La disyuntiva lucro copago vs. subvención es de una estupidez sin límites. La subvención no es sino la forma más barata de que dispone el Estado para dar educación.

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Lucro con recursos públicos                                                      

El argumento del “no al lucro con recursos públicos” se ha transformado en un verdadero lugar común. Seductor a primera vista, pero falaz. Lo es a nivel de la infinidad de bienes que el Estado adquiere al sector privado, pero también de la educación escolar

 

Al justificar el fin al lucro en educación escolar, la Presidenta Bachelet señaló: “Fin al lucro con recursos públicos, porque el Estado pone muchos recursos no sólo en los municipales, también en los particulares subvencionados, pero lo que queremos es que la platita vaya a mejorar la calidad”.

El argumento del “no al lucro con recursos públicos” se ha transformado en un verdadero lugar común. Seductor a primera vista, pero falaz. Lo es a nivel de la infinidad de bienes que el Estado adquiere al sector privado, pero también de la educación escolar.   

La crítica subyacente es más o menos la siguiente. Si el Estado financia $ 100 por alumno, es preferible que dicho monto se invierta íntegramente en el educando a que éste sólo reciba $ 90 y que $ 10 vayan al bolsillo de un sostenedor privado. Suena bien. Casi.

El problema es que no repara en lo obvio. Que los sostenedores que buscan ganancias no participarán si es que éstas se prohíben. A menos que se crea que, como tocados por la mano de Dios o el altruismo, seguirán haciendo lo mismo sin mediar recompensa, inequívocamente habrá colegios que cerrarán.

Algunos dirán que precisamente de eso se trata. Sacar del sistema a quien lucra y así por fin invertir la totalidad de esos 100 inmaculados pesos en educación de calidad en colegios particulares sin fines de lucro y municipales. Nuevamente suena casi bien. La pregunta relevante es qué se obtendrá a cambio de esos $ 100.

Varios estudios para Chile señalan que una vez que se controla por nivel socioeconómico, no existen diferencias significativas en la calidad promedio (Simce) entre colegios particulares, con y sin lucro, y municipales.  En promedio, los colegios con lucro no son ni mejores ni peores que el resto. Así, creer que los $ 100 “rendirán” más prohibiendo el satanizado lucro es simplemente incorrecto. Y con un detalle adicional: que el gasto por alumno en un colegio municipal es mayor que en uno particular subvencionado.

Si los colegios son en promedio iguales en calidad, ¿significa entonces que no hay costo social de prohibir los colegios que lucran? En ningún caso. Por de pronto, hay un argumento de preferencias reveladas. Teniendo la opción de matricular a sus hijos en colegios con lucro, sin lucro, o municipales, una fracción no menor de padres escogió los primeros.

Más importante, lo que es válido para el promedio no necesariamente lo es para las partes. Sucede que la calidad promedio esconde una enorme dispersión de resultados tanto a nivel municipal como particular, con y sin lucro. Hay muchos colegios buenos, mediocres y malos a todo nivel de dependencia. Así, nada garantiza que, de cerrar un colegio con lucro y de buena calidad, sus alumnos serán absorbidos por otro colegio de buena calidad. Análogamente, no se puede dar por sentado que el cierre de colegios mediocres o malos con lucro vaya a resultar en la reubicación de sus alumnos en mejores colegios. Esta incertidumbre representa un costo social que no se puede obviar.

Si la preocupación declarada del gobierno era la calidad, en lugar de prohibir el lucro hubiera sido deseable exigir a los colegios que lucran un cierto estándar de calidad, cerrando a los que no lo cumplen. Estándar que naturalmente debe hacerse extensible, sin excepciones, a los municipales y sin fines de lucro.

http://comobotellaenelagua.wordpress.com/2012/04/24/para-los-ateos/

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