La salud mental, un tema en el tapete.

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Estimado radioyente:

Ciertamente Ud. ya oyó hablar varias veces de que el tema de la “salud mental” está afectando seriamente la vida estudiantil, laboral, profesional, etc.

Veamos primero algunas opiniones al respecto, y después demos la nuestra.

“En la semana nos revientan con controles. El fin de semana nos reventamos en los carretes”. Así caracteriza un estudiante los vaivenes de la salud mental universitaria.

De acuerdo a Nicole Martínez, candidata del Frente Amplio para las últimas elecciones de la FECh considera que se trata de “un problema complejo” y que “la universidad tiene el rol de tomarlo en serio e impulsar una política de salud mental y bienestar, que hoy día no existe”. En su análisis, esto ocurre porque “la Universidad de Chile replica un sistema educativo neoliberal, que pone por delante la competencia, la auto exigencia y el rendimiento a ciegas; y propone estándares de rendimiento que son irreales, que no son cumplidos ni siquiera por el promedio de quienes estudiamos y que terminan manifestándose en situaciones incluso de suicidios y altas tasas de depresión en nuestra comunidad”.

En el campo Legislativo la situación de la salud mental también preocupa. , Gabriel Boric, quien, luego de que en octubre de 2018 se internase voluntariamente en el Hospital Psiquiátrico de la Universidad de Chile para tratar su Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), ha visibilizado el tema de salud mental: «Nuevo suicidio en el metro. Una persona más a la que no alcanzamos a llegar como sociedad. Quizás qué penas y angustias tenía que no pudo soportar… El acceso a la salud mental debe ser una prioridad como país», twitteó.

Desde el campo del Ejecutivo y de acuerdo al Ministerio de Salud -Minsal- se estima que un 23,2% de «los años perdidos por discapacidad o muerte están determinados por las condiciones neuro-psiquiátricas», mientras que los problemas relacionados a salud mental afectan mayormente a «personas con menor nivel educacional, a los más jóvenes, a las mujeres, impactan de manera particular a personas de pueblos originarios y empiezan tempranamente en la vida: entre los niños de 4 a 11 años, un 27,8% presenta alguno de estos trastornos».

Relacionado con el mismo asunto, y fuera de nuestro territorio, el fin de semana pasado el conocido diario “New York Time” publicó un largo reportaje sobre la influencia de los animales para mejorar la salud mental y el creciente recurso a ser acompañados por gansos y otros animales exóticos. El artículo fue republicado en los principales diarios del Continente sudamericano. De acuerdo con el referido reportaje, “El número de personas que afirma que tiene el derecho a vivir con animales en aras de su salud mental, así como de llevarlos en aviones e ir con ellos a restaurantes y tiendas, ha ido creciendo rápidamente. En 2011, el Registro Nacional de Animales de Servicio, una empresa con fines de lucro que vende a los dueños certificados y chalecos para los animales que los hace parecer oficiales, tenía 2400 animales de servicio y apoyo emocional en su registro. Ahora son casi 200.000.

 

Al respecto del mismo problema de la salud mental a partir de los primeros años de la vida el Presidente Piñera sostuvo al respecto que: “Hoy a los niños los mandan al psicólogo, les dan todo tipo de medicamentos… sobre diagnosticados. En mis tiempos, oiga, una patada en el traste y era el mejor y santo remedio. Y, además, gratis”.

¿Qué pensar respecto de estos diferentes planteamientos?

En primer lugar llama la atención que tanto los profesionales de la salud mental, psiquiatras y psicólogos cuanto los responsables de las instituciones educativas, se refieren poco al tema de la familia, como la principal solución a esta situación.

En efecto, si en el tiempo del Presidente Piñera bastaba “una patada en el traste como santo remedio”, era porque el niño que la sufría tenía perfecta conciencia y sentimiento de que quien se la daba era un padre que lo quería y una madre que lo defendía. Sabía también que a sus hermanos les habían dado la misma “medicina” y que todos ellos lo acompañaban en sus dificultades.

De ahí que cuando él se enfrentaba con situaciones anómalas que tendían a perjudicar su equilibrio mental, tenía a su alcance la primera y más importante red de apoyo. Un padre, una madre, hermanos, abuelos y tíos que lo protegían.

Hoy ese “remedio” no funciona, porque el niño ya no tiene ninguno de esos referentes, o si los tiene, cada vez ellos están menos presentes en el panorama de todos los días.

Esta misma semana pasada la Corte Suprema dio su opinión favorable respecto a la adopción de menores de edad por parte de uniones homosexuales.

Cuándo un niño no tuvo el cariño de una madre que temperase la autoridad de un padre, por más que ellos hayan sido sus padres adoptivos, ¿es posible pedirle que delante de los estudios o de cualquier otra dificultad de la vida, él no se desequilibre?

Sin embargo, quienes opinan al respecto omiten la primera y la más importante de las causas, o sea la necesidad de una familia conformada por un padre y una madre, que sea estable, y que esté presente en las dificultades de sus hijos. Sin esta primera condición, difícilmente se hallará solución al problema de la salud mental.

Y la razón es muy simple, es precisamente en la primera edad de la vida que se forman las capacidades para su vida de adultos.

Tomemos por ejemplo los descubrimientos realizados por investigadores del Instituto de Psiquiatría de Londres, publicados en 2003.

El estudio tuvo como objetivo comparar las puntuaciones sobre el comportamiento de más de 1.000 niños de tres años de edad, y luego cuando cumplieron 26 años y dado a conocer recientemente por el Canal 13 de TV

“Los niños fueron clasificados en categorías como: “bien adaptado”, “bajo control”, “confiado” y “reservado”.

“En esta oportunidad se apreciaron muchas consistencias, como por ejemplo el niño “confiado” se convirtió en un adulto más extrovertido, mientras que los “reservados” fueron clasificados como los menos extrovertidos.

“Cada vez más los investigadores se convencen que las raíces de los problemas psicológicos de los adultos se encuentran en las tendencias mostradas en nuestro comportamiento durante los primeros años de vida.

Quizá algún auditor nos objete que también los niños educados por familias estables sufren depresiones y que por lo tanto nuestras conclusiones no encuentran respaldo en la experiencia.

Al objetante le respondemos que efectivamente esto puede suceder, pero no es la regla común, ni es en virtud de tener una familia bien constituida que los niños pueden enfermarse.

Además de lo anterior, se debe agregar otro aspecto también muy poco o nada considerado por los interesados en la materia. Se trata del tipo de educación que se proporciona a los niños.

A partir de la mitad del siglo pasado, el éxito y la felicidad en la vida fueron considerados los principales objetivos de la existencia sobre esta tierra. La propaganda, la moda, los principios generales de la educación se apoyaron en este presupuesto falso: la vida es para pasarla bien.

Lo que ocurre cuando el niño es formado en este presupuesto, es que cuando no lo pasa bien, entonces pierde la razón de existir.

Muy pocos formadores comprenden hoy lo que se reza en la “Salve Reina”, “A ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas”.

Sí, la vida es una “valle de lágrimas”, y es desde los primeros años, y de acuerdo a las circunstancias concretas que se debe ir formando la conciencia infantil en la idea de que existen cruces, probaciones y dificultades que es necesario enfrentar en la vida diaria.

De lo contrario, nunca se obtendrá la salud mental. No será por leyes que acorten las horas de trabajo, ni por animales domésticos que nos acompañen, ni por menos horas de estudio en el colegio o en la Universidad, que se podrá alcanzar el equilibrio mental.

No huyamos del más fácil y del más natural de los remedios: reconstituir la familia en su integridad cristiana. De lo contrario siempre llegaremos a la trágica realidad expresada por el estudiante universitario que transcribimos al comienzo del programa: “En la semana nos revientan con controles. El fin de semana nos reventamos en los carretes.”

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Muchas gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en wwwcredochile.cl o en esta SU emisora, semana a semana en esta misma hora.

 

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