¿Somos todos iguales? La muerte de un Príncipe

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La muerte de un Príncipe

Estimado radioyente:

El fallecimiento y la ceremonia de entierro del Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, nos dan oportunidad de hacer algunos comentarios que nos parecen a propósito.

Ud. debe coincidir conmigo que una de las cosas más repetidas, en cualquier ocasión y lugar, es que somos todos iguales y que cualquier desigualdad es discriminatoria e irritante para quienes son inferiores.

La muerte del Príncipe Felipe Duque de Edimburgo, viene a poner un gran desmentido a estos eslóganes.

¿Cuántas personas no murieron en estas semanas en el mundo? Ciertamente decenas de miles, sin embargo, la semana en que murió UN príncipe, esposo de una Reina, junto a la cual vivió por 73 años, marcó al mundo entero.

Su desaparición dejó en el mundo un gran vacío. Ese vacío muestra que él llenaba -sin parecerlo- un enorme lugar en el panorama mundial.

Con relación a que las desigualdades producen irritación en los inferiores, basta ver las declaraciones del Primer Ministro de Inglaterra, para ver cuánto sus súbditos británicos lo estimaban.

En efecto, el primer ministro británico, Boris Johnson, fue de los primeros en reaccionar ante la muerte del duque de Edimburgo, esposo de reina Isabel II. “Damos gracias como nación a la vida y el trabajo extraordinarios del príncipe Felipe”. “Se ganó el afecto de generaciones” en su país y en toda la mancomunidad británica, formada por decenas de países, tras servir durante casi siete décadas como el consorte real más longevo del Reino Unido”, añadió a las puertas del número 10 de Downing Street.

En esta “acción de gracias” de la máxima autoridad política de Inglaterra está comprendida una gran verdad. Es que quienes tienen la misión de destacarse de los otros, al mismo tiempo tienen una mayor responsabilidad que cumplir delante de la sociedad.

El problema no es saber si somos o no iguales, cosa que no pasa de ser un absurdo. El problema es saber si aquellos que se destacan, a cualquier título, saben cumplir con su rol de ser parte de la élite de la sociedad y de la causa de su destaque.

Comparemos la saciedad que producen los políticos en el mundo entero. Ellos tienen una fama efímera. Ocupan titulares, aparecen en las fotografías y son entrevistados por la TV; sin embargo, a poco andar, ya todos percibieron el vacío que en general denotan, o en el interés propio que esconden o, peor aún, en la corrupción que no consiguen ocultar.

Imagínese una persona que durante 73 años ocupó el segundo puesto en la familia real inglesa; que vivió hasta los 99 años y que seguía siendo noticia, a pesar de estar retirado de la vida oficial. Esta persona cuando fallece, es llorada por viejos y jóvenes que reconocen en él lo que declaró el Primer Ministro: “Se ganó el afecto de generaciones.”

Otro aspecto que conviene resaltar en este breve comentario es su papel de esposo y padre de familia.

La sociedad de hoy, en que todo es transitorio, que nada se mantiene, que parece durar mucho un matrimonio que lleva 5 años juntos, contempla con admiración a un hombre que estuvo al lado de su esposa reina, por 73 años. Y que, además, tuvo el mérito de aceptar estar siempre “dos pasos atrás” de su esposa, la Reina.

Nadie puede tener más autoridad para juzgar el papel del Princípe Felipe que su propia esposa, la Reina Isabel.

¿Qué dijo ella, que siempre ha sido muy medida en todas sus palabras? (poner de fonfo God sabe de Queen)

Durante su discurso de las bodas de plata en 1972:

“Si me preguntan qué pienso sobre la vida familiar después de 25 años de matrimonio, puedo responder con la misma sencillez y convicción que sigo dispuesta”.

En sus bodas de oro en 1997:

“Él es alguien que no acepta fácilmente los cumplidos, pero ha sido, sencillamente, mi fuerza y mi apoyo todos estos años, y yo, y toda su familia, y este y muchos otros países, tenemos una deuda con él mayor de la que nunca podría reclamar o de la que nunca sabremos”.

Durante su discurso del Jubileo de Oro en 2002:

“Aprovecho esta oportunidad para mencionar la fuerza que extraigo de mi propia familia. El duque de Edimburgo ha contribuido de forma inestimable a mi vida durante estos últimos 50 años”

Durante su discurso en el Jubileo de Diamante ante el Parlamento en 2012:

“Durante estos años como su reina, el apoyo de mi familia, a través de las generaciones, ha sobrepasado toda medida. El príncipe Felipe es, creo, bien conocido por rechazar cualquier tipo de halago. Pero en todo momento ha sido mi fuerza y guía constante”.

Palabras despretenciosas pero muy verdaderas que no sólo enaltecen al Príncipe sino también a la institución de la familia que ellos formaron.

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No pretendemos hacer en este comentario un panegírico del Príncipe Felipe, ni decir que estuvo exento de errores, ni menos que haya tenido una vida enteramente ejemplar.

Sólo queremos destacar estos dos aspectos que su desaparición dejan en evidencia: Hay hombres que por su nacimiento y su posición social están llamados a jugar un gran papel en la sociedad.

Una clase que por excelencia tiene este rol, es precisamente la nobleza europea. Para ella el Papa Pío XII dedicó varias audiencias destacando su papel en la sociedad.

En uno de sus discursos el Papa explicó el significado del papel del noble para la Iglesia católica:

 

““En el Patriciado y en la Nobleza romana Nos siempre vemos y amamos a un grupo de hijos e hijas que se ufanan de su tradicional vínculo de fidelidad con la Iglesia y el Romano Pontífice, cuyo amor hacia el Vicario de Cristo brota de la profunda raíz de la Fe, sin disminuir ni por el transcurso de los años, ni por las variadas vicisitudes de los tiempos y de los hombres.”

Estas palabras dejan ver, sin ningún género de duda, que las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana obedecían a altos designios, claramente definidos en la mente y en el corazón del Pontífice. Dejan ver también la importancia y durabilidad de los frutos que de ellas esperaba.

El fallecimiento del Príncipe Felipe nos da oportunidad de comentar este aspecto fundamental de la concepción católica de la sociedad.

En ella no puede haber lucha de clases, ni rivalidades, ni envidias; sino la concordia fruto de la caridad. Y la prueba de que los hombres, aún de hoy, saben admirar las superioridades es que al entierro “privado” del Príncipe Felipe asistieron sólo 30 personas,  pero la ceremonia fue vista por centenas de millones en el mundo entero.

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Cada uno en su posición, sea ella la más humilde o la más alta, tiene una gran responsabilidad que cumplir. Pero siempre serán más responsables aquellos que fueron colocados en el candelero de la sociedad.

Por último, la institución de la familia, de acuerdo a las palabras de la propia Reina, ha sido el sustentáculo de su propia misión.

Grandes verdades que no se perciben todos los días.

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