La derecha que flota

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Esta semana se aprobó un proyecto de ley que, entre otras cosas, otorga total libertad a las personas mayores de 14 años para poder cambiar su sexo registral. Y pese a que su aprobación era previsible, no lo era el importante número de legisladores oficialistas que concurrirían con su voto a favor. Concluido el proceso legislativo, no se hicieron esperar los reproches de los sectores más conservadores, quienes reclamaban de la autoridad, específicamente a su gobierno, por la inconsistencia con lo dicho y prometido en la campaña. Y también hubo otros, algo más sofisticados, que nuevamente deslizaron el temor por cómo se estaba desdibujando, o derechamente vaciando, el proyecto político que debería representar la derecha.

Más allá de la sinceridad detrás de éste y otros giros, es decir, de si responden a un genuino cambio de convicción o son solo el resultado del sentido práctico de un gobierno cuya principal guía son las encuestas, lo cierto es que la consecuencia es más o menos la misma: un comportamiento, general o particular, que no se ajusta a las expectativas generadas.

De hecho, en el ámbito de los mal llamados temas valóricos, es algo extraño que este gobierno de derecha haya allanado el camino para la adopción homoparental, que hubiera tempranamente desistido de sus intentos por limitar el aborto en tres causales, o que recientemente se la haya jugado por la aprobación del proyecto de ley de identidad de género.

Pero si llevamos el debate a las problemáticas económico-sociales, también se reiteran los desajustes sobre el comportamiento esperado. En efecto, y si recordamos todo lo que se dijo previamente, es raro que esta administración haya mantenido los umbrales de gratuidad en educación establecidos por el gobierno anterior; que haya renunciado tempranamente a rebajar el impuesto de primera categoría; que insinué que nada de la cotización adicional podrá ser administrada por las actuales AFP; o se haya desistido de modificar la legislación laboral, al punto de pedirle a una empresa que postergara por dos años su cierre, sin ofrecer ninguna solución de fondo.

Y por supuesto que en nada este listado puede ser interpretado como un motivo de reproche; menos para mí, que no soy de derecha y ciertamente tampoco voté por este gobierno. Pero tratándose de quienes sí lo hicieron, siendo o no de derecha, pudiera estar ocurriendo que, a estas alturas, se imaginaban algo bien distinto a como efectivamente se están tomando las decisiones, sucediendo los hechos y resultando las cosas. Y solo quizás, entonces, la caída en las expectativas económicas o que por primera vez el rechazo al gobierno supere la aprobación, tengan justamente que ver con esto.

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