Profanación

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Estimados radioyentes:

 

El atentado contra el Cristo crucificado de la Iglesia de la Gratitud Nacional cometido por ocasión de una marcha de estudiantes exigiendo gratuidad en la educación, conmocionó a todo el País.

¿Cómo puede ser que jóvenes saquen de un templo católico un Cristo, lo exhiban en medio de la calle, lo golpeen hasta destrozarlo y después queden satisfechos por su “hazaña”?

¿Qué fue lo que les hizo este Cristo a ellos para que llegaran a odiarlo hasta este punto?

¿No fue precisamente en la Crucifixión que Nuestro Divino Señor nos dio la muestra de Su suprema generosidad derramando toda su divina Sangre y hasta el Agua de su costado para abrirnos las puertas del cielo a todos los hombres?

Sí él murió por todos los hombres, incluso por aquellos que este jueves lo pisotearon y escupieron en su imagen. Por todos los que en estos últimos meses han quemado iglesias, seminarios, imágenes religiosas impunemente a lo largo de todo el territorio nacional.

¿Cómo puede entonces ser que quienes tanto recibieron de Dios gratuitamente puedan odiarlo de tal forma?

Estas preguntas han quedado sin respuesta en muchas conciencias; puede ser que también en la conciencia de algún auditor que en este momento nos escucha. Por eso juzgamos importante dedicar este programa a intentar explicar lo que parece inexplicable.

La respuesta hay que buscarla en un aspecto de la realidad que muchas veces no queremos mirar de frente, porque nos obliga a dar crédito a una verdad dura de aceptar: Entre el bien y el mal, entre la verdad y el error existe una incompatibilidad absoluta y por lo tanto una lucha inevitable que durará hasta la consumación de los tiempos.

Los hijos de las tinieblas odian a los hijos de la luz, y odian a todo aquello que simbolice a Aquel que en el Credo es proclamado como “Luz de Luz”, el Verbo de Dios encarnado, Jesucristo, Nuestro Divino Redentor.

Ahora, nadie nace hijo de las tinieblas. Al contrario, la inocencia natural de nuestras almas y el santo Bautismo nos convidan desde nuestros primeros años a amar el orden, la virtud, el deber, y, por sobre todo esto, a Aquel que es el Autor de ese orden,  que es el Camino, la Verdad y la Vida; Dios Nuestro Señor Jesucristo y su Madre Santísima, en cuyo seno virginal se encarnó.

Pero, infelizmente, por causa de las pasiones desordenadas,  herencia del pecado original, un hijo de las tinieblas puede irse formando de a poco. Cuando los labios de un inocente se manchan pronunciando groserías, cuando la frente de un inocente se nubla con los malos pensamientos, cuando el corazón de un inocente se tizna con el egoísmo, cuando los oídos se dejan atraer por la cacofonía del desorden, cuando sus manos arrojan piedras; en una palabra, cuando se aparta del camino de la Verdad, este ex inocente, pasa –muchas veces de modo imperceptible hasta para él mismo- a dejar de ser inocente y a oscurecerse poco a poco. Y si no para a medio camino, puede ir hasta el extremo de hacer parte de  las numerosas huestes de las tinieblas.

Es el triste itinerario que toda una sociedad puede seguir, arrastrando en su camino una masa creciente de personas, especialmente entre los jóvenes. Y por eso, muchas mamás asisten con aflicción, pero sin poder dar solución, al drama de una generación que recibe mucho más que sus padres, pero considera que es poco, que quiere más, que lo quiere todo, para la cual todo freno es insoportable y cualquier ley es un atentado contra sus derechos y libertades.

Aquí este joven, que puede tener sólo 15, 16 o 17 años, pasa a odiar a Aquel que no vino a derogar la Ley y los Profetas sino a perfeccionarla y a darnos la gracia para que seamos capaces de cumplirla. Odia a la Iglesia porque ella lo llama a cumplir sus deberes, a no cometer acciones impuras, a no mentir, a honrar al padre y a la madre y a todas las autoridades legítimas, los profesores en los colegios, los carabineros en las calles, los ancianos en el transporte público.

Para este adolescente, prematuramente envejecido y transformado en un potencial subversivo del orden, Dios, Jesús, la Iglesia pasan a ser lo que hay que destruir.

La gratuidad de la enseñanza es el pretexto de hoy día para justificar sus anhelos de destrucción. Si la consigue, mañana la justificación será otra, no importa tanto el pretexto, lo que le importa es la destrucción de lo que está ahí, que lo asfixia, lo oprime, lo limita. Él lo quiere todo, lo quiere ahora, lo quiere  para siempre.

Él quiere ser dios y cede a la tentación delante de la cual sucumbieron nuestros primeros padres cuando la Serpiente les dijo: “Seréis como dioses”.

Este fenómeno ya lo explicaba el Profesor Plinio Correa de Oliveira, en el año 1952, cuando aún no habían nacido ni los padres de los que la semana pasada profanaron la imagen del Crucificado. Porque no es de ayer ni de hoy, es de siempre. Explicando por qué, durante la Pasión, los verdugos ataron las manos de Nuestro Señor, que sólo hicieron el bien, el catedrático brasileño comenta:

“Señor, para comprender esa monstruosidad, es necesario creer en el mal. Es preciso reconocer que los hombres son tales, que fácilmente su naturaleza se rebela contra el sacrificio, y que cuando siguen el camino de la rebelión, no hay infamia ni desorden de los que no sean capaces. Es necesario reconocer que vuestra Ley impone sacrificios; que es duro ser casto, ser humilde, ser honesto, y en consecuencia es duro seguir vuestra Ley. Vuestro yugo es suave, sí, y vuestra carga ligera. No porque no sea amargo renunciar a lo que hay en nosotros de animal y desordenado, sino porque Vos mismo nos ayudáis a hacerlo.

“Y cuando alguien os dice “no”, comienza a odiaros, odiando todo el bien, toda la verdad, toda la perfección de que sois la propia personificación. Y, si no os tiene a mano bajo forma visible para descargar su odio satánico, golpea a la Iglesia, profana la Eucaristía, blasfema, propaga la inmoralidad, predica la revolución”.

Ahí está la explicación de lo ocurrido en la Gratitud nacional, en las Iglesias quemadas, en los imágenes de los santos rayadas o destrozadas, en el odio a todo lo que simbolice o represente el Bien, la Bondad, la Verdad.

Sin querer atenuar la culpa de los autores de todos estos actos sacrílegos, existen, sin embargo, otros culpables que hoy parecen fingir conmoción con los hechos.

Son aquellos que han azuzado el fuego de las pasiones en esos adolescentes, son aquellos que les han dicho desde que tienen uso de razón, que ellos tienen todos los derechos, que ellos no tienen que preocuparse de deberes, que eso es discriminatorio.

Son los Parlamentarios que han propuesto proyectos de Derechos Sexuales y Reproductivos, son los que pretenden matar a los no nacidos, son los que han dicho que tanto vale tener hijos dentro o fuera del matrimonio, son los que se han opuesto a sancionar a los encapuchados, son los que dicen que tanto vale un matrimonio entre un hombre y una mujer o entre personas del mismo sexo.

Son también  las empresas que promueven sus productos con propagandas obscenas y que tapizan las ciudades con carteles manchando la honestidad de los transeúntes.

Estos son los fariseos que hoy ponen caras de sorpresa, pero que hasta ahora continúan promoviendo la destrucción de la familia basada en el casamiento indisoluble, abierto a la vida y responsable por la educación de sus hijos.

De estos nuevos fariseos, ya decía el gran Obispo francés del siglo XVII, Bossuet: “Dios se ríe de los hombres que lamentan los efectos de las causas que ellos mismos cultivan”.

Como reacción a lo que sucedió en la iglesia de la Gratitud Nacional y a los demás sacrilegios cometidos en los últimos meses, le proponemos que Ud. realice un acto de desagravio en familia. Además de alegrar a Nuestro Señor, eso ayudará a que sus hijos o nietos sientan lo grave que es una ofensa a Dios.

Bastará rezar una Ave María en conjunto, pidiendo a su Madre Santísima que tenga pena de este País que está perdiendo sus raíces cristianas y que toque el corazón de los desviados jóvenes que practicaron este sacrilegio y los convierta.

Muchas gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en www.accionfamilia.org

Hasta la próxima semana en esta misma SU emisora.

 

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