La crisis no es principalmente de las instituciones, ella es del gobierno socialista

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La Presidenta o el país    Blog de Juan Ignacio Brito, periodista

¿Qué está esperando la Presidenta Bachelet? Desde todas partes le piden que haga algo para llenar el vacío que genera su falta de respuesta a la crisis Penta-Caval-SQM. Ella, sin embargo, prefiere ignorar el asunto: niega que el gobierno esté paralizado y se pregunta -como hizo ayer- si ha sido un error quedarse callada.

Pero, cada vez más, su voz suena como la banda del Titanic.

La procesión, es de imaginar, va por dentro. Si para cualquier político perder el apoyo de la gente constituye un drama, para Michelle Bachelet debe serlo doblemente, porque su mérito siempre fue contar con una popularidad incombustible. Sin embargo, el teflón que hasta hace poco la protegió ahora no sirve. Estamos conociendo la peor faceta de la Mandataria, cuyo desplome arrastra a un gobierno construido en torno a su popularidad. Despojada ella del respaldo de la opinión pública, el cascarón ha caído: no hay aplomo, claridad ni capacidad para decidir. El error fue creer que popularidad y liderazgo eran lo mismo. No lo son, y la Presidenta es la prueba viva de ello.

A medida que se profundiza la crisis, la Jefa de Estado ve reducido su espacio de maniobra, porque su credibilidad está a la baja. Hoy parecen quedarle tres opciones: perseverar en la inacción, hacer un cambio cosmético o designar un nuevo gabinete echando mano de políticos experimentados que ayuden a recuperar el control. Cualquiera de las dos primeras supondría ahondar los problemas; inclinarse por la última podría rescatar su gobierno y ayudar al país a salir de la situación actual, pero también significaría una dolorosa renuncia personal y política.

Con su falta de respuesta, Bachelet se ha puesto en una posición similar a la que ya vivió en su primera administración, cuando estuvo obligada a variar el libreto original y recurrir a los líderes concertacionistas para rescatar un gobierno a la deriva.

Hoy la situación es más compleja: el país enfrenta la amenaza del descalabro, el oficialismo está dividido y el escándalo golpea la puerta de la familia de la Presidenta y de su campaña electoral. La salida, sin embargo, es parecida a la de hace ocho años. Requiere olvidar la utopía fundante de su administración y ceder ante una casta de antiguos líderes a los que no estima, porque se siente menospreciada por ellos y porque entregarles la conducción la convertiría en outsider dentro de su propio gobierno.

Con Bachelet, la disyuntiva ha sido siempre la misma: ¿ella o el país? Ayer dijo que le interesa Chile, no la popularidad. Pero lo cierto es que en su primer mandato optó por ella: fracasada su apuesta inicial, prefirió robustecer su popularidad personal, aunque su prescindencia diera pie a vacíos de poder, disputas en el gabinete, el quiebre de la Concertación e, incluso, la derrota en 2010. A su retorno desde Nueva York, usó su popularidad para imponerse: hizo la campaña a su manera, designó incondicionales en La Moneda y exigió apego absoluto al programa.

Ahora, sin embargo, la única solución sensata consiste en recurrir a la experiencia y sacrificar al menos parte de su proyecto. Esta vez, la Presidenta debe optar por el país.

Fte: http://voces.latercera.com/2015/04/09/juan-ignacio-brito/la-presidenta-o-el-pais/

 

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