La enfermedad de la derecha

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La incombustible fuerza electoral de Michelle Bachelet y el retorno de los antiguos fantasmas de la división han provocado en la derecha chilena un rebrote de esa enfermedad histórica que padece: el derrotismo.
por Juan Ignacio Brito, periodista

La dolencia tuvo en el último tiempo expresión en el voluntarismo que llevó a promover en el sector el voto por Andrés Velasco, ejercicio que supuestamente rendiría frutos para impedir un triunfo avasallador de la ex presidenta en el pacto Nueva Mayoría.

Fracasada esa afiebrada estrategia, ahora muchos en la derecha creen que una derrota es inevitable y que presenciamos una carrera corrida. A lo único que puede conducir esa manera de ver las cosas es a la profecía autocumplida del desastre en noviembre.

Es cierto que Bachelet obtuvo una votación espectacular que la ubica como la favorita indiscutible. Pero eso no significa que haya que abandonar antes de empezar a competir en serio por el 80% del padrón electoral que no se manifestó el domingo. Por lo demás, en términos absolutos, las primarias fueron un rotundo éxito para la derecha, que llevó a votar a más de 800 mil personas, cuando los mejores pronósticos sólo auguraban menos de la mitad. Y en términos relativos, la expectativa era que, con un millón de votos, la Nueva Mayoría triplicara las mejores esperanzas de la Alianza, cosa que no sucedió (la proporción fue 2,6:1).

(…) La posibilidad del triunfo pasa también por la diferenciación. La popularidad de Bachelet no sólo es una amenaza para la derecha por el arrastre de la ex presidenta, sino también porque puede inducir a creer que no hay que enfrentarla, sino parecerse a ella. Sería un error grave para la candidatura de Pablo Longueira caer en la fórmula que antaño propuso su hoy jefe de campaña: el “bacheletismo-aliancismo”. Este no sólo es peligroso de cara a noviembre, sino que puede causar un perjuicio de largo plazo a la derecha chilena, la cual debe confiar en sus ideas y proponerlas al público de manera atractiva y convincente, sin convertirse en un travesti poco creíble que termine diluyendo su identidad. Sólo así será una fuerza política viable ahora y en el futuro.

Si la derecha reafirma su unidad y sus convicciones, tiene posibilidades de hacer una campaña muy competitiva. Si no lo hace, se impondrán las voces derrotistas y no habrá curación posible para la peor enfermedad del sector.

http://diario.latercera.com/2013/07/04/01/contenido/opinion/11-140795-9-la-enfermedad-de-la-derecha.shtml

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