Salud mental y cuentos infantiles

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Estimado radioyente: 

Hace exactamente 200 años atrás nacía en Inglaterra Jonh Teinel, quien llegaría a tener una fama universal y que se perpetuaría por muchos años después de su muerte.

¿Quién fue este señor?

Fue el gran ilustrador de las historias para niños “Alicia en el País de las maravillas”

No sé si Ud., estimado auditor, llegó a oír o a leer esas historias; ellas lamentablemente han sido sustituidas por otras que en vez de contar “maravillas” cuentan “horrores”. 

¿Qué es lo que entretenía tanto a los niños del siglo XIX y XX en las historias de Alicia? Era el modo en que el autor pintaba las virtudes y los defectos, retratados en los animales con los cuales se encontraba Alicia.

EL conejo, el rey de las cartas, la tortuga, el cerdo y otros muchos que con apariencias de hombres conversaban con Alicia, le iban dando elementos al niño para entender qué era bueno y qué malo. Así, el o la joven lectora, podían ir formando su conciencia de modo entretenido. 

En un principio los cuentos de Alicia en el País de las Maravillas, no poseían ilustraciones. Para nuestros mayores no les eran indispensable las imágenes para poder leer un cuento.  

Sin embargo, como los niños son siempre niños, el autor de los cuentos, Charles Lutwidge Dodgson, bajo el seudónimo de Lewis Carroll, le pidió al joven dibujante, John Teineil que le pusiera imágenes a las historias. 

De este modo, las historias cobraron una vida que encantará a muchas generaciones pues Tainiel supo entrar tanto en la psicología de los niños cuanto en la de los animales que creaba. Ud. puede verlas en google y quizá le interese analizarlas. 

En ellas encontrará siempre algo que eleve el pensamiento de modo infantil. Es la posición de los cuerpos, las ropas con que viste a los animales, las expresiones de unos y otros y un sinfín de detalles que hacen formativa y entretenida su lectura y su observación. 

Sin embargo, con el pasar de las generaciones, Alicia fue quedando guardada en el baúl de los recuerdos olvidados para la mayor parte de los niños. No tanto para los adultos, pues en 1998 salió a remate un ejemplar de la primera edición de la obra y fue comprado por nada menos que 1,5 millones de dólares, convirtiéndose así en el libro para niños más caro hasta ese momento.

A medida que salía de la atención de los menores las historias de Alicia en el País de las Maravillas, entraba la de otros personajes, en países de horrores. 

A propósito de esta decadencia de los cuentos infantiles, ya en 1954 -hace 66 años atrás- escribía el líder católico Plinio Corrêa de Oliveira en la revista “Catolicismo” del Brasil: 

“Lo Maravilloso, lo real y el horrendo en la literatura infantil.

“Los niños tienen sus primeros contactos con la vida a través de las histo­rias. Por medio de ellas, la inteligencia in ‘0921fantil transpone los límites del ambiente doméstico y aprende las nociones inicia­les sobre la sociedad humana, con las innumerables diferenciaciones que com­porta, las atracciones que ofrece, los deberes que impone, las decepciones que trae, y el juego complicado de las pasiones en los altos y bajos de esta gran lucha que es la existencia. “La vida del hombre sobre la tierra es una batalla”, dice la Sagrada Escritura (Job 7,1). Las primeras nociones sobre esta batalla, las impresiones más hondas que el hombre recibe relativas a los aspectos esenciales de la vida y de su posición ante ella, las recibe en sus primeros años de existencia.

“De ahí la importancia capital, para una civilización católica, el hecho de propor­cionar a los niños una literatura pro­funda y sanamente religiosa. No nos referimos únicamente al Catecismo y a la Historia Sagrada, que por supuesto debe ser el centro de todo, sino a otras que serían como el comentario o la apli­cación de lo que la Religión enseña.

“Esto que en términos de buena doctrina es lo normal, ¡cómo difiere del caudal de la literatura infantil moderna!

“En este caudal completamente laico —y ya por eso lamentable— hay aún distinciones a hacer. Pues hace mucho que el laicismo no es el único mal de la literatura infantil de nuestros días.

“Cuando hablamos de la literatura infantil, incluimos evidentemente en esta calificación genérica las ilustraciones que ella comprende legítimamente, y de la cual se hace un uso muchas veces exagerado.

“Deseando tratar hoy de la literatura infantil en esta sección, que no es de crítica literaria, lo hacemos analizando algunas de esas ilustraciones. 

“Veamos, por ejemplo, a la Cenicienta que va con su Príncipe hacia el castillo encantado. Es el maravilloso en la literatura infantil.

“Habría algunas restricciones a hacer. En principio, lo que se ofrece a los niños debe tender a que ellos vayan madurando, bajo pena de no ser enteramente sano. Ahora bien, en esta composición hay ciertas simplicidades, deliciosas para los ojos de adultos como interpretación delicada de la fantasía infantil, pero no ayudan esa maduración. Alguna cosa en el cochero, en el lacayo, en la estructura del cerro y en los edificios da la idea de cosas hechas non solamente para niños, pero por niños. Y eso se nota, sin embargo menos claramente, en los otros elementos de la escena.

“Pero, hecha esta observación, ¿cómo no elogiar el gusto, la delicadeza, la variedad de esta composición? Lo maravilloso, indispensable en los horizontes de los niños como medio para requintar el sentido artístico, elevar el espíritu, abrir los horizontes mentales, estimular sanamente a la imaginación, todo esto está manifestado con una delicadeza y un gusto notables. 

“Viene ahora la literatura denigrante.

“Presentamos un ejemplo entre mil. Viene ahora la literatura denigrante. Puñetazos, tiros, asaltos, agresiones, vibración exagerada, narración melo­dramática, correrías, sangre, muerte, “super-hombres” que vuelan, que trans­ponen murallas, que lanzan rayos: toda una siniestra y ridícula contextura de inverosimilitudes, de crueldades, de gro­seros artificios de sensacionalismo. Y esto no es sólo una historia, sino que por desgracia es todo un género “literario” que llena revistas y revistas, ávidamente seguidas por los jóvenes.

“¿Qué horizontes se abren así para la infancia? Los del crimen. ¿Qué placeres? Los de la excitación nerviosa tendiente en ciertos casos casi al delirio. ¿Qué ideales? Los de la fuerza bruta y de la vida de aventura sin ningún sentido.

“Con eso no se forma un hombre y mucho menos un cristiano. El producto típico de esta literatura es el neo-bárbaro…”

Hasta aquí los comentarios de Plinio Corrêa de Oliveira.

Concluimos nosotros preguntando: ¿ si eso se podía decir ya hace más de medio siglo atrás, qué no se podría decir hoy en esta materia?

´Para finalizar este comentario, digamos que hoy, que se da tanta importancia a la “salud mental”, ¿cómo se puede ignorar las secuelas de destrucción del equilibrio psicológico en los jóvenes y adultos, si desde niños se les dio para consumir cuentos que favorecen ese mismo desequilibrio?

En realidad, la lectura infantil tiene graves consecuencias y ella es un tema para ser analizado seriamente por los padres de familia. 

Por último le aconsejamos a Ud., si es padre o madre o abuelos de niños pequeños, cuide de los cuentos que su hijo o nieto lee. Esta es una responsabilidad de los adultos. 

***

Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en wwwcredochile.cl o en esta SU emisora, semana a semana. 

1 Comment
  1. Nelson Fragelli says

    La observación de Plinio Correa de Oliveira es muy verdadera aunque muy contraria al espirito moderno: desde sus primeros contactos con la vida los niños deben aprender a distinguir la verdad del error y por lo tanto las nociones de la batalla de la vida.

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