El problema está en el programa

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La gradualidad no es el problema                                                     19/7/2015

No basta con dejar a un próximo gobierno la responsabilidad de reformas que avanzan en sentido erróneo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), el mismo que en meses recientes alababa las reformas impulsadas por el gobierno, insiste ahora en su alerta por el impacto de la incertidumbre de esta “amplia agenda” en el crecimiento. El argumento económico, de paso, ha servido al ministro de Hacienda para promover la moderación en las expectativas de cambio, generando la molestia de los sectores más radicales del oficialismo.

Lamentablemente, tanto el esfuerzo del responsable de las finanzas públicas como los análisis del FMI resultan insuficientes frente a la contundente evidencia de que son las propias reformas, y no su velocidad de implementación, las que afectan al crecimiento. Por lo mismo, preocupa que bajo la consigna de “realismo sin renuncia” el gobierno termine por instalar la idea de que la adecuación de la agenda de reformas no guarda relación con su contenido, sino con los plazos de implementación.

En lo inmediato, ello significaría dejar la responsabilidad de las reformas, tanto de su puesta en marcha como de sus consecuencias, a las futuras administraciones, independiente de su color político. Así lo planteó, al menos, la propia Presidenta de la República en su cuenta anual del pasado 21 de mayo: “en este gobierno iniciaremos los cambios y sabemos que los desafíos que enfrentamos exceden la tarea de un solo gobierno”.

Efectivamente, el objetivo de alcanzar el desarrollo no se puede limitar a un período presidencial, pero tampoco puede servir de excusa para dejar a las siguientes administraciones agendas que reflejan una muy determinada concepción ideológica y que implican reformas que anulan buena parte de los logros alcanzados por el país.

La autoridad, en este sentido, debe ser clara respecto a las renuncias que supone esta nueva fase de gobierno, sin pretender esquivar los debates internos de su coalición mediante la fórmula de postergar aquellas reformas para las cuales carece de capacidad de ejecución, ya sea por desavenencias internas, escasez de recursos o debilidades administrativas. Al respecto, cabe recordar que la Mandataria enumeró entre las dificultades de su gobierno el “déficit de gestión en la marcha de las reformas” y no parece justo dejar esa problemática a una próxima administración.

Un buen ejemplo de este déficit de gestión, sumado a un compromiso de campaña que superaba las capacidades del propio sistema, lo constituye el ahora retrasado programa de inauguración y construcción de hospitales. En este caso, además, se optó por prescindir del sistema de concesiones a privados, lo que nuevamente dejó en evidencia que, más allá del objetivo de aumentar la cobertura del sistema de salud, estamos frente a un programa donde las motivaciones ideológicas superan a las decisiones más eficientes y prácticas.

La gradualidad, en definitiva, no sirve de receta para enfrentar las dificultades cuando lo que no cambia es la orientación de las reformas y no pueden ser los próximos gobiernos los que deban hacerse cargo de un programa que, como dijo un representante del oficialismo, “todos sabíamos que no se iba a poder”.

http://www.latercera.com/noticia/opinion/editorial/2015/07/894-639266-9-la-gradualidad-no-es-el-problema.shtml

 

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