Elecciones 2013: ¿quiebre o continuidad?

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Viernes 7 de junio de 2013
Jorge Quiroz

A ratos, las elecciones 2013 parecieran anunciar un quiebre respecto de lo que ha sido el devenir económico de los últimos 23 años. Desde las distintas precandidaturas de la Concertación, se habla de reformas tributarias de envergadura -se pelean por quién ofrece recaudar más puntos del PIB- y la incorporación del Partido Comunista al conglomerado viene acompañada, entre otras, de propuestas de negociación laboral por ramas de la economía, toda una reliquia de los 60. Agreguemos a eso una “AFP estatal” que no sólo está dentro de la oferta del PC, sino también es parte del paquete que ofrece el pre-candidato demócrata cristiano. El sistema educacional privado aparece también en entredicho, incluyendo paradójicamente su segmento de básica y media donde el desempeño es de hecho mejor que el municipal. Se escucha incluso, por aquí y por allá, algo de “política industrial”, si bien sus adherentes se apuran en aclarar que se trataría de una “nueva” política industrial, no la “vieja” de los 50 y 60, a pesar de que no queda del todo claro dónde exactamente radicaría la novedad. Todo lo anterior se corona con llamados variopintos a una reforma constitucional; los más avezados hablan de “asamblea constituyente” y el que menos sugiere que ella debe emerger del propio Poder Legislativo.

En una suerte de comedia de equívocos, el bloque político que aparece como el más defensor de cómo se han hecho las cosas en los últimos 20 años en Chile no es la Concertación, sino la derecha: desde allí se defiende el marco económico actual, la carga tributaria existente y el sistema previsional, si bien, se proponen también ajustes, pero todo ello en el espíritu de lo que han sido los cambios experimentados por la economía chilena en las últimas dos décadas: gradualidad antes que disrupción.
Que esto es comedia de equívocos, no cabe duda. Basta recordar que en la elección Lagos-Lavín, quién proponía “cambios”, al punto de autodenominarse el “candidato del cambio” era Lavín y no Lagos. Pero los cambios en la derecha casi invariablemente se concentran en cambios en la gestión pública, mientras que los cambios que escuchamos hoy desde la izquierda hablan más bien de cambios de estructura. En breve, la derecha está hoy defendiendo los pilares del edificio que construyó la Concertación, mientras esta última parece hacer todo lo posible por botarlos.

Así las cosas, uno estaría tentado de concluir que nos enfrentamos a una cierta disrupción en estas elecciones presidenciales. Como dijo alguien por ahí, nunca antes había estado tanto en juego en una elección. ¿Pero es tan así? Difícil decirlo. En este punto, conviene recordar que existen elementos en nuestra cultura política y económica que actúan como seguros contra la disrupción.

Partamos por el ministro de Hacienda. ¿Alguien tiene dudas de que será un economista serio y de prestigio, independientemente de quién sea el presidente? Y si es un economista serio y de prestigio, ¿alguien cree que las emprenderá con una reforma tributaria de tres puntos del PIB o más en un contexto internacional cada vez más incierto y volátil? ¿O alguien duda, que el futuro ministro de Energía, independientemente de quién sea gobierno, no moverá cielo, mar y tierra para superar nuestra crisis energética? ¿O alguien piensa que un futuro ministro del Trabajo aceptará volver livianamente al sistema de “negociación laboral por ramas”? ¿O alguien piensa que la clase media chilena aceptará que sus ahorros previsionales pasen a formar parte de un sistema de reparto? ¿O alguien cree que en nombre de una “nueva” política industrial la Corfo multiplicará por tres su presupuesto? Como se ve, mientras los Patricios declaman las maravillas de dudosas reformas, más sabiduría parece haber escondida en las mullidas y pesadas alfombras del Palacio de la Moneda. Porque después de todo, una cosa son las elecciones y “otra es con guitarra”.

http://www.df.cl/elecciones-2013-quiebre-o-continuidad/prontus_df/2013-06-06/212315.html

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