Notas en los colegios

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Estimado radioyente:

Seguramente Ud. sabe que se presentó recientemente un proyecto de ley que intenta prohibir las notas para los alumnos de básica en todo el País.

El Senador Quintana, autor de la iniciativa legal sostiene en su defensa que el objetivo de su proyecto es reducir el estrés entre los niños.

Por primera vez nos enteramos que las notas producen “Stress” a los niños. Confieso que por mi parte nunca me enteré ni siquiera de la existencia de la palabra cuando era niño y me ponía notas. Probablemente a Ud. que me oye le debe haber pasado algo similar.

Al respecto se han pronunciado varias autoridades y expertos en educación. Oigamos algunas de ellas:

La decana de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, Lorena Medina, explicó que la medida “supone el desarrollo de la evaluación cualitativa en la formación inicial docente, y no sé si hay profesores que egresan de las universidades preparados para generar instrumentos cualitativos”.

“Hay que hacer un cambio cultural que tiene que ser gradual. No se puede implementar de golpe y porrazo una ley que supone un cambio de lo que se ha hecho por siglos en Chile, que es evaluar con calificaciones”, añadió la académica.

A su vez, Magdalena Vergara, directora ejecutiva de Acción Educar, afirmó que la propuesta es factible, pero que “tiene que existir autonomía para que los establecimientos generen sus propios medios de evaluación”.

Consultada por este tema, la ministra Marcela Cubillos apuntó que los colegios pueden implementar sus propios modelos de evaluación con “bastante libertad y autonomía, pero no podemos dejar que los padres no tengan información sobre si sus hijos están o no aprendiendo”.

¿Qué pensar al respecto? ¿Es bueno o malo poner notas a los alumnos de básica? ¿Les produce stress a los niños?

Comencemos por consignar una cosa que para todos es clara. Alemania es uno de los países que desde hace muchos años, quizá siglos, se tomó en serio la educación de los niños. Tanto es así que el autor del silabario Matte, o Silabario del Ojo, fue creado por el educador chileno Claudio Matte en 1884 y publicado en la ciudad de Leipzig en Alemania.

Ante los defectuosos resultados de los métodos utilizados en Chile para aprender a leer, Claudio Matte, decidió ir a Europa a investigar. Fue en Alemania donde gestionaría una presentación oficial del Ministerio de Educación de Sajonia que lo autorizaba a visitar cualquier escuela del estado en calidad de “oyente y observador”. Este tipo de autorización en alemán se llamaba “Hospiterien”.

Matte se sentaba en los asientos traseros de las salas durante las clases y tras sus observaciones se percató: “Yo siempre había pensado que los métodos de enseñanza en mi tierra eran malos, pero no sabía dónde estaba lo malo. Ahora se me abrían horizontes, los alemanes habían resuelto el problema. En nuestra tierra todo era memorizar. Acá se debía pensar y entender”

Comenzó buscando las palabras más fáciles de comprender y así partir leyendo desde la primera lección. Eligió la palabra “Ojo” para aprovechar asociaciones visuales que se podían establecer entre imagen, grafía y el significado de las palabras: “Ojo” es fácil de entender imaginando la jota como una nariz entre dos ojos.5​

En 1884 se publicó una edición de 6000 ejemplares por la editorial Brockhaus, en la ciudad de Leipzig. En 1894 el gobierno de Chile lo declaró Texto Oficial de enseñanza primaria en Chile. Para fin de siglo XIX se había expandido a Latinoamérica.

Analicemos entonces la actitud del Sr. Matte y la del Senador Quintana que propuso la iniciativa.

El primero, el autor del silabario partió de un hecho concreto: los niños chilenos leían mal y entendían poco. Sin embargo él no sabía por qué motivo se producía este defecto. En consecuencia de una observación concreta de la realidad, él se determinó a buscar la causa. Para ello viajó a Alemania, asistió a las clases de los niños, y allí encontró la causa. Allí se enseñaba a entender, aquí se enseñaba a memorizar sin entender. Todo estolo hizo sin recursos fiscales sino sacrificando los propios.

No terminó ahí su investigación. En consecuencia de todo lo anterior, él preparó un silabario –en el cual la mayoría de los chilenos adultos, sino la totalidad aprendió a leer- lo editó y lo distribuyó a todo el País. Posteriormente y dado el éxito del sistema, el mismo silabario se expandió por todo el Continente.

Como Ud. puede ver, estimado radioyente, en el Sr. Claudio Matte no hubo nada de preconcebido ni de prejuicioso. Fue la observación de la realidad y la aplicación de la inteligencia hasta llegar a la solución del problema.

Pasemos ahora al Senador en cuestión.

Él comienza con un prejuicio: Las notas producen stress. ¿Cuáles son las bases científicas de esa afirmación? ¿Qué porcentaje de niños sufren de stress a causa de las notas? ¿Por qué razón otro tipo de calificación no les causará stress? Todo eso queda en la nebulosa de unas pocas opiniones tomadas al azar, buscando justificar previamente la iniciativa.

En segundo lugar, el Senador no busca en ningún país del mundo los resultados que se han alcanzado con o sin notas, desde el punto de vista del stress y del conocimiento.

Finalmente él aterriza una solución preconcebida y mal justificada: hay que acabar con las notas.

Ahora, si para los niños las notas producen stress, cuánto más no se podrá decir para los alumnos de cursos superiores y de universidades, donde los jóvenes ya tienen perfecto conocimiento de lo que significa una buena o mala nota para su propia carrera.

¿Por qué entonces no acabar con la notas en toda la enseñanza y así acabar para siempre con el problema del stress?

Nada de eso queda explicado en el proyecto en cuestión.

No queremos decir que las notas sean buenas en sí mismas o que pueda haber un sistema de calificación diferente que pueda ser superior. Lo que decimos es que la iniciativa es ejemplo de cómo se está legislando hoy en el Parlamento chileno.

A ciegas, sin preocuparse de la realidad, obedeciendo sólo a sus propios criterios ideológicos y buscando llegar a una completa igualdad en todo, como si ésta fuera la primera condición de la justicia.

Muy por el contrario, la justicia es la virtud por la cual se le da a cada cual aquello que se merece. Si un niño estudió más, o tiene más cualidades intelectuales, o si preparó con dedicación la prueba que otro niño que no estudió, que se quedó viendo televisión o jugando futbol, ¿será justo darle al primero la misma nota o calificación que al segundo?

Obviamente que no.

Ahora, eso que vale para los niños, vale también para los adultos. Acabando con las notas para los niños, lo que se pretende es acabar con a diferencias para toda la vida y eso, como vimos, es una profunda injusticia.

Es la repetición de la ley de “quitar los patines” a los niños, que ahora se vuelve contra las notas. Es un atentado al derecho de los padres de educar a sus hijos conforme ellos desean. Por lo tanto la referida iniciativa constituye un atentado al derecho primario de las familias que es el de educación.

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Gracias por su audición y recuerde que semana a semana puede oírnos en esta SU emisora y hacernos llegar sus comentarios a wwwcredochile.cl. Hasta la próxima semana en esta misma hora.

 

 

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