La formación de la disciplina

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Formación de la disciplina (1)

Estimado Radioyente:

Hay ciertas cosas que de tan sabidas se callan y de tan calladas se olvidan.

Una de ella es la formación de la disciplina y del orden en una persona.

Es obvio que a quien le corresponde fijar las normas de convivencia al interior de la familia es a los padres. Son ellos que, junto con entregarles todo el cariño y el sustento a sus hijos, les indican también sus deberes.

¿Cuántas y cúantas veces no oímos de nuestros padres: “vaya a estudiar”, no ensucie la ropa”, “no le pegue a su hermano”, “no diga mentiras”, etc. etc.

Cada uno de estos “NO” fue formando en cada uno de nosotros las reglas de lo que podíamos y de lo que no debíamos hacer. Y, finalmente, nos quedaba claro que existía un modo disciplinado de vivir y otro modo desordenado de hacerlo.

De ahí nació en cada uno de nosotros el concepto del deber, y cuando fallábamos a él sentíamos el peso de nuestra conciencia, acompañado muchas veces del correspondiente castigo de nuestros padres.

Estas ideas son el ABC de la primera formación cívica de un individuo en cualquier país y en cualquier época de nuestra historia.

Cuando el niño crece y sale del hogar, comienza él a ser responsable. Ya no es el padre el que le indica qué debe hacer y qué no puede hacer. En primer lugar se lo indica su propia conciencia, en la cual está impresa la Ley Natural, perfectamente codificada por los 10 Mandamientos de la Ley de Dios.

A lo anterior se suman las normas de la convivencia social en el País, ellas se llaman leyes, y tienen carácter obligatorio para todos los ciudadanos.

De acuerdo a nuestro régimen de república democrática, le corresponde al Estado, a través del Poder Legislativo la aprobación de esas leyes y al Poder Ejecutivo el hacerlas valer. Por último, es el Poder Judicial quien debe juzgar a los infractores de esas normas.

Cuando la sociedad en su conjunto respeta este modo de organización, de puede decir que en ella vigora el Estado de derecho.

Volviendo al ejemplo de la familia, el Estado de Derecho sería la consideración de todos los miembros de la familia de que deben cumplir las normas de convivencia impuesta por los padres y someterse a las sanciones por ellos impuestas caso no lo hagan.

En el marco más amplio de una nación, el Estado de Derecho es un modelo de orden donde todos los miembros de una sociedad se consideran igualmente sujetos a códigos y procesos legales divulgados públicamente.

Para nadie es desconocido que no debe pasarse en un semáforo con luz roja y que en el caso de que lo haga, será multado por la autoridad correspondiente.

Y aquí llegamos a la función policial.

Ella es un servicio público continuo y permanente destinado a garantizar el orden y la seguridad en la sociedad y los derechos de las personas.

Para este cometido, Carabineros de Chile desempeña funciones preventivas, de control de la ley, y de investigación del delito, en las que cuenta con una especial facultad consistente en el uso legítimo de la fuerza que, en definitiva, obliga a todas las personas a someterse al control policial.

Esta potestad deriva de su carácter de “fuerza pública” y, en virtud de ella, Carabineros de Chile está autorizado legalmente para emplear diversos elementos disuasivos y medios de fuerza en el cumplimiento de su deber.

Apliquemos estos principios, por todos conocidos, a la realidad nacional.

1° No basta que la ley mande, es necesario que exista un acatamiento previo de la población a las disposiciones legales y al Estado de Derecho.

2° Para ello deben contribuir las autoridades del Estado, las eclesiásticas y todas las personas en sus respectivos ambientes.

3° si se niega la legitimidad del imperio de la ley y del empleo de la fuerza del Estado para su aplicación se cae en un virtual estado de caos, donde gane el que posea más fuerza.

Hoy el País se debate entre restos de Estado de derecho y la ampliación de un clima psicológico que se puede sintetizar en la frase de la diputada Pérez, pronunciada después de los hechos ocurridos en la comuna de Panguipulli: “Debemos quemarlo todo”.

Hay en esta afirmación y en todas las permanentes manifestaciones de violencia y ataque sistemático a las fuerzas de carabineros, una grave pérdida de los conceptos más básicos de la disciplina.

Quizá Ud. me preguntase ¿por qué se disminuyó tanto en la población, especialmente la juvenil, el concepto de disciplina?

La respuesta es fácil: Porque a la gran mayoría de esos jóvenes les faltó la formación desde la cuna.

Se acostumbraron a que nadie les dijese que No a algún pequeño capricho, nadie los obligó a levantarse temprano, a estudiar y a no mentir; quizá ni siquiera tuvieron un padre en el hogar y, si lo tuvieron, no quiso cumplir con sus deberes de formador. Prefirió ser un “amigo” un “compañero”, peor aún, un “cómplice” del hijo.

De ahí que la encrucijada por la cual pasa el País, en el fondo no es sino el resultado de la crisis de la familia.

Veamos algunos de sus síntomas:

Según los datos entregados por el Registro Civil, durante el año 2018 se inscribieron 241.420 niños, de ellos, 60.231 nacieron dentro del matrimonio, es decir, un 75% lo hizo fuera de esta institución civil.

Esta es una triste realidad que viene aumentando progresivamente. De hecho, así lo muestran las cifras entregadas por el Registro Civil:

Ya en el año 2016, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) ubicó a Chile como el líder de la lista de Estados con mayor cantidad de niños nacidos fuera del matrimonio.

Las cifras del Registro Civil además indican que 20.715 de los niños inscritos fueron sólo reconocidos por su madre, mientras que 3.640, sólo por el padre.

Si esta es la crítica situación de la familia, no es fácil entonces concluir entonces que ella es la principal causa del llamado “descontento social”.

¿Qué debemos hacer entonces?

Cosas tan simples como saber formar en los hijos las nociones de bien y de mal y tratar de ser un ejemplo moral de ellas.

En el campo social, le sugerimos acciones simples como felicitar a los Carabineros cuando las circunstancias se lo permitan. Y, en sentido opuesto, censurar de modo inequívoco las manifestaciones rupturistas, sean ellas por las vías de hecho cuanto por las de las declaraciones pública.

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Juan Antonio Montes Varas

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