Indignación en Arica por la decapitación de bustos de héroes

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Estimado radioyente:

Como debe ser de su conocimiento, el pasado 9 de julio, pocas horas después que los jóvenes conscriptos de las Fuerzas Armadas juraran la bandera, manos anónimas decapitaron, en el Morro de Arica, los cuatro bustos de quienes protagonizaron el asalto y toma del mismo.

Las cabezas del coronel Pedro Lagos Marchant, del teniente coronel Juan José de San Martín y del coronel Ricardo Silva Arriagada quedaron tiradas ahí mismo. La del teniente coronel Luis Solo de Zaldívar desapareció.

El hecho criminal produjo natural indignación en la población ariqueña. Pero no sólo allí. El atentado a los héroes nacionales significó una bofetada al patriotismo de todos los chilenos y, en ese sentido, constituyó un agravio a todo el país.

Al respecto, el ex gobernador de Arica, Sr. José Durana, quien el 5 de junio de 2011 inauguró el monumento, en el marco de las celebraciones por el Día de la Infantería, en una ceremonia ante miles de personas, expresó con viva molestia: “Cuando una sociedad pierde el respeto por sus próceres, por sus héroes, por aquellas personas que ayudaron a forjar nuestra historia, se pierde el respeto a la sana convivencia de la población”.

Por su parte, Luis Aguirre Guerra, presidente del Círculo de Descendientes de los Héroes de la Guerra del Pacífico, fue tajante: “Aquí se ataca el orgullo patrio, es un crimen contra la historia. Nunca pensamos que algo así pudiera suceder. Esos no son ariqueños, son vulgares maleantes. Hacemos un reclamo enérgico, porque es un insulto a nuestra historia. Esos bustos representan a muchos héroes anónimos que llegaron desde diversas partes a defender la Patria”.

Curiosamente y casi como un aviso, el 8 de marzo pasado, un grupo feminista autodenominado “Las Kalatas” había colgado una pancarta delante del monumento, con la leyenda: “Mártires, bájense de sus pedestales que las feministas venimos a luchar”.

¿Qué tipo de lucha será esa de las feministas?, ¿por qué emprenderla contra los héroes patrios? ¿Qué relación tiene esa amenaza con los hechos ocurridos con posterioridad? ¿Qué motivos llevó a los autores a provocar este atentado?

Todas estas interrogantes están aún para ser dilucidadas, sin embargo, hay algo que quedó claro después del hecho en cuestión.

Es que, en el País en que vivimos, existen dos tipos de familia de almas. Una, es aquella compuesta por quienes cumplen su deber, no exigen derechos de todo tipo, sino que conocen sus obligaciones y las cumplen; admiran su historia e intentan seguir la senda que marcaron los próceres de la Patria. En una palabra, aquella familia espiritual de los que tienen en el fondo de sus almas principios morales cristianos inspirados por la Fe católica.

Esta familia de almas estuvo representada en el mismo lugar por los jóvenes conscriptos que ese mismo día juraron defender la bandera con la efusión de su propia sangre.  Juramento que se realiza todos los años en el día 9 de julio, aniversario de la batalla de la Concepción, y de la heroica valentía del Capitán Ignacio Carrera Pinto y de su batallón, que prefirió morir hasta el último soldado, antes que entregarse, diciendo: “Chile no se rinde”,

Desde entonces, los soldados de Chile, en el aniversario de esa batalla, realizan el siguiente juramento:

Yo, juro,

por Dios y por esta bandera,

servir fielmente a mi patria,

ya sea en mar, en tierra o en cualquier lugar,

hasta rendir la vida si fuese necesario,

cumplir con mis deberes y obligaciones militares

conforme a las leyes y reglamentos vigentes,

obedecer con prontitud y puntualidad

las órdenes de mis superiores,

y poner todo empeño en ser

un soldado valiente, honrado y amante de mi patria.

(poner grabación juramento).

 

Este juramento no podría ser más opuesto  a lo que cree y piensa y a cómo actúa la otra familia de almas.

Esta está compuesta por aquellos que exigen todo tipo de derechos y no conocen ninguna obligación, por quienes  no se identifican con los valores patrios y para los cuales la Fe no les dice nada; son aquellos que sólo saben protestar en la primera ocasión, que rompen los bienes públicos, porque no conoce lo que es el orden y el respeto a lo ajeno. Esta familia de almas, estuvo muy bien caracterizada y representada por los autores de la decapitación de los bustos de los próceres.

No conocemos ni queremos indicar como culpables a las “feministas”, pero lo que sí es seguro es que ellas se alegraron por el atentado, que realizó el deseo que habían expresado en el mensaje que dejaron con anterioridad: “Mártires, bájense de sus pedestales que las feministas venimos a luchar”.

Este hecho nos trae a la memoria la profanación ocurrida en la Catedral de Santiago, el 26 de julio del 2013, cuando un grupo de abortistas interrumpió la Misa que se rezaba, en presencia del Nuncio y del Cardenal Arzobispo de Santiago, para honrar al Apóstol Santiago, patrono de la capital.

En esa ocasión, los abortistas, junto con romper bancas, proferir insultos y groserías, rayar los altares, se dirigieron, precisamente al monumento donde reposan los corazones de los referidos héroes de la Concepción, para gritar consignas a favor del aborto y rayar el mármol que protege las urnas. En realidad, quien no tiene ningún cargo de conciencia en que se mate a niños no nacidos, inocentes e indefensos, ¿qué objeción podría tener en profanar reliquias o en decapitar unas estatuas sin vida? Por eso es que hay un lazo profundo entre las destrucciones en la catedral de Santiago y en el Morro de Arica y el avance, durante la semana pasada, de la tramitación de la ley del aborto.

Lo que pone de manifiesto el contraste entre esas dos familias de almas: por un lado aquellos que honran su pasado, su Fe y tienen esperanza en un futuro porque saben que es así que se construye una familia y una nación. Del otro, los que irrumpen con violencia, rompen con saña y gritan sin Fe ni esperanza, pues no creen en ningún futuro.

Estos dos “chiles” se enfrentan permanentemente y a propósito de todo, pero lo más grave es la aparente indiferencia de la inmensa masa de mediocres, que no le dan importancia a esos temas y que no se molestan si nuestro patrimonio histórico se deteriora. Comentando el atentado de Arica, el periodista Juan Ignacio Brito reflexiona en un diario de Santiago:  

“Por desgracia, no es un caso único. La sencillez de nuestras estatuas y la precaria conservación de nuestros monumentos son rasgos distintivos desde Arica a Magallanes. No es consecuencia de la austeridad, sino de un apocamiento que constituye material para sicoanalistas.

“Basta observar muchas de las estatuas que recuerdan a nuestros héroes.

“La falta de respeto y mantención alcanza niveles trágicos en el monumento al general Manuel Baquedano (en Plaza Italia), en cuya base se encuentra la tumba del soldado desconocido, profanada por masas de ciudadanos enfervorizados que causan destrozos cada vez que el país celebra un triunfo futbolístico.

“El contraste con lo que ocurre en otros países es enorme. En Madrid, el Ayuntamiento ha prohibido que los fanáticos se encaramen a las fuentes de Cibeles y de Neptuno durante los festejos deportivos. En capitales como Roma o Washington, la tumba del soldado desconocido se encuentra custodiada por militares que no permiten siquiera acercarse. Urbes latinoamericanas como Buenos Aires o Ciudad de México exhiben majestuosas estatuas y monumentos en anchas avenidas. Con sus 17 metros de altura, incluso la espléndida estatua ecuestre del general José Artigas en la Plaza Independencia de Montevideo no tiene parangón en Chile, donde el desdichado Bernardo O’Higgins fue desplazado a un lugar lateral; una falta de respeto y una muestra de desidia tan imperdonables como reveladoras.

“A nadie parece importarle. Somos un país malagradecido, con monumentos y estatuas chiquititos, muchas veces feos y más bien pobretones, como queda claro al ver el destruido en Arica. Una sociedad incapaz de honrar adecuadamente a quienes le dieron forma y se sacrificaron por ella pone en riesgo su identidad, pues no hay que olvidar que nuestra comunidad nacional la conforman los vivos, los muertos y los que están por nacer”.

***

¿No le parece, estimado radioyente que esos hechos merecen una reflexión y un examen de conciencia nacional sobre los efectos perniciosos de la mediocridad?

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