Mes de Junio, mes del Sagrado Corazón

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Junio mes del Sagrado Corazón

Estimado radioyente:

Como es del conocimiento de nuestros auditores, los programas de Credo Chile se dedican normalmente a temas de la contingencia relacionados con la familia.

Ello, porque nos parece necesario contribuir a analizar e intentar solucionar las dificultades con que se deparan los padres de familia para educar a sus hijos cristianamente, de acuerdo a las enseñanzas tradicionales de la Santa Iglesia.

Tarea siempre más difícil, dada la creciente crisis moral en medio de la cual los padres tienen la responsabilidad de formarlos.

Sin embargo, en el programa de hoy queremos hacer una excepción y dedicarlo a un tema que sobrevuela y al mismo tiempo resuelve las dificultades de la contingencia diaria.

Se trata de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, cuyo mes se celebra precisamente en junio, que acabamos de comenzar.

El Papa Clemente XIII instituyó, en 1765, la celebración oficial de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús para todos los países e iglesias que lo solicitasen. Y el Beato Pío IX, en 1856, la extendió a toda la Iglesia universal.

Para hablarnos del Sagrado Corazón le daremos la palabra a uno de sus más fervorosos devotos, Plinio Corrêa de Oliveira, quien recuerda que aún antes de pronunciar las palabras papá y mamá, su distinguida madre —Doña Lucilia— le enseñó a que cuando le preguntasen dónde estaba Jesús, apuntase hacia una piadosa imagen del Sagrado Corazón que se encontraba en un pequeño oratorio de su cuarto.

Pero antes situemos las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque, en Francia. Ellas se dieron a una joven religiosa, posteriormente canonizada, del Convento de la Visitación, en el año de 1674 y 1675. Diez años después, en 1685 y 1686, aún le reveló sus magníficas promesas al género humano.

Todos esos mensajes iban orientados a atraer a los hombres hacia el amor y la misericordia divina, de la cual Francia se encontraba muy distanciada por influencia de las herejías del jansenismo que transformaba la Fe, en meros ritos sin fervor ni piedad.

El día 13 y el 21 de junio de 1675, estando Santa Margarita María como de costumbre en oración ante el Santísimo Sacramento, Nuestro Señor le dijo, presentando su divino Corazón:

“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha reservado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor. Como reconocimiento no recibo de la mayor parte de ellos sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sus sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de Amor. Sin embargo, lo que me es más sensible es que hay corazones consagrados que actúan así”.

“Por esto te pido que el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento sea dedicado a una fiesta particular para honrar a mi Corazón, comulgando ese día y reparando las injurias que recibió durante el tiempo que estuvo expuesto en los altares.

“Te prometo que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia los influjos de su divino amor sobre quienes le presten esta honra”.

Las revelaciones dadas a la joven santa francesa son propias a estimular la confianza en la ayuda extraordinaria del Sagrado Corazón para todos aquellos que recurran a Él.

Es precisamente esto lo que hace notar Plinio Corrêa de Oliveira en su artículo escrito en el diario “El Legionario”, en los remotos años de 1941, en plena Segunda Guerra mundial

 

“Insistentemente han recomendado los Papas que la humanidad intensifique el culto que presta al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que, regenerado el hombre por la gracia de Dios, y comprendiendo que debe ser Dios el centro de sus afectos, pueda reinar nuevamente en el mundo aquella tranquilidad del orden, de la cual tanto más distantes estamos cuanto más el mundo se despeña hacia la anarquía.

“Así, no podría un (programa radial) católico pasar desapercibido el mes consagrado al Sagrado Corazón. No se trata apenas de un deber de piedad impuesto por el propio orden de las cosas, sino de un deber que la tragedia contemporánea vuelve más trágicamente apremiante.

“No hay quien no se alarme con los extremos de crueldad a que puede llegar el hombre contemporáneo. Esa crueldad no se atestigua apenas en los campos de batalla. Ella trasparece a cada paso, en los grandes y en los pequeños incidentes de la vida de todos los días, a través de la extraordinaria dureza y frialdad de corazón con que la generalidad de las personas trata a sus semejantes.

“Así, será solamente aumentando en los hombres el amor de Dios, que se podrá conseguir de ellos una profunda comprensión de sus deberes hacia el prójimo. Combatir el egoísmo es tarea que conlleva necesariamente a dilatar los espacios del amor de Dios, según la bellísima frase de San Agustín.

“Ahora bien, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es, por excelencia, la fiesta del amor de Dios. En ella la Iglesia nos propone, como tema de meditación y objeto de nuestras plegarias, el amor tiernísimo e invariable de Dios que, hecho hombre, murió por nosotros. Mostrándonos el Corazón de Jesús ardiendo de amor, a despecho de las espinas con que lo circundamos por nuestras ofensas, la Iglesia nos abre la perspectiva de un perdón misericordioso y amplio, de un amor infinito y perfecto, de una alegría completa e inmaculada, que deben constituir el encanto perenne de la vida espiritual de todos los verdaderos católicos.

“Amemos al Sagrado Corazón de Jesús. Esforcémonos para que esa devoción triunfe auténticamente en todos los hogares, en todos los ambientes, y, sobre todo, en todos los corazones. Sólo así conseguiremos reformar al hombre contemporáneo”.

Hasta aquí el texto del autor católico, Corrêa de Oliveira.

Para concluir, digamos que desde los años 40 del siglo pasado, en que fueron escritas estas consideraciones, hasta la fecha, han pasado más de 80 años y los corazones se encuentran más distantes de la fuente de la misericordia que es precisamente ese Corazón divino.

En vano se buscan las soluciones en los campos donde ella no se encuentra, en la técnica, en el progreso científico o en el regreso a la vida tribal y salvaje. Ni en la frialdad de la técnica o de los cálculos científicos, ni menos aún en las supersticiones neo paganas de la vida tribal, se encontrará el equilibrio que brota de la paz de alma.

Sólo acercándonos a esa llama que permanece siempre encendida, llamándonos para ser atraídos por ese divino corazón es que recibiremos lo que le es propio. La sabiduría en conocer las cosas y en resolver los problemas que a todos nos aquejan.

Que durante este mes de junio podamos tener muchas oportunidades para recurrir en familia o individualmente al Sagrado Corazón de Jesús.

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