¿Qué podemos aprender del coronavirus en Italia?

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Estimados radioyentes,

El pasado 19 de marzo, Fiesta de San José, recibimos desde Italia un interesante comentario de un amigo peruano residente en Milán, el Sr. Julio Loredo de Izcue,  a propósito de la cuarentena causada por el coronavirus.

Como en nuestras latitudes se aproxima cada vez más la posibilidad de una cuarentena obligatoria nos pareció que los comentarios vienen muy a propósito para estos días.

Le dejamos la palabra a Julio Loredo:

Cuando los futuros historiadores estudien la gran crisis provocada por el coronavirus, harán muchas preguntas, algunas de las cuales tendrán respuestas. Pero, en medio de la crisis actual, con Italia todavía en cuarentena, tenemos que conformarnos con las preguntas, que no son pocas o triviales.

La crisis del coronavirus saca a la luz muchas contradicciones y defectos de nuestro mundo moderno, que durante mucho tiempo han quedado en un segundo plano, enterrados por el optimismo imperante. Aprovechando el tiempo extra ahora disponible, tal vez deberíamos plantearnos estas preguntas, tratando de retirar algunas lecciones de ellas.

El primer cuestionamiento es sobre la fragilidad del mundo moderno. Es realmente sorprendente cómo un ser tan pequeño, incluso microscópico, podría dejar de rodillas a un mundo que se jactaba de ser sólido, poderoso y duradero. La economía se ha detenido y las bolsas de valores se están desplomando. Las tiendas están cerradas, los vuelos cancelados y las carreteras desiertas. Vemos eventos pospuestos, campeonatos deportivos y fronteras cerradas.

Solíamos pensar que cosas como esta solo podrían suceder como resultado de una guerra mundial o un desastre natural extraordinario. Sin embargo, ahora vemos que este no es el caso. El culpable es un pequeño ser de unas pocas micrones de tamaño. Altera nuestras vidas y destruye el mito de la estabilidad del mundo.

Esta es una gran primera lección si queremos escuchar los signos de los tiempos.

Cuáles son esas señales desde el punto de vista sobrenatural?

Nuestra Señora habló en Fátima sobre una serie de flagelos que caerían sobre la humanidad pecadora, seguida de una conversión general y la consiguiente restauración de la civilización cristiana.

Muchos no hicieron caso a sus palabras, no por una objeción doctrinal sino por la convicción, más pragmática que intelectual, de que este mundo duraría para siempre. Creían que podían seguir disfrutando sin ser molestados.

Sin embargo, la crisis del coronavirus nos enseña que las cosas pueden cambiar e incluso rápidamente. No podemos dar nada por sentado. Este estado de cosas no es eterno. Todo puede desaparecer; solo Dios permanece.

La segunda gran pregunta es sobre las maniobras chinas en esta crisis. En los próximos años, a los historiadores les resultará difícil explicar cómo China manipuló la narrativa del coronavirus hasta el punto de que se transformó de criminal en heroína en unas pocas semanas.

La epidemia comenzó en China, donde se extendió debido a la extrema negligencia y arrogancia del gobierno comunista en Beijing. El primer signo de la epidemia fue un brote de bronquitis en Wuhan el 17 de noviembre de 2019. Los infectados tenían una cosa en común: frecuentaban el mercado abierto de animales de la ciudad. Ya el 15 de diciembre, los Dres. Ai Fen y Li Wenliang dieron la alarma de una epidemia en curso. El 30 de diciembre, el Dr. Wenliang fue arrestado por “difundir noticias falsas”. El 7 de enero, The Wall Street Journal publicó un informe sobre el brote. El gobierno de Beijing reaccionó expulsando a sus periodistas. Las autoridades también prohibieron cualquier otro informe bajo sanciones muy severas. Sólo después de que la epidemia ya estaba fuera de control, el presidente Xi Jinping se dignó hacer una declaración pública el 30 de enero. Tres días después, decretó el estado de emergencia.

Si China hubiera reaccionado rápidamente a fines de noviembre cerrando el mercado de Wuhan, probablemente no habría epidemia en la actualidad. El verdadero culpable es China. Surgen dos preguntas entrelazadas: ¿Por qué China actuó de esta manera? ¿Por qué nadie acusa a China de hacer todo ese mal?

La respuesta a la primera pregunta se explica por la mentalidad totalitaria propia del comunismo. Tales regímenes siempre reaccionan manteniendo en secreto cualquier cosa que pueda afectar su imagen. Esto sucedió en la Unión Soviética en 1986 con el desastre de Chernobyl y en la Rusia de Putin con el desastre del submarino Kursk, en 2000. Sin embargo, esta mentalidad no explica todo.

Otro factor fue la repugnancia a perjudicar la economía china de la que ahora depende la mitad del mundo. Las potencias mundiales prefirieron mantener en funcionamiento la locomotora china, incluso a riesgo de desencadenar una pandemia. Una cierta mentalidad capitalista se une a las fallas de la mentalidad comunista. Esta complicidad ayuda a responder la segunda pregunta: la razón por la cual los chinos no pueden ser tocados o acusados ​​es que ellos tienen el cuchillo por el mango.

Uno de los grandes enigmas de nuestra época, un verdadero misterio de iniquidad, es cómo Occidente, que se enorgullece de su carácter democrático y liberal, se ha sometido tan servilmente a un gobierno dictatorial dominado por un Partido Comunista . Para ganar dinero, Occidente, consciente y voluntariamente, metió la cabeza en la guillotina. ¿Puede ser sorprendente ahora que el verdugo esté tirando la cuerda de la palanca?

Hay otro problema con China comunista que nunca se menciona

Como maestros en operaciones sospechosas, los chinos también se han aprovechado de la crisis al fortalecer su dominio en los mercados. Cuando la crisis golpeó las acciones de muchas empresas occidentales que operan en China, el Banco Central de Beijing respondió comprando cientos de miles de millones en valores de renta variable. Por lo tanto, obtuvo asociaciones mayoritarias con muchas de estas empresas occidentales. Todo esto sucedió bajo los ojos indiferentes (y a menudo cómplices) de los gurús de las finanzas occidentales.

Aún hay más. En un giro digno de la peor comedia, China ahora se presenta como el salvador del mundo. Todos elogian el “modelo chino” de combate al coronavirus. Beijing incluso se permite el lujo de enviar aviones con “expertos en virus” y suministros médicos a países occidentales. Envía ayuda para resolver la epidemia de que ellos son responsables. Por lo tanto, la nación pasó de criminal a heroína en unas pocas semanas, ¡una transformación verdaderamente sorprendente!

La crisis del coronavirus puede ser una oportunidad histórica para que revisemos toda nuestra relación con Beijing. Todavía tenemos tiempo. ¡Reaccionemos antes de que sea demasiado tarde!

Una tercera y más dolorosa pregunta sobre la crisis del coronavirus es a respecto de la actitud de la Iglesia Católica, particularmente en Italia. La Conferencia Episcopal Italiana se inclinó sin chistar ante las demandas del Gobierno del Primer Ministro Conte, sin considerar las necesidades espirituales de los fieles.

En un artículo del importante diario Corriere della Sera, el ex-ministro y fundador de la Comunidad de San Egidio, Andrea Riccardi, escribió: “Comenzaron negociaciones tensas entre la Conferencia Epsicopal italiana y el Gobierno . El Gobierno se mantuvo firme: no aceptaría otras medidas que las propuestas por sus técnicos sanitarios. Después de un rápido forcejeo, la Conferencia Episcopal cedió ”. Riccardi implica que ella se rindió a regañadientes. La rapidez con que nuestros obispos aplicaron las medidas sanitarias emitidas por el gobierno nos hacen pensar de manera diferente, ya que a veces las anticiparon o luego las aplicaron de manera exagerada e incluso unilateral.

A lo largo de sus dos mil años de historia, la Iglesia en Italia ha enfrentado muchas epidemias terribles, como se vio en la plaga de Roma en 590 o las de Milán en 1578 y 1630. La Esposa de Cristo siempre reaccionó con un espíritu sobrenatural, permaneciendo cerca a los fieles, animándolos en oración y penitencia, y multiplicando su acceso a los sacramentos. San Carlos Borromeo regresón a Milán desde Lodi mientras las autoridades civiles huían. San Luis Gonzaga decidió quedarse con los enfermos en el Colegio Romano, pagando el gesto heroico con su vida. La nota predominante de la Iglesia en tiempos de plagas siempre fue de reforzar su celo por las almas.

Por primera vez en su historia, la jerarquía italiana, con pocas excepciones notables, ha abandonado a los fieles, privándolos de apoyo espiritual. Los obispos primero impusieron la comunión en la mano y se llevaron toda el agua bendita. Luego suprimieron todas las misas y ceremonias religiosas, incluidos los funerales. Todas las iglesias fueron cerradas de inmediato. Cualquier violación de las reglas podría llevar al encarcelamiento del sacerdote “rebelde”. Muchos comentaron que era peor que en la época soviética.

Ciertamente, no se puede exigir a César que sea el primero en comprender las razones de Dios. Sin embargo, podemos y debemos exigir a los obispos que revindiquen las razones superiores de Dios, en lugar de hacer una reverencia ante el César ignorante.

Después de una semana de aplicar estas normas, la situación se modificó ligeramente. Siguiendo una recomendación del Papa Francisco (quien había dicho previamente algo muy diferente), algunas diócesis italianas, incluida Roma, han emitido nuevas normas que dejan la apertura de iglesias a la discreción del párroco. Esta norma se aplica solo a las iglesias parroquiales. No hay mención de misas o sacramentos. Parece que la jerarquía ha escuchado, al menos en parte, el clamor de la gente. Sin embargo, el clero debe asumir el papel de liderazgo, no los fieles.

El director de la Nueva Brújula Cotidiana, Riccardo Cascioli, tiene razón cuando escribe: “La jerarquía eclesiástica se encuentra en un estado de confusión mental”.

Vamos a plantear un último punto. Dejando a un lado el juicio de si esta pandemia puede interpretarse o no como un castigo divino, el hecho obvio es que sería una excelente oportunidad para predicar la conversión, especialmente porque es la Cuaresma cuando debemos centrarnos en los terribles pero redentores sufrimientos de Nuestro Señor Jesús Cristo.

La epidemia claramente ha sacudido muchas conciencias, que generalmente están abrumadas por el deseo de disfrutar la vida. Las personas están mucho más abiertas a las consideraciones celestiales, que ofrecen oportunidades para la intervención purificadora de la gracia divina…

En esta ocasión, sin embargo, el silencio de la jerarquía es trágico. Sin juzgar sus intenciones, vemos en ellos una falta de espíritu sobrenatural que es realmente inquietante. Con pocas excepciones, permanecen en silencio cuando deberían hablar sobre los tejados.

Esos son algunas preguntas, en su mayoría sin respuesta, planteadas por la situación creada por la propagación de esta extraña criatura, no mayor de 50 milésimas de milímetro, que está volcando nuestras vidas.

Hasta aquí las palabras de Julio Loredo, formuladas desde su cuarentena obligada en la ciudad de Milán.

Por nuestra parte formulamos una que Ud., estimado radioyente, podrá respondernos:

¿Cómo andamos por casa? ¿Cuánto todo esto es aplicable a nosotros y a nuestras autoridades tanto civiles cuanto eclesiásticas?

Gracias por su audición, y recuerde que nos puede seguir semana a semana en esta misma su emisora o a través de nuestra página wwwcredochile.cl

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