Acusación aprobada, una amarga paradoja

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El Mercurio Editorial 5-IV-2013
La ciudadanía advertirá la inconsecuencia de esa actitud, así como la de tantos diputados ahora acusadores, que no mostraron igual celo durante los gobiernos anteriores, pero ahora lo centran en uno de los ministros más preparados en su campo…

La ciudadanía advertirá la inconsecuencia de esa actitud, así como la de tantos diputados ahora acusadores, que no mostraron igual celo durante los gobiernos anteriores, pero ahora lo centran en uno de los ministros más preparados en su campo…

La acusación constitucional es un instrumento que debería usarse con extrema seriedad y responsabilidad. Ella no implica sólo una suerte de testimonio político, sino que asimismo apunta a la médula del funcionamiento del sistema institucional, y de allí las graves causales y severas sanciones que la Carta contempla -de las más duras que puede imponer una democracia. De allí que sea una muy mala señal el que una acusación como la que afecta al ministro de Educación, Harald Beyer, surja cuando no se observan concordancia ni convicción moral en cuanto a su procedencia entre los propios sectores que la propician. (…)

Lamentablemente, a la vista de lo ocurrido en la Cámara, no cabe hoy esa certeza, aunque no quepa abandonar del todo la esperanza de que entre los senadores prevalezca la evidencia de cuán injusto sería castigar una supuesta irresponsabilidad personal de Beyer, cuya gestión en materia de fiscalizar irregularidades, como todo el país lo sabe, no tiene precedentes.

(…) Pero, a ojos de la evaluación interna e internacional, este caso es un pésimo antecedente de crispación de la vida política chilena, en momentos en que similar tensión se observa en una parte del mundo sindical, también por razones ideológicas, políticas y electorales. Tales crispaciones, cuando no responden a realidades de hecho, sino a maniobras de cálculo político, son una señal de alerta para el crédito público de la democracia, y a la postre van a favorecer a quienes no creen en ella y propugnan otras fórmulas populistas, como las que abundan en nuestro continente, para desgracia de los países que las sufren.

NOTA ORIGINAL EL MERCURIO

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