Mes de María y los temblores

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Estimado radioyente:

Conversando con un habitual auditor de los programas de Acción Familia en una comuna del Norte del país, le pregunté cuáles eran los temas sobre los cuales se hablaba entre las personas de su ciudad. Él no vaciló en responderme, el miedo por los temblores y por los terremotos, que han causado en no pocas personas crisis de pánico y alteración del equilibrio psicológico.

Como el tema afecta no sólo a la parte Norte de nuestra geografía, sino que alternadamente tanto al sur, cuanto al centro y al norte, nos pareció conveniente que conversáramos en este programa sobre el tema.

En primer lugar debemos decir que los temblores y terremotos hacen parte de nuestra historia y de nuestra conformación geológica.

Es decir existen causas naturales que explican la frecuencia por la cual éstos ocurren. Ahora, cuando un fenómeno tiene una explicación natural, si bien es cierto de que corresponde estar vigilante por causa de la eventualidad de que acontezca, no es lógico dejarse llevar por el pánico cuando sobreviene.

El pánico es la peor reacción, pues lleva a tomar una conducta irracional que no sólo no resuelve nada sino que impide la correcta evaluación de la situación y dificulta la toma de decisiones apropiadas para enfrentar las consecuencias del desastre natural.

¿Cuál es entonces la reacción debida delante de los temblores y terremotos?

La respuesta está en dos órdenes de consideraciones.

La primera es Una preparación natural: Debemos convivir con estos fenómenos, como un enfermo crónico debe saber convivir con su enfermedad.

¿Qué quiere decir convivir? Quiere decir que una vez que estamos en una tierra que presenta estos fenómenos con frecuencia, debemos saber habituarnos a ellos, y no tomarlos como una cosa que no debería ocurrirnos, sino como algo que hace parte de nuestra existencia, porque lo extraordinario sería que no ocurriesen. Todos nuestros antepasados sufrieron temblores y terremotos y todas las generaciones que nos sigan también los sufrirán, porque les fallas tectónicas que están en el origen de los temblores llevan millares de años para asentarse.

Una persona que tenga una enfermedad crónica; digamos a la vista, o al oído, o en cualquier parte de su organismo, debe saber convivir con ella desde el despertar hasta el irse a dormir. No enojarse ni consigo ni con la enfermedad. Porque estamos en un “valle de lágrimas” y no existen los super-hombres perfectos y sin defectos. Todos tenemos insuficiencias y defectos físicos o psicológicos, que debemos tratar de disminuir, con remedios, si es necesario. Pero tenemos que habituarnos a convivir resignadamente con aquellos que no tienen cura.

Lo mismo le pasa a los países, dependiendo de su situación geográfica. A unos les toca la sequía, a otros las lluvias tropicales, con las consecuentes derrumbes de tierra e insectos de todo tipo; a otros los huracanes que arrancan de cuajo las casas y las personas, etc. etc. A nosotros nos tocaron los temblores y terremotos. Está dentro de nuestra naturaleza geológica, como también está presente en Japón, en Italia y otras grandes naciones.

2.- En segundo lugar debemos tener una preparación sobrenatural. Es decir, saber que Dios que todo lo puede y todo lo sabe, tiene un designio para cada persona y para cada país. Y si a todos los hombres y a todos los países Dios les manda probaciones, enfermedades, dificultades, etc. es por alguna razón.

¿Y cuál puede ser esa razón?

La primera es que la muerte y los desórdenes de la naturaleza son una consecuencia del pecado original de nuestros Primeros Padres. Por su desobediencia, ellos fueron expulsados del Paraíso Terrestre en donde los hombres no conocerían ni la muerte, ni las enfermedades, ni los dolores y desventuras que, en esta tierra de exilio, pasaron a ser el legado de toda la humanidad.

La segunda razón, es un designio de misericordia de Dios, para ayudarnos a levantar nuestras vistas hacia Él.

Sí, los hombres tendemos a ser muy autosuficientes. Cuando todo nos va bien, nos olvidamos de Dios, nos olvidamos de los médicos, nos olvidamos de todo aquello que nos indica nuestra limitación y caemos en una autonomía egoísta. Nos creemos falsamente perfectos y sin contingencias, queremos transformarnos en pequeños dioses.

Dios, en su bondad, nos recuerda nuestras limitaciones por medio de las probaciones, de los sufrimientos, de las cruces, entre los cuales están los temblores y los terremotos. Si nos imaginásemos un mundo sin ningún sufrimiento, sería invivible pues todos sus habitantes serían unos perfectos egoístas e individualistas, completamente despreocupados de todo lo que no fuera cada uno.

Al contrario, las contingencias nos ayudan a poner nuestra confianza en Dios y a practicar la caridad entre unos y otros. Todos nos sabemos carentes y necesitados y sabemos que los que nos rodean son igualmente carentes que nosotros. De ahí surge naturalmente el deseo de ayudar, de solucionar, en una palabra, de practicar la caridad.

Por eso la bonita oración que se está rezando en este mes de María dice: “La rosa, cuyo brillo agrada a Vuestro ojos es la caridad, el amor a Dios y a nuestro hermanos, nos amaremos pues los unos a los otros como hijos de una misma familia cuya Madre Sois, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal. En ese mes bendito procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad, modesta flor que os es tan querida y con Vuestro auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados”.

Es decir, el auxilio de María nos ayuda a resignarnos delante de las adversidades de la vida diaria o de los ocasionales temblores y terremotos.

Y en oración final le pedimos a María interceda junto a su Hijo para que “encienda por todas partes el fuego de su ardiente caridad, que nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida y de esperanzas para el porvenir. Amén”.

Es decir, debemos saber estar alegres y llenos de esperanza incluso en medio de las tribulaciones que son propias a esta vida.

Le propongo que durante este mes todos los suyos recen en familia y mediten en esta bonita oración del mes de María. Ella ciertamente los ayudará a comprenderse mejor a sí mismos y también a comprender los infortunios que nos sobrevienen, entre los cuales los temblores y terremotos.

Muchas gracias por su audición, y recuerde que nos puede seguir en www.accionfamilia.org

Hasta la próxima semana en esta misma SU emisora.

 

 

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