La nación chilena y las glorias del Ejército nacional

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Soldados gloriosos

Estimado radioyente:

Ud. debe concordar conmigo que hay veces en que valoramos a las personas y a las instituciones cuando ellas están ausentes o lejanas.

¡Cuántas veces hemos sentido un vacío por la partida de un pariente o de un amigo mayor de lo que creíamos que cuando lo teníamos al lado!

Esto ocurre también con las instituciones.

Imagínese por ejemplo que desapareciera el colegio donde Ud. se educó, o la Iglesia donde se casó o bautizó a sus hijos, incluso la casa donde durante tanto tiempo vivió. Todas esas ausencias nos demuestran que estas instituciones eran para nosotros mucho más entrañables de lo que pensábamos. Al punto de que cuando nos faltan, algo parece que muere en nosotros.

Estas consideraciones las realizamos por lo que cientos de miles de chilenos sintieron por la ausencia de la Parada Militar el pasado 19 de septiembre y por lo pobre, aislado y silencioso de los festejos patrios.

Creo que nunca tuvimos una conmemoración Patria tan privada de aquello que es lo más propio de nuestro sentir de chilenos.

Sin embargo, nos equivocaríamos si dijéramos que ésta es una mera sensación. Ella es mucho más que un mero sentimiento nostálgico o belicoso, es, en cierto sentido, nuestra propia identidad nacional y que encuentra sus raíces en profundos valores naturales y cristianos.

Veamos qué decía al respecto, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira en su clásico ensayo, “Revolución y Contra Revolución”.

“En el paraíso técnico de la Revolución, la paz tiene que ser perpetua. Pues la ciencia demuestra que la guerra es un mal. Y la técnica consigue evitar todas las causas de las guerras.

“De ahí una incompatibilidad fundamental entre la Revolución y las Fuerzas Armadas, las cuales deberán ser enteramente abolidas. En la República Universal habrá solamente una policía, mientras los progresos de la ciencia y de la técnica no acabaren de eliminar el crimen”.

El citado autor también comenta también en su libro el papel de los uniformes militares:

“El uniforme, por su simple presencia, afirma implícitamente algunas verdades, un tanto genéricas, sin duda, pero de índole ciertamente contra-revolucionaria:

  • La existencia de valores que importan más que la vida y por los cuales se debe morir, lo que es contrario a la mentalidad socialista, toda hecha de horror al riesgo y al dolor, de adoración de la seguridad y de supremo apego a la vida terrena.
  • La existencia de una moral, pues la condición militar está totalmente fundada sobre ideas de honor, de fuerza puesta al servicio del bien y dirigida contra el mal, etc.”

Y concluye el autor afirmando que los países valen en la medida en que valoricen a sus FFAA y de Orden, pues en tiempos de guerra, es fácil valorarlos, pero demuestra previsión y sabiduría valorarlos en las épocas de paz.

Por todo ello, la ausencia de un desfile militar, como el que conocemos y admiramos los 19 de septiembre en el Parque O’Higgins, nos muestra cuánto valen para los chilenos sus FFAA y de Orden.

En este sentido, viene a propósito transcribir en este comentario radial una consideración publicada en un diario de la capital, el pasado 19 de octubre, en el cual se hace hincapié en estas mismas verdades que acabamos de señalar:

¿Y qué es el Ejército?

Simplemente un grupo de chilenos entrenados militarmente que han jurado defender a su patria hasta rendir la vida si fuere necesario.

Lamentablemente, cuando cesa el tronar de cañones y las trincheras están silentes, se olvida su importancia. Inclusive algunos ingenuamente consideran que no es necesario, soñando con la utopía de un mundo sin conflictos. Olvidan, sin embargo, que en gran medida los cañones no truenan ni hay trincheras con ruido de metralla porque el Ejército existe y está bien preparado. Celebremos, pues, el día de sus glorias, con una estrofa de la Marcha Triunfal de Rubén Darío: “…al que ama la insignia del suelo materno,/al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano,/los soles del rojo verano,/las nieves y vientos del gélido invierno,/la noche, la escarcha/y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,/¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!”.

Por todo lo anterior es que muchos chilenos sintieron una profunda indignación cuando en una manifestación de extremistas indigenistas ocurrida en la comuna de Lumaco, Comuneros Mapuches arrastraron por las calles busto de capitán Ignacio Carrera Pinto.

Precisamente fue Ignacio Carrera Pinto el oficial chileno que comandó la pequeña tropa de soldados en la Concepción, y a quien, delante de la inferioridad numérica, el comandante peruano le ofreció rendirse. Su respuesta y el posterior holocausto de todos los soldados, ha consagrado ese día, el 9 de julio, como aquel en que todos los soldados de Chile hacen el juramento a la bandera nacional.

Para finalizar este comentario, transcribimos la respuesta del Capitán Carrera al oficial peruano: “En la capital de Chile, y en uno de los principales paseos públicos, existe inmortalizada en el bronce la estatua del Prócer de nuestra Independencia, General don José Miguel Carrera, cuya misma sangre corre en mis venas; por cuya razón comprenderá Usted que ni como chileno, ni como descendiente de aquél, deben intimidarme ni el número de sus tropas ni las amenazas del rigor. Dios le guarde a Usted…”

Concluimos estas consideraciones pidiendo a la Santísima Virgen del Carmen, Reina y Patrona de Chile y Generala Jurada de nuestras Fuerzas Armadas, que Ella proteja a la nación y a la noble institución armada, así como a todos sus familiares. (poner un trecho de los “viejos estandartes”)

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