Candidatura de Longueira y unidad de la derecha

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Editorial   Martes 30 de abril de 2013

 

(…) Al problema coyuntural que afectó a Laurence Golborne, se sumó ese ánimo cupular de pendencia y ello determinó una extendida decepción en todo el sector. El rigor de la política dejó fuera de la precampaña a una figura que con justicia se transformó en nacional por su labor en la hazaña del rescate de los 33 mineros, en 2010, y que despierta espontánea empatía en vastos sectores. Parece improbable que semejante causa hubiera tenido igual consecuencia en la coalición de izquierda, que ha probado una y otra vez su cultura de unidad y su capacidad de superar, en aras del poder, diferencias incomparablemente más profundas que las bastante livianas que distancian a RN y la UDI. Algunas cúpulas de derecha, sin embargo, cuando vienen tensiones inevitables, las exacerban con desdenes y necedades, de las cuales estuvieron plagadas las últimas horas.

La derecha chilena tiene un arraigo hondo y extendido en la ciudadanía, pero sus partidarios distan de ser una clientela cautiva. Para competir con sus reales adversarios, ha de hacer ver que la precandidata Bachelet de hoy es diferente de la que gobernó entre 2006 y 2010, con un programa sustancialmente más de izquierda tradicional, hasta donde se sabe, con muchas similitudes con ideas de los años 60 y 70, con el apoyo del PC y los precios que ha de pagar por él -entre otros, una nueva Constitución de génesis y contenido no definidos, multiplicados estatismo y carga tributaria, alteración de los sistemas laboral y previsional, educación estatal controlada por el Gobierno, en la que no se advierte qué espacio tenga la libertad de enseñanza. Bastan estos elementos, que no son los únicos, para concluir que la elección de noviembre próximo es de capital importancia, pues puede desviar a Chile por derroteros muy otros que aquellos que han permitido su progreso en los últimos 30 años de gobiernos de la Concertación y de la Alianza.

Tras las naturales tensiones de una elección, una candidatura unitaria desde julio, como la desea el electorado, tiene todo el potencial para ser competitiva, en una campaña que será difícil para ambas coaliciones, como la propia izquierda lo reconoce explícitamente. Esta unidad exige de los dirigentes de la Alianza no sólo generosidad, sino también pragmatismo y una visión lúcida de un nuevo electorado, mucho más demandante, de voto voluntario, al que hay que impregnar de sentido y mística para llevarlo a las urnas. Llamó favorablemente la atención, por tanto, el proyecto común destacado igualmente por Longueira y Allamand, y el respeto recíproco que se profesan, junto con la promesa firme de trabajar por cualquiera que sea elegido en junio.

La UDI recobra lo más propio de su ser con Pablo Longueira, uno de sus líderes naturales más apreciados, conductor por toda una vida y uno de los políticos más influyentes, desde la oposición durante los gobiernos de la Concertación. Político claro y fogueado, siempre ha subrayado que su concepción de la derecha es hondamente popular, compenetrada y partícipe de los sectores más vulnerables. En buena parte, él hizo posible la solución de la mayor crisis del gobierno de Lagos, y en otra ocasión facilitó democráticamente la inscripción del Partido Demócrata Cristiano, dando pruebas de un sentido político de bien común y de respeto efectivo al adversario con el cual hay que trabajar.

http://www.elmercurio.com/blogs/2013/04/30/11343/Candidatura-de-Longueira-y-unidad-de-la-derecha.aspx

 

 

 

 

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