La otra cara de la libertad

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Tribuna Sábado 8 de junio de 2013

Las manifestaciones ciudadanas del último tiempo han despertado todo tipo de temores, diagnósticos y consignas en el mundo político. Desde el fin del modelo hasta la defensa a ultranza del mismo. (…)

La libertad cuando se despliega se defiende sola.

El sustento empírico a esta hipótesis se encuentra al comprender la distancia que existe hoy entre el diagnóstico de la élite y las demandas ciudadanas reales. Distintos estudios de investigación social coinciden en precisar que mayoritariamente los chilenos se declaran felices con sus vidas y la de sus familias, y son optimistas respecto de su futuro. Esto no obsta para que simultáneamente los mismos estudios muestren una clara demanda por mayor protección frente a los abusos y mayores oportunidades e inclusión para todos. Se exige, en suma, una sociedad con mayor dignidad y libertad para todos.

¿Es acaso una contradicción? Para nada.

Chile ha avanzado sustancialmente en libertad individual gracias a las mejores oportunidades laborales y el crecimiento económico, pero nos hemos quedado atrás en la construcción de espacios de encuentro donde esa dignidad se experimente también puertas afuera. Vivimos, así, una demanda por lo público, por lo común, por lo nuestro.

La visualización de este contraste se observa con claridad en los guetos de pobreza -paradójicamente construidos por la acción de un Estado mediocre-, donde las familias viven, por necesidad, encerradas en sus espacios privados. Gozan de una reducida libertad puertas adentro, pero sufren la ausencia de ella en la plaza, en la escuela, en el consultorio. Acá está lo que, entendemos, es nuestra tarea para los próximos años: la construcción de un proyecto político fundado en la libertad social.

A diferencia de lo que cree la generación de la transición, nuestro principal desafío es profundizar en los soportes colectivos para la libertad de los ciudadanos, y el partido más importante en dicho sentido se juega en la redistribución de oportunidades para nuestros niños.

Una sociedad justa es una sociedad genuinamente libre. Y una sociedad libre es aquella que permite a todos sus hijos, independiente de su condición de origen, disponer de los medios necesarios para desplegar sus capacidades. Seamos claros, en esto estamos fracasando.

La negligencia del Estado y de nuestras políticas sociales ha permitido que nuestros niños dependan del dinero y privilegios de sus padres para cumplir sus sueños.

Si Chile no cuenta con toda su gente, no habrá precio del cobre que nos lleve a alcanzar el desarrollo, ni líder político capaz de aunar las voluntades que se requieren para ello. Para construir el Chile que soñamos debemos invertir en las capacidades del conjunto de la población, en construir un espacio público acorde con la nueva realidad que ello genera y derribar las murallas que aún impiden compartir en libertad.

                                               Felipe Kast – Evópoli       Hernán Larraín M.  –  Horizontal

http://www.elmercurio.com/blogs/2013/06/08/12428/La-otra-cara-de-la-libertad.aspx

 

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