Lecciones para educar a los hijos

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Estimados radioyentes:

La semana pasada comentamos los hechos protagonizados por jóvenes recién salidos de la niñez, de 15 o 16 años, quienes cometieron el horrible atentado contra el Cristo crucificado de la Iglesia de la Gratitud Nacional, en Santiago.

El hecho ocurrido nos hizo ver que algunas veces la educación que los padres dan a sus hijos deja mucho que desear. Tanto es así que los propios Carabineros encargados del Orden público se han dirigido en más de una ocasión a los padres de familia para que tomen conciencia de lo que a veces ocurre con sus hijos cuando salen de sus casas.

En realidad los padres de familia no deben pensar que el colegio o las otras instituciones a donde los manden son los primeros encargados de educarlos. Son los propios padres los principales responsables de la educación de sus hijos. Lo cual es un derecho y un deber pesado de cumplir.

Nos pareció entonces que podría servir a nuestros auditores conocer algunos sabios principios pedagógicos entregados por un gran moralista del siglo XVII y Doctor de la Iglesia, San Alfonso María de Ligorio, fundador de la Orden de los PP Redentoristas. Nuestro santo nació en Nápoles de padres nobles y tuvo siempre, además de una virtud excepcional una inteligencia brillante, Siendo un adolescente de 12 años, en 1708, dados sus grandes conocimientos, se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nápoles. Como un caso excepcional, a los 16 años obtuvo con notas sobresalientes el grado de doctor en derecho civil y en derecho canónico, por esto es tenido como uno de los patronos de los abogados. Le pasamos la palabra a este Santo:

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ADVERTENCIA A LOS PADRES (Y A QUIENES VAN A SERLO)

El Evangelio nos dice que un buen árbol no produce mal fruto, y que un árbol malo no puede producir fruto bueno. Lo que aprendemos de esto, es que un buen padre cría hijos buenos. Pero que si los padres son débiles, ¿cómo pueden ser sus hijos virtuosos? ¿Por acaso, pregunta Nuestro Señor en el Evangelio, se recogen uvas de los espinos, e higos de los abrojos? (San Mateo 7:16). Así es casi imposible, o de hecho muy difícil, encontrar hijos virtuosos criados por padres inmorales.

Padres, estad atentos a este sermón, de gran importancia para la salvación eterna de vosotros y de vuestros hijos. Estad atentos, jóvenes, de uno y otro sexo, que no habéis elegido aún vuestro estado de vida. Si deseáis casaros, aprended las obligaciones que se contraen en relación a la formación de vuestros hijos, y aprended también, que si vosotros no las llenáis, traeréis sobre vosotros y sobre vuestros hijos la condenación.

Un padre tiene dos obligaciones para con sus hijos; está obligado a proveerlos de sus necesidades corporales y de educarles en la virtud. No es necesario extendernos sobre la primera obligación,(…). Pero, discutamos sobre la formación que es la materia de nuestro artículo.

Ciertamente que la futura buena o mala conducta de un hijo depende de si él se ha criado bien o insuficientemente. La naturaleza por sí misma enseña a cada padre a cuidar de la educación de su descendencia. Dios les da hijos a los padres, no para que puedan sustentar a la familia, sino para que crezcan en el temor de Dios, y sean conducidos en el camino de la salvación eterna.

Un gran Padre de la Iglesia dijo que, en el día del Juicio, los padres tendrán que rendir cuentas por todos los pecados de sus hijos. Así que aquel que enseña a su hijo a vivir en el bien, tendrá una muerte feliz y tranquila.

[Hacen mal] aquellos que ven a sus hijos con malas compañías y en riñas, y en lugar de corregirles y castigarles, les toman compasión y dicen: “¿Qué puedo hacer? Son jóvenes, esperemos que cuando maduren se alejen de ello”. ¡Qué palabras tan débiles, qué educación tan cruel! ¿Esperan realmente que cuando maduren los hijos lleguen a ser santos? Escuchad lo que dice Salomón: Mostrad al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá en él aun en la vejez. (Prov. 22:6)

Vayamos al segundo punto, que es, sobre los medios para formar a los hijos en la práctica de la virtud.

San Pablo nos enseña en pocas palabras en qué consiste la educación idónea de los hijos. Nos dice que ésta consiste en la disciplina y la corrección. Disciplina es igual a regulación religiosa de la moral en los niños e implica una obligación de educarles en hábitos de virtud, por medio de la palabra y el ejemplo.

Que cosa tan miserable es ver a ciertos padres y madres incapaces de instruir a sus hijos e hijas en la doctrina Cristiana, empleándose en ocupaciones de poca monta, y cuando ellos crecen, no saben el significado de pecado mortal, de Infierno o de eternidad. No saben siquiera el Credo, el Padre Nuestro, o el Ave María.

Sin embargo, los padres están obligados a instruir a sus hijos en la práctica de la virtud, no solamente por medio de palabras, sino, también con el ejemplo. Si dais a vuestros hijos mal ejemplo, ¿cómo esperáis que sigan una vida correcta? Cuando un joven disoluto es corregido por una falta, su respuesta será: “¿Por qué me censuras, si mi padre hace cosas peores?”

Una fábula nos relata, que había un cangrejo que reprendía a sus hijos por caminar hacia atrás, estos replicaron, “padre, veamos como caminas.” El padre caminó delante de ellos, aún más torcidamente que sus vástagos. Esto sucede cuando un padre da mal ejemplo. Por esto no tendrá el valor de corregir los pecados de los suyos cuando él mismo los comete”.

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Quizá algún oyente nos objete que estos consejos son muy antiguos y que hoy los hijos no aceptan obedecer a los padres como antes.

A este objetante le decimos que la naturaleza humana no ha cambiado, así como hay un período para sembrar y otro para cosechar, así también existe un período para enseñar y otro para cosechar.

El primero, normalmente es cuando  los niños son pequeños y conservan el deseo de imitar a los padres. Si éstos aprovechan ese corto período de tiempo que va desde que el niño comienza a tener discernimiento de las cosas que lo rodean (que puede empezar a los 3 o 4 años), hasta que se vuelve más autónomo e independiente con la adolescencia (que puede variar), sus padres habrán sembrado en el momento oportuno.

Esperamos haberle ayudado en esta gran y noble tarea de la educación.

Es poco probable que los padres de los profanadores del Cristo los hayan enseñado así cuando eran niños. Si lo hicieron y fueron los hijos los que se desviaron por culpa propia, esos padres pueden estar con la conciencia tranquila. Pero si no lo hicieron, ¿cómo no pensar en el cargo de conciencia que tendrán en estos momentos, por la gravísima profanación que sus hijos realizaron y de la cual ellos son en parte responsables?

Ejemplo ilustrativo de  lo que hemos comentado, son las declaraciones de la Sra. Myriam Carvajal, presidenta del centro de padres del Instituto Barros Arana, destruido por los alumnos en toma, en el sentido de que los adultos tienen parte de la responsabilidad: “No nos hemos hecho cargo de nuestros hijos en la casa. Los valores y disciplina vienen de los hogares, y si hay niños que se tratan mal o responden mal, es porque las familias están disfuncionales. Es responsabilidad de todos que los chicos hoy no conozcan los límites”

Lo mismo declaró otra apoderada, la Sra. Pamela González. Según ella lo ocurrido es “una falta de compromiso de todos los papás, porque se dice que el centro de padres debiera hacerse responsable, pero todos somos padres”.

Como dice el refrán: “No adelanta llorar sobre la leche derramada” pero, al menos, aprovechemos de sacar la lección.

Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en www.accionfamilia.org. Nos volvemos a encontrar la próxima semana en esta SU emisora .

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