Los pavos mueren en junio

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Estimado radioyente:

Cuando el día del santo patrono se celebraba más que el cumpleaños de las personas,  cuando las fiestas eran celebradas en la mesa con abundantes comidas y  cuando las aves no se criaban de modo industrial, como hoy, se decía que la vida de los pavos duraba hasta Junio.

¡Y con razón!

En realidad, son tantas las personas bautizadas con los nombre de Pedro, Pablo, Juan, Antonio, Luis, Guillermo o Alicia y Clotilde,  quizá también Ud. que nos oye lleva uno de estos nombres, que pocos quedan sin celebrarse en este mes. Siendo el pavo un elemento fundamental en el menú del almuerzo del santo, la vida de los pavos literalmente duraba hasta este mes de junio.

Sin embargo, no todos los que se reconocen bajo estos nombres y se sientan a celebrar a sus santos patronos,  conocen bien quiénes fueron y qué hicieron estos santos.  

Por eso dedicamos este programa a conocer un poco más algunos de los principales del mes de junio, San Juan, San Pedro y San Pablo.

San Juan Bautista, que se celebró el pasado 24 de junio,  representa la unión de la santidad de los dos períodos de la Historia de la Salvación: El Antiguo y el Nuevo Testamento. Él fue primo y contemporáneo de Nuestro Señor Jesucristo, hijo de la prima de la Santísima Virgen, Santa Isabel, y –cuando ambos estaban en el vientre de sus madres- Juan se alegró al sentir, por la voz de María, la presencia del Redentor.

El evangelio de San Lucas nos muestra este momento de la Visitación: También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con espíritu profético, exclamó: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor”. Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan.

De modo ciertamente extraordinario, pero no por eso menos verdadero, San Juan nos dio, tres meses antes de su nacimiento, prueba de cuánto hay de vida en el niño antes de nacer, todavía en el vientre materno. Una primera lección para quienes hoy quieren legalizar el aborto, diciendo que el ser en gestación no es humano, no piensa ni sufre. San Juan, ya antes de su nacimiento nos dejó este extraordinario ejemplo de lo contrario.

Sin embargo, no fue sólo, ni principalmente por ello, que San Juan fue un gran santo. Su vida de penitencia y de oración en el desierto, para preparar los caminos y las almas para la llegada del Mesías, lo hicieron famoso en toda la Judea. Su palabra era tenida como venida de Dios y su influencia delante del pueblo israelita era decisiva.

Los judíos empezaron a sospechar si él era el Cristo que tenía que venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle “¿Tu quién eres?” El confesó claramente: “Yo no soy el Cristo” Insistieron: “¿Cómo, entonces, bautizas?” Respondió Juan, diciendo: “Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. Él es el que ha de venir después de mí…”

Más tarde,  cuando el rey Herodes se unió adulterinamente con Herodías, la esposa de su hermano Filipo, Juan le recriminó diciendo: “No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano”.

Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por lo que le decía.

Sin comprenderlo, Herodías iba a ser la ocasión del primer mártir que murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del divorcio. Hasta hoy, y para siempre,  la Iglesia nos recuerda delante del adulterio la increpación de San Juan: “No te es lícito”.

En efecto, el profeta de Nuestro Señor fue degollado por esta actitud, y así comenzó la larga historia de los santos que se opondrían al divorcio en cualquier circunstancia y pagarían con ello el precio de sus propias vidas. Santo Tomás Moro, también festejado en Junio, fue otro ejemplo admirable de la misma actitud en contra del divorcio del rey Enrique VIII de Inglaterra.

Pasemos a comentar algo sobre la pasada fiesta de San Pedro y San Pablo, mal celebrada el día feriado del lunes, como si las fechas se pudiesen correr sólo para hacer más largo los fines de semana.

A lo largo de todo el litoral de nuestras costas, desde Arica hasta los más extremos rincones del sur,  los pescadores se dieron cita para celebrar a San Pedro, su santo patrono, engalanando sus naves con vistosas banderas y acompañando la imagen del Santo, debidamente trasladada en una de las barcas.

En estas fiestas de los pescadores, donde se reúne el amor al trabajo honesto, a las tradiciones del oficio y a una auténtica Fe de los que así celebran, vemos una de las más auténticas y valiosa de las características del trabajador chileno.

Saber enfrentar las adversidades del mar, tener constancia y perseverancia cuando la pesca parece esquiva, alegrarse con lo obtenido después de muchas horas de trabajo, es, en cierta forma, una representación exacta de lo que es la vida para todos los hombres.

Valentía para enfrentar los riesgos, constancia para soportar las adversidades y satisfacción por el deber cumplido, a la espera de la recompensa eterna, constituyen la columna vertebral de la existencia sobre la tierra.

Y de ella nos dieron un ejemplo acabado los santos Pedro y Paulo.

San Pedro fue la primera cabeza visible de la Iglesia instituida por Nuestro Señor Jesucristo: “Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.

Desde Pedro hasta nuestros días, a pesar de la debilidad de los hombres, la Iglesia ha mantenido su unidad en la Fe y su continuidad en la tradición, en virtud de esta promesa divina.

En los días conturbados en que la Iglesia vive, atacada desde fuera por quienes pretenden destruirla en su prestigio y en sus enseñanzas; y, desde dentro, por aquellos que pretenden transformarla en una institución democrática, sin dogmas ni doctrinas inmutables, recordemos la promesa Divina de que Ella nunca será vencida ni destruida.

San Pablo, , por su parte, evangelizó a los paganos de su época, o sea a los que no pertenecían al pueblo judío y adoraban falsos dioses, y después de haber convertido miles de ellos a la Fe católica, fue condenado a muerte por el odio que le profesaban tanto los judíos empedernidos en el error, cuanto los paganos romanos, apegados a sus ídolos.

Antes de ser decapitado,  Pablo exclamó en una de sus epístolas: “He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe”.

Esta proclamación debería ser el epitafio de todo verdadero católico, de tal modo sintetiza el ideal de la vida del cristiano.

Como Ud. puede ver, estimado radioyente, valió la pena celebrar a tan grandes santos, y también a quienes llevas sus nombres, y sobre todo recordar sus ejemplares vidas para poder imitarlas.

Aunque, para alegrar esas celebraciones, la mayoría de los pavos sólo vivan hasta junio.

Muchas gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en www.accionfamilia.org o en esta misma SU emisora, la próxima semana a esta misma hora.

 

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