Reflexiones sobre la encuesta del CEP y la familia

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Estimado radioyente:

Los resultados de la última encuesta del CEP han dado mucho que hablar. No insistiríamos al respecto si no viéramos que una de las evidencias de esos resultados ha sido pasada por alto y que dice mucha relación con el tema de estos programas, que es precisamente la familia y su importancia.

De acuerdo con los datos de la encuesta CEP existe una gran separación de ideas y actitudes entre aquellos que tienen 25 años para abajo y la de sus progenitores.

Esta separación da cuenta del fracaso de una mentalidad. Pero no la de quienes están en las agitaciones y desmanes, sino la de sus padres, de sus profesores, de sus formadores, en una palabra la mentalidad que precedió a la de los protagonista de hoy.

¿Y cuál fue la mentalidad de una buena parte de esta generación, que hoy oscila, grosso modo, entre los 40 a 50 años?

En dos palabras, ella consistió en la valoración exclusiva del esfuerzo individual, para poder alcanzar el progreso material y de este modo, la felicidad.

Precisamente aquí se encontraba el talón de Aquiles de la generación de los 40/50, hoy fallida.

Expliquémonos.

Los que hace 30 años comenzaban a trabajar y a construir el Chile de hoy, consideraron que -tanto en el campo individual como social- lo más importante era alcanzar el bienestar económico y el aprovechamiento de ese bienestar para ser feliz. Todo lo demás era secundario y peligroso si se insistía en ello.

Toda esa generación pensaba: “Hazte un poco más rico y serás un poco más feliz”. Lo que también se conoció como, “hoy bien, mañana mejor”.

Quizá algún auditor nos pregunte qué vemos de errado en estas máximas. ¿No son ellas acaso las más naturales en el ser humano?

Respondemos que ellas no son naturales sino naturalistas y, al final del camino, materialistas y ateas, pues ellas excluyen del panorama toda y cualquier idea de un fin trascendente de la persona humana, de un Dios que nos espera y que nos al final del camino de esta vida nos juzgará a todos; de una Madre virginal que intercede misericordiosamente por nosotros.

Esa generación -de los 40/50- recibió con simpatía o indiferencia la agenda cultural de los sucesivos gobiernos nacionales, desde los 90’ para acá, que consistía en mantener las reglas del juego de la economía y destruir las raíces de la cultura cristiana de Chile, comenzando por la familia.

Pensaban ellos que si la economía seguía bien, todo lo demás iría igualmente bien, que dando pan y circo al pueblo no habría más revolución posible. Lo que en la práctica es la inversión de la máxima de Nuestro Señor Jesucristo: “Procurad el Reino de Dios y su justicia y lo demás os vendrá por añadidura”.

Ahora, cuando la vida se limita a sus aspectos meramente naturales y se extirpa cualquier vinculación religiosa y trascendente, ella, a la larga, se vuelve insípida y no dan ganas de ser vivida.

De ahí que la generación siguiente, la que hoy participa de los desmanes, consideró que lo que le ofrecían sus padres, es decir más trabajo y más dinero para ser más feliz, no valía la pena y, que a la larga era una estafa.

Los agitadores de hoy, piensan que si se trata de “pasarlo mejor”, hay que “pasarlo mejor” de inmediato y sin trabajar. Más aún, antes de vivir esa vida incolora e insípida que le ofrecen los de 40/50, es mejor asumir una épica de rechazo total, con ribetes de heroísmo.

“Luchar hasta que valga la pena vivir”, es uno de sus eslóganes y fue lo que expresó textualmente el “encapuchado” que habló a nombre de sus cómplices en el Foro latinoamericano de Derechos Humanos organizado por militantes de izquierda en el salón de honra del Congreso Nacional en Santiago: “Nos cansamos de trabajar para vivir”.

La “épica” de la generación de los actuales destructores, compartida por una proporción muy importante de sus coetáneos, es la de aquellos “que lo quieren todo, lo quieren ya y lo quieren para siempre”, sin costos ni sacrificios.

Ahora ocurre que desde que Dios Padre expulsó a nuestros primeros padres Adán y Eva del Paraíso Terrenal, los castigó -y con ellos a todos nosotros, su descendencia- a “ganar el pan con el sudor de tu frente”, lo que quiere decir precisamente que para vivir hay que trabajar…

Llama también la atención que este discurso llamando al ocio oficial y a acabar con todo lo que nos llame al cumplimiento de un deber, a la práctica de una virtud, al respeto de la moral y de la religión, haya sido aplaudido a rabiar por todos los presentes, entre los cuales una delegación de una parroquia de adeptos a la teología de la liberación, quienes se hicieron presentes llevando una cruz características de las que se usan en las peregrinaciones a santuarios católicos.

Estos seguidores de la Teología de la Liberación no tuvieron ningún reparo en sumarse a los aplausos y honras dedicadas a aquellos que han quemado y profanado cerca de 40 iglesias católicas desde hace tres meses.

Ciertamente todo este conjunto representa a una ínfima minoría de los chilenos. Pero es una minoría activa y ruidosa que puede representar un peligro para el futuro de Chile como una nación cristiana y próspera.

Por eso, y para finalizar el programa, nos dirigimos a los padres de familia. A Ud. señor que nos oye o a Ud. señora que puede estar preocupada por los rumbos que sus hijos estén tomando, les proponemos algunas resoluciones prácticas.

En primer lugar, los principios católicos de Uds. como padres deben no sólo ser enseñados sino vividos. “El ejemplo arrastra”, dice el sabio proverbio. Puede ser que hoy no sean comprendidos, pero mañana lo serán. ¡Cuantos hijos llegados a la edad de la cordura, no recapacitan diciendo o pensando: “eso me lo enseñó mi padre cuando yo era joven rebelde. Ahora sí lo entiendo”!

En segundo lugar, compartir con ellos, tanto en sus dificultades cuanto en los momentos gratos. Que las comidas en la casa sean verdaderas oportunidades de conversación entre todos, al menos una vez por semana.

Y, por último, y es lo más importante, rezar por ellos y rezar con ellos.

Hay en el muro de una iglesia del centro de Santiago un rayado recientemente escrito que dice: “Mamá, no reces más por mí”.

La frase parece la de un joven rebelde y ateo, y probablemente lo sea. Sin embargo hay en el pedido, algo de un recuerdo nostálgico hacia la madre que reza por él. Y ese recuerdo podrá ser en el futuro de ese joven una invitación a volver a revivir el cariño y el ejemplo que recibió de su madre.

Recen y no desesperen, pues las lágrimas de una madre serán siempre oídas por Aquella Madre que derramó tantas lágrimas a los pies de su Divino Hijo Crucificado para la redención de todos.

***

Muchas gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en wwwcredochile. Cl o en esta su emisora, semana a semana en esta misma hora.

1 Comment
  1. Julio Basoalto Vergara says

    Me parece que el artículo generalizó mucho respecto a los padres de los 40/50 y su desvinculación con los principios cristianos y la familia, me parece que eso no fué así en la gran mayoría de los padres, más bién eso se reduce solo a un grupo minoritario de padres exitistas y ateos.

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