Orientación moral para plebiscito

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Estimado radioyente

Si Ud. ha oído nuestros programas semanales está bien informado de cuáles son los principios por los cuales ellos se orientan y la materia que tratan.

Si Ud. no ha tenido posibilidad de oírlos se lo decimos en dos palabras. El tema central del cual tratamos es la familia y su entorno. Es decir aquellos temas que favorecen o perjudican a la institución de la familia, a su mantenimiento, crecimiento y formación de los hijos.

Los principios que orientan estos programas son los del derecho natural y de la doctrina de la Santa Iglesia Católica en coherencia con las enseñanzas de Nuestro Divino Salvador, que elevó el matrimonio al estado sacramental e indisoluble.

No sería lógico que no aplicáramos esos criterios a uno de los eventos más importantes que tenemos por delante, como es el próximo plebiscito del 26 de abril, donde deberemos optar por el “apruebo” o el “rechazo” la actual Constitución.

Para proporcionarle a Ud. elementos firmes y seguros para poder escoger con la debida ponderación y tiempo, dedicaremos este programa y el próximo a trasmitirle las reflexiones que el Sr.Obispo de Villarrica, Monseñor Francisco Javier Stegmeier entregó a los fieles de su Diócesis.

Si bien es cierto que cada Obispo tiene competencia sobre los límites de su propia diócesis, no es menos cierto de que los principios por él invocados tienen validez universal y, por lo tanto, valen para todo el País.

Pasamos entonces la palabra al Obispo de Villarrica:

“Motivado por las consultas de fieles de la Diócesis, trataré el tema de la Constitución en columnas sucesivas.

“En el debate acerca de una posible nueva Constitución, es necesario tener en cuenta, por una parte, “la legítima autonomía de las realidades terrenas” en cuanto que “las cosas creadas y las sociedades gozan de leyes y valores propios que el hombre ha de descubrir, aplicar y ordenar paulatinamente”. Es tarea de personas verdaderamente competentes en materia constitucional debatir con profesionalismo, honestidad, seriedad y profundidad en este tema que tanto afecta a las personas y a la vida social. En efecto, “la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios”.

“Por otra parte, hay que tener también en cuenta que, “si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le oculte la falsedad envuelta en tales palabras” (Gaudium et spes 36).

“Todo instrumento jurídico, más aún una Constitución que está destinada a regir todos los ámbitos de una Nación, para que sea conforme con la dignidad de la persona, a la que debe servir, debe reconocer, expresar, promover y defender la verdad moral objetiva, fundada en último término en Dios Creador de todo. Antes y por sobre el Estado está primero Dios y luego la persona. Una sana Constitución debe partir de esta premisa.

“En caso contrario, estaremos ante una Constitución estatista que pone a la persona al servicio del Estado. El Estado se atribuye ser la fuente originaria de todos los derechos y deberes, los que puede conceder o eliminar según su arbitrio. Un antecedente es la legalización del aborto. El Estado, a través de sus órganos ejecutivo y legislativo, se arroga el poder de conceder el derecho a vivir a algunas personas y se lo quita a otras. Según esto, el derecho a la vida no es inherente a la persona humana, anterior y superior al Estado.

 

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