La “masculinidad tóxica” vs. el espíritu de caballería

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Si hay una constante en todas las manifestaciones feministas que hemos conocido en estos últimos meses es la de considerar que todos los hombres son unos “violadores” en potencia.

Tal forma de presentar a la masculinidad, como siendo siempre tóxica, no es una singularidad de las feministas chilenas. Ella se expande por todo el mundo y pretende caricaturizar el papel del hombre en la sociedad.

Por eso mismo nos pareció oportuno en este primer programa del año, dar a conocer un interesante comentario del Sr. John Horvat, dirigente de la Sociedad American de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad de esa nación y autor del libro “Vuelta al Orden”, a propósito de lo que se llama “la masculinidad tóxica”.

Le pasamos la palabra:

“’Masculinidad tóxica’ es una de esas expresiones en boga que se dejan intencionalmente ambiguas, a la vez que se les carga de un fuerte contenido emocional, para que así causen estragos en la sociedad.

 

Antes confinado a los programas académicos de estudios sobre la mujer, el término ha roto su jaula y parece estar en todas partes. En estos tiempos de #NiUnaMenos y #MeToo, cualquiera puede alegar ser víctima de la masculinidad tóxica, que sería la causante de la ‘cultura de violación’.

En buena medida, la etiqueta ‘masculinidad tóxica’ es válida para expresar en qué se están convirtiendo muchos hombres modernos. No debería sorprendernos: este mundo ha desarrollado una noción tóxica de masculinidad.

La revolución sexual engendró un hombre-monstruo, lo creó y alimentó. Todo el contexto cultural se empeñó en hacer que los varones se comporten como muchos lo están haciendo. Los medios de prensa y de entretenimiento han celebrado la destrucción de las nociones tradicionales de lo que un hombre debería ser. Y tal esfuerzo ha creado a una criatura alocada y confusa.

Ahora, los fabricantes de este frankenstein se vuelven contra él y lo condenan, colgándole un cartel garabateado con las palabras ‘masculinidad tóxica’, en rosado fosforescente.

Muchos hombres de hoy se han complacido en destrozar los límites de la conducta masculina tradicional, y han abrazado una vida desenfrenada de promiscuidad y contradicción, llena de pecado.

Este modelo masculino está desconectado de las nociones tradicionales de familia. Es sexualmente activo en un mundo hipersexualizado que alienta con entusiasmo cualquier relación consensual sin consecuencias. Es parte de una cultura de sexo al paso, que atiende sus instintos más primarios y aborrece la castidad.

Este modelo masculino también está desligado de la responsabilidad, especialmente la familiar. Es inmaduro e infantil, impulsado por la búsqueda del placer. Es egocéntrico y se dedica a buscar emociones baratas y pequeños riesgos que satisfagan deseos mediocres. Él es el centro de su pequeño mundo, que a menudo no va más allá de sus narices.

La revolución sexual incita al varón a tener todas las mujeres que pueda, y después le acusa de depredador sexual

Es un manojo de desenfreno e inestabilidad. Se rinde a sus propios caprichos. El hombre-monstruo es superficial en su perspectiva, brutal en sus modales y violento en sus hábitos (y videojuegos). También puede ser vanidoso al buscar la imagen corporal ideal.

Los ideólogos feministas han complicado este modelo masculino al agregarle contradicciones. Insisten en que los machos alfa deben expresar sus emociones y sentimientos. A estos hombres-monstruos ahora les dicen que sean un poco menos monstruos. Que no tengan miedo de sentir miedo.

Así, no debe sorprendernos que el resultado de este modelo masculino contradictorio sea desastroso. El panorama masculino actual es caótico. Cada vez más varones cometen crímenes violentos, llenan las prisiones y abusan de sustancias tóxicas. Los hombres se deprimen y se suicidan. Ahora todos gritan que este modelo de masculinidad está matando hombres. Es tóxico.

Y no podría ser de otra manera. Los hombres están recibiendo señales contradictorias hoy. A sus cuerpos conducidos por la testosterona se les dice que repriman la agresividad. Se les anima a ser sexualmente activos, y ahora se les acusa de depredadores. En resumen, tienen que ser ‘hombres de verdad’ y a la vez se les manda ‘acobardarse’. El resultado es que esta última reinvención de los hombres ha sido un funesto fracaso.

Las feministas, aún no satisfechas con esta caricatura masculina, ahora claman que la masculinidad debe ser totalmente rechazada como ‘tóxica’.

Eliminar la masculinidad es el nuevo objetivo. No es cambiar a los hombres un poco en esto o aquello otro. Es cambiar al varón cuestionando su naturaleza. Esto implica negarse a reconocer la indiscutible diferencia entre hombres y mujeres observada a lo largo de la Historia.

La nueva policía de género decreta que todos los conceptos de hombre son construcciones sociales arbitrarias que deben eliminarse. Por lo tanto, cualquier estructura que refuerce los roles tradicionales masculinos, y hasta el monstruo masculino que crearon, deben destruirse sin piedad desde la infancia hasta la vejez. No más soldados de juguete. No más deportes violentos. Nada más que insinúe que el hombre es diferente de la mujer.

La Asociación Americana de Psicología, por ejemplo, ha publicado directrices para ayudar a hombres y niños a lidiar con la “ideología de la masculinidad tradicional” que supuestamente dificulta su desarrollo cabal. Deben apartarse de todos los estereotipos masculinos y no ser lo que son.

‘Las tres palabras más destructivas que cada hombre recibe de niño, es cuando se le dice: ’sé hombre’, dice el autor Joe Ehrmann, un ex entrenador de fútbol que desafía las nociones tradicionales de masculinidad.

Por lo tanto, el macho deconstruido no debe ser rudo ni agresivo en absoluto. Debe ser emocional. Los hombres siempre han tendido a externalizar el dolor y el estrés, mientras que las mujeres los internalizan. Ahora deben crearse espacios seguros donde los hombres puedan aprender a lidiar con su yo interior.

No está claro exactamente cómo sería este nuevo no-hombre. Sin embargo, admitimos como cierto que el macho desintoxicado se parecería mucho a una hembra.

Pero el objetivo final no es hacer que los hombres sean afeminados. El universo de géneros deconstruidos desea un mundo posmoderno en el que nada esté definido. Es un mundo de realidad andrógina autocreada. Implica una libertad total y utópica por la cual un individuo puede autoidentificarse para ser lo que (él/ella/o el pronombre que prefiera usar) quiera.

Así, la eliminación de la masculinidad tóxica será tóxica, pues establecerá un mundo oscuro e infernal de fantasía andrógina que no tolerará ninguna oposición. Será tiránico y perseguirá todo lo que sea verdadero, bueno y bello.

En sentido enteramente contrario, otrora la Iglesia propuso la caballería

El caballero debía practicar las virtudes de la fe, caridad, justicia, fortaleza, templanza, lealtad y generosidad, entre otras. Debía ser el defensor de los débiles contra la injusticia.

El problema de la masculinidad tóxica no es nuevo. Cuando los hombres se rinden a sus pasiones, siempre crearán situaciones tóxicas de salvajismo y barbarie. Lo que es nuevo es la profundidad de pecado en la cual la posmodernidad hunde a los hombres. Las nuevas soluciones no solo contrarían la verdadera naturaleza del hombre… la aniquilan.

 

Fue la Iglesia la que domó las pasiones humanas y propuso modelos para los varones que los elevaron a alturas inimaginables. La Iglesia propuso, por ejemplo, la caballería, dándoles un ideal para canalizar pasiones mal reguladas. Ese ideal capturó la imaginación de innumerables hombres a lo largo de la historia y persiste hasta hoy. Además, la Iglesia proporciona los medios de gracia que hacen posible la práctica de estos altos ideales.

Para terminar le proponemos que Ud. pueda educar a sus hijos pequeños o nietos en la noción del caballero cristiano o de la dama virtuosa. Ambos prototipos humanos le darán ganas de imitarlos y así serán personas dotadas de personalidad y virtud.

Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en wwwcredochile.cl o en esta SU emisora, semana a semana.

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