos, de forma tal que “el peso de la deuda se vincula con la capacidad de pago”. El impuesto a los graduados de Friedman o el crédito contingente con el ingreso de Stiglitz se alejan de la idea de gratuidad universal y comparten un principio básico: la educación superior de quienes acceden a ella no debe financiarse con rentas generales de la nación, como sucedería bajo el modelo de gratuidad universal, sino con un pago directo en el presente o asociado al beneficio que reciben los estudiantes una vez graduados.                       Carlos Williamson B.  Clapes UC

http://www.elmercurio.com/blogs/2014/09/19/25339/Educacion-superior.aspx

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