Obedecer para ser libres

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Estimado radioyente:

En el marco del proceso de destitución del cargo de la actual directora de la Defensoría de la Niñez, Sra. Patricia Muñoz, a causa de la difusión del video que llama a los menores de edad a “saltarse todos los torniquetes”, habló el presidente del Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas, el uruguayo Luis Pederna.

Recordamos a nuestros auditores un trecho del referido video: “Ya se derrumbó toda esa falsa moral / las pancartas lucen la demanda social / siento que debes empoderarte y volar / saltarse todos los torniquetes / así el proceso constituyente / tendrá fuerza, sentido y razón con tu voz “.

¿Qué dijo el representante mundial de los Derechos de la infancia?

Era de esperar que la máxima autoridad de la ONU en la materia postulase que los menores de edad no pueden ni deben ser deformados por el Estado llamándolos a la desobediencia civil; pues otra cosa no es la evasión, sino el desrespeto de la ley y de las normas morales en las cuales ellas se sustentan.

Quienes esperaban una declaración en ese sentido de parte del Sr. Pederna quedaron completamente desmentidos por el personaje en cuestión.

En la primera audiencia ante la Corte Suprema, tenida en la semana pasada, esa autoridad declaró que: “La defensora está cumpliendo su rol en canalizar algunos de los planteamientos de los niños, que las sociedades y los adultos debemos leer. El contenido de saltarse los molinetes (torniquetes) se realiza a través de una obra de arte, a través de los niños y niñas de Chile, y responde solo a una forma de protesta”, indicó.

En otras palabras, de acuerdo al referido Comisionado de la ONU, los adultos deben saber “leer” lo que dicen los niños, independientemente de si lo que ellos “dicen” es verdadero o falso.  Además de lo cual, según él, no se puede imputar una obra de arte.

Tales declaraciones merecen un análisis, no sólo por la gravedad de sus declaraciones sino por las consecuencias que ellas tendrán en la formación de los niños del mundo entero.

En primer lugar, corresponde hacer notar que de acuerdo a esas declaraciones del Sr. Pederna, los niños constituirían un bloque homogéneo que se enfrenta a otro bloque igualmente cohesionado que son los adultos. Entre un bloque generacional: “los niños” y el otro bloque: “los adultos” no puede sino existir un enfrentamiento.

Es el concepto de la lucha de clases del marxismo, transpuesto al campo generacional, como un dogma social y político.

Además de lo anterior, las declaraciones en cuestión hacen abstracción de la existencia y de la responsabilidad como formadores prioritarios de los padres de familia. Se diría que los “niños” a los cuales Pederna se refiere, vienen al mundo y crecen por generación espontánea.

Tal concepto es lo contrario de lo que establecen las actuales normas constitucionales y, sobre todo, lo que manda el IV Mandamiento de la Ley de Dios: “Honrarás padre y madre”. En la palabra “honrar” está comprendido, obviamente, obedecer, pues un hijo que desobedece a sus padres, le roba la honra que ellos se merecen.

Sin embargo, hay otro error, que tanto la funcionaria Muñoz, creadora del video en cuestión, como el Comisionado de los Derechos del Niño de la ONU parecen coincidir: Es que para que los niños sean libres, ellos deben pode evadir, o sea desobedecer.

La realidad de las cosas es profundamente opuesta a esta concepción liberal de la existencia.

Conforme escribió el Profesor Plinio Correa de Oliveira en su artículo de prensa: “Obedecer para ser libres”, la verdadera libertad consiste en el cumplimiento del deber, y la esclavitud se encuentra en aquellos que se dejan vencer por sus vicios.

“Del hombre cumplidor de sus obligaciones se decía otrora que era “esclavo del deber’. De hecho, era un hombre situado en el ápice de su libertad, que intelegía por un acto plenamente personal las vías que le tocaba surcar, deliberaba con varonil vigor surcarlas, y vencía el asalto de las pasiones deshonestas que intentaban cegarlo, doblegarle la voluntad y vedarle así el camino libremente escogido. El hombre que, alcanzada esta suprema victoria, proseguía con paso firme para el rumbo debido, era libre.

“Esclavo” era, por el contrario, aquel que se dejaba arrastrar por las pasiones desarregladas, hacia un rumbo que su razón no aprobaba, ni la voluntad prefería. A estos genuinos vencidos se les llamaba “esclavos del vicio”. Por esclavitud al vicio, se habían “liberado” del saludable imperio de la razón.

“Hoy todo se invirtió. Como tipo de hombre ‘libre’ se tiene al hippy de flor en puño, deambulando sin ton ni son, o al hippy que, de bomba en mano, esparce el terror a su antojo. Por el contrario, por atado, por hombre no-libre es tenido quien vive en la obediencia de las leyes de Dios y de los hombres.

“En la perspectiva actual, es ‘libre’ el hombre a quien la ley faculta comprar las drogas que quiera, usarlas como entienda, y por fin… esclavizarse a ellas. Y es tiránica, esclavizante, la ley que veda al hombre esclavizarse a la droga.

“Estos conceptos de (auténtica) libertad y servidumbre, León XIII los expuso, con la brillante maestría que lo caracterizaba, en la encíclica Libertas”.

En sentido opuesto al concepto católico de verdadera libertad, los “defensores de la niñez” de Chile y de la ONU consideran que su responsabilidad consiste en que los niños puedan liberarse, “evadir” todas las normas morales, que el video llama de “falsas”.

En pocas palabras, tanto uno cuanto otro, están promoviendo la demolición de la formación que un buen padre de familia debe querer para sus hijos. O sea, que ellos crezcan sanos de cuerpo y de alma; que tengan una voluntad fuerte y que cumplan con los deberes que su inteligencia les muestra como buenos.

Tal actitud nos recuerda la sentencia lapidaria con la cual Nuestro Señor fulminó a los que pervirtieran a los niños: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!” (Mateo, 18)

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No nos detenemos en responder al “argumento” de que el referido video sería una “obra de arte”, y en cuanto tal inimputable. Con esa falacia, a través de creaciones “artísticas” se podría fomentar todo tipo de ilícitos sin que la sociedad pudiera defenderse.

El proceso en cuestión seguirá su curso en la Suprema Corte. Del fallo que los ministros emitan dependerá no sólo el tipo de educación que el Estado subsidiariamente puede impartir a través de los organismos fiscales, sino también el derecho de los padres a educar a sus hijos.

Lo mantendremos informados al respecto.

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