La honestidad como virtud

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Estimado radioyente:

¿Ha Ud. notado que las “palomitas” publicitarias de las próximas elecciones municipales están bien más escazas que en las anteriores? Tal escasez no se debe sólo a una disminución de los aportantes, sino también a un cierto cansancio de los electores con tanta propaganda.

Lo que hoy los electores quieren ver no son caras que sonríen simpáticamente o se muestran serias e imponentes, lo que se quiere ver en la clase política es “honestidad”.

En efecto, una reciente investigación realizada por el Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica identificó esa cualidad como la más valorada por la ciudadanía al momento de elegir a una autoridad política, y el 40% de los encuestados antepuso la honestidad a otros atributos más específicos de la función municipal, como son la representación política, la experiencia o una buena capacidad de administración.

El resultado confirma la importancia que ha adquirido a los ojos de la opinión pública nacional el tema de la corrupción – una preocupación alimentada por los casos de financiamiento irregular de la política y de tráfico de influencias destapados en los dos últimos años.

Es importante por lo tanto entender bien de qué estamos hablando cuando nos referimos a la virtud de la “honestidad”. De acuerdo con la infaltable enciclopedia Wikipedia, la honestidad (del latín honestĭtas,) “es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable y justo. Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo como se piensa y se siente”.

Como vemos, la honestidad no es simplemente no meter la mano en las arcas municipales, ni en el bolsillo ajeno, es mucho más que esto, Es una virtud positiva que exige ser veraz entre lo que se piensa, se dice y se hace. En una palabra, ser coherente.

Honestidad y coherencia son virtudes análogas y ambas se suman. Quien no es coherente deja inmediatamente de ser honesto, y quien no es honesto pierde la coherencia.

Y son precisamente estas virtudes las que hoy más piden los electores de todo el país a sus representantes y autoridades edilicias.

Por lo anterior, cobraron especial impacto las claras advertencias de los Obispos de Punta Arenas, Los Ángeles y Chillán, en el sentido de mostrar la inconsecuencia de quienes llamándose “cristianos” están apoyando el proyecto de aborto que se tramita en el Senado.

Al respecto Monseñor Felipe Bacarreza escribió la semana pasada en un importante matutino de Santiago: “El adjetivo “cristiano” es confesional. Desde el siglo I designa a los discípulos de Cristo, como lo atestigua el Libro de los Hechos de los Apóstoles: “Estuvieron juntos (Bernabé y Saulo) durante un año entero en la Iglesia (de Antioquía) y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de ‘cristianos'” (Hechos 11,26). Desde entonces, el adjetivo “cristiano” designa a quien confiesa a Cristo como Dios. Declararse “no confesional” y, al mismo tiempo, “cristiano”, es contradictorio. El senador Ignacio Walker (en su columna del 21 de septiembre) declara que el partido al cual él pertenece es “no confesional”. Por coherencia y autenticidad, ese partido no debería llamarse “cristiano”. Insistir en llamarse “cristiano” induce a error respecto de la identidad de ese partido. Eso es lo que hizo notar el obispo de Punta Arenas. El senador Ignacio Walker, en realidad, no hace más que darle la razón. El partido debería cambiar de nombre.

“Por otro lado, el senador Ignacio Walker y otros de su partido se declaran católicos. Pero “católico” designa a un miembro de la Iglesia Católica, es decir, un cristiano que reconoce que Cristo fundó su Iglesia sobre Pedro y que la dotó de infalibilidad cuando enseña en materia de fe y moral. Debe definirse como “católico” solo quien adhiere a la enseñanza de la Iglesia Católica en esas materias. En cuanto al aborto, la enseñanza de la Iglesia Católica no admite vacilación: [El Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2270 dice]: “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida”. Y, en el párrafo siguiente, el Catecismo continúa: “Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables” (N. 2271).

Por su parte, Monseñor Carlos Pellegrin, en artículo de opinión publicado en el diario La Discusión de Chillán del Domingo pasado, escribió: “con qué facilidad vemos cómo el nombre de cristiano se usa cuando conviene y trae votos, mientras cuando no, se le pone apellido para desfigurar una inconsecuencia moral”.

El Obispo de punta Arenas, no quedó atrás, después de que la senadora y presidenta del partido Demócrata cristiano, Sra. Carolina Goic, votó a favor del aborto en la Comisión del Senado: el Obispo expreso a la agencia ACI que: “lo que pedimos es una coherencia interna (…)“El ser cristiano no lo puedo quitar de mí cuando vaya a una votación. Cualquier diputado, senador, autoridad, incluso yo como Obispo, tengo que ser coherente entre lo que creo y lo que realizo en mi vida pública y privada”, dijo el Prelado.

Asimismo resaltó que, “la Iglesia está llena de mártires justamente porque en determinados momentos dijeron ‘yo no puedo hacer separación, somos siempre seguidores de Cristo donde sea’”.

El Prelado recordó también el ejemplo de Santo Tomás Moro, “el prototipo más moderno del político católico”, quien fue condenado a muerte por negarse a firmar el Acta de Sucesión y de Supremacía, por la que se proclama el rey Cabeza de la Iglesia Anglicana y la independencia de Roma.

Y concluyó manifestando su sorpresa porque “la Democracia Cristiana, en un tema valórico que ellos tienen definido, cuando llega el momento de votar no han sido capaces de regirse por sus principios”.

***

Como nuestro auditor puede ver, el concepto de honestidad, tan reclamado por los electores les está pasando la cuenta a muchos políticos.

Sin embargo, no debemos sólo exigirles a ellos esta virtud. Ella debe comenzar por ser practicada al interior de cada familia, de nuestra familia. La honestidad de los padres en el cumplimiento de sus deberes ayudará a las nuevas generaciones a crecer en un ambiente de sanidad moral y espiritual.

Muy diferente de lo que propone el comentado libro de las 100 preguntas sobre sexualidad de la Municipalidad de Santiago. Tema que dejaremos para otro programa pues el tiempo se nos acabó.

Muchas gracias por su audición, y recuerde que nos puede seguir en wwwaccionfamilia.org

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