Violencia en escuelas: ¿cuál es la solución al problema?

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Estimado radioyente:

Ud. habrá visto que fue sólo recomenzar las clases presenciales para que rebrotara la violencia estudiantil.

Esta semana pasada el rector del Instituto Nacional Barros Arana, fue agredido tras oponerse a quienes incendiaban una micro del Transantiago. Este hecho se suma a los episodios de violencia escolar a lo largo del país.

En efecto, tanto el Instituto Barros Arana, cuanto el Liceo de Aplicación y el infaltable Instituto Nacional son los establecimientos educacionales que concentran los mayores actos de violencia a dos meses de la vuelta presencial a clases.

El repertorio de la violencia es amplio e incluye todo tipo de fechorías. Entre ellas están las llamadas “salidas incendiarias”, golpizas entre estudiantes fuera de los colegios y protestas que cortan por completo el tránsito.

¿En qué consisten estas “salidas incendiarias”?

De acuerdo a información de prensa:

“La acción consiste en que un grupo de secundarios con sus rostros cubiertos y, a veces, ocupando overoles blancos, salen por el portón de acceso del colegio -ubicado en Santo Domingo-, se toman la calle y portando bombas molotov corren hasta el vecino recinto militar de la División de Ingenieros del Ejército para lanzar los artefactos con intención de quemar las dependencias.

 

“En los partes policiales desde el 2 de marzo -día en que se retornó a clases presenciales tras la baja de casos de Covid 19- se han registrado en ese emblemático colegio capitalino ocho episodios de este tipo, siendo el más grave el ocurrido el martes 19 de abril. Ese día resultó herido el rector de ese establecimiento, Gonzalo Saavedra, cuando intentaba oponerse a la acción de los vándalos que incendiaron una micro del Transantiago en el frontis del INBA.

 

“Pero lo que está ocurriendo en este liceo laico y municipal, ubicado frente al Parque Quinta Normal de Santiago, no es un caso aislado. En estos dos meses son varios los recintos que han capturado la atención y preocupación no sólo de las autoridades del Ministerio de Educación, sino que también de fiscales y policías. Esto último debido a que se ha visto una escalada de hechos de violencia cuyos protagonistas son grupos organizados de secundarios que, además, estarían siendo apoyados por adultos. De eso dan cuenta testimonios que se han incorporado a los expedientes judiciales y también imágenes levantadas de cámaras de seguridad en el marco de estos hechos.

“Desde Carabineros comentan que ha sido difícil buscar una estrategia para enfrentar estas “salidas incendiarias”, debido a que los estudiantes cuentan con apoyo de personas externas al colegio. Además, apuntan fuentes policiales, ese lugar -donde el 4 de abril se quemó otro bus-.

 

“Miembros de esta comunidad escolar, que pidieron reserva de identidad para neutralizar represalias, sostienen que lo que está ocurriendo al interior del INBA es un ‘descontrol total’. ‘Ya ni ellos saben por qué se protesta’, explican. Entre los petitorios que han socializado los alumnos, detallan, hay causas desde la libertad a los presos del estallido, como también la mejora de la alimentación de quienes están internados, acusan falta de profesores y seguridad y malas condiciones de infraestructura e higiene. Los grupos que se han adjudicado las ‘salidas incendiarias’, según los rayados en las paredes del recinto, es uno que se autodenomina ‘Colectivo rebelde’ y que firma con un símbolo de ‘anarcovegano’”.

Delante de estos hechos delictivos las opiniones para encontrar una solución se dividen.

La experta en educación de la Universidad San Sebastián ve la solución en la necesidad de poner límites a los menores: “Carmen Birke, directora del Diplomado en Gestión de la Convivencia Escolar, sostiene que “los más críticos en este problema son los alumnos de entre 10 y 13 años, entre quinto y octavo básico. Ellos se dan cuenta de que pueden manipular a su antojo los objetos tecnológicos, y si no se les cuestiona ni se les pone límites, y las consecuencias que producen sus actos pueden ser graves”.

Sin embargo, la experta no hace mención a quién le corresponde poner esos “límites”.

Llama la atención que pocos expertos dan en el blanco del problema: la formación de las virtudes morales en la familia.

Es lo que hace ver Bernardo Sosa Iñigo es Licenciado en filosofía por la Universidad Panamericana de la ciudad de Méjico. El licenciado mejicano sostiene con razón que: “Aunque en las escuelas y las universidades podamos estudiar lo que la virtud significa, es en la familia donde tenemos nuestro primer contacto vivencial con ella. Nuestros padres son nuestros primeros y verdaderos maestros que nos enseñan a vivir las virtudes de una forma cotidiana y cercana.

“Hoy más que nunca se requiere de la familia para la formación de personas que transformen el rumbo confuso por el que nos encontramos navegando.

Y agrega: “La paciencia, la fortaleza y la templanza, por escribir tres ejemplos, son virtudes que se forjan en el calor del hogar.  El hermano mayor que tiene que esperar a que la madre termine de alimentar o de vestir a los pequeños, antes de alimentarse él, va forjando la virtud de la paciencia porque, de hecho, no le queda de otra. Y es esto último lo más importante. Cuando uno comienza a entender y a experimentar, a muy temprana edad, que hay ocasiones en las que la única actitud que uno puede asumir es esperar pacientemente, está forjando un tesoro para su futuro. La realidad que nos rodea, desde el tráfico automovilístico hasta una larga fila en el banco, exige cada vez más de esta virtud, so pena de que el estrés y la desesperación acaben poco a poco con nuestra vida”.

Su opinión se encuentra abalada por lo que afirma el Catecismo de la Iglesia respecto al rol de los padres: “Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones. Este derecho es fundamental. En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos. Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio”.

Por todo lo anterior, resulta un contrasentido que esta semana la Convención Constituyente haya rechazado la moción que buscaba consagrar el derecho prioritario de los padres de familia como primeros responsables de la educación de sus hijos.

Lo anterior equivale a pasar la educación de los menores de edad al Estado. O sea, es multiplicar los pésimos resultados del SENAME a todos los colegios y a todos los menores de edad de Chile.

Es necesario aprender la lección. De lo contrario, la violencia tomará cuenta de toda la vida nacional.

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