Incógnitas en la Araucanía

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atentado a TVN

Estimado radioyente:

Como se sabe el gremio de los medios de comunicación no suele formular declaraciones en conjunto. Su labor es a través de los canales que poseen para dar a conocer las noticias y la crónica diaria para que el público pueda estar debidamente informado.

Po ello, la declaración emitida el pasado 29 de marzo constituye una excepción.

En ella el Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile frente al ataque sufrido por equipo de prensa de TVN manifestó que:

“Ataques como el producido el sábado 27 de marzo contra integrantes del equipo de prensa de TVN en la región del Bio Bío -que culminó con la pérdida total de visión de uno de los ojos del camarógrafo Esteban Sánchez- violan directamente el ejercicio periodístico y, por ende, atentan contra el derecho humano a la información, afectando la democracia toda.

Como lo hemos señalado: comunicar e informar desde las más diversas perspectivas y medios de comunicación, nacionales y comunitarios, para dar a conocer una visión amplia y compleja de la realidad, es propio de la esencia de una democracia. Violentar, atentar e impedir aquello afecta el derecho a la comunicación, expresión e información de interés público, necesaria para un debate social sano”

Los hechos que produjeron esta declaración son de todos conocidos. Oigamos el relato que formula uno de los afectados.

Hay en todo el acontecimiento varias incógnitas que se deberán evaluar.

La primera es saber cuál era el propósito de entrevistar al dirigente de la CAM Héctor Llaitul que como se sabe es un promotor de la violencia en la zona y ha sido varias veces procesado y condenado por ello.

Darle micrófono a quienes son artífices del enfrentamiento entre los chilenos, no deja de ser peligroso y de incentivar a estos a que continúen con sus actitudes beligerantes.

En segundo lugar, también llama la atención el hecho de que los “vecinos” y en muchos sentidos sus “compañeros de ruta” en la violencia de la zona se hayan desmarcado de su antiguo líder para asumir posiciones aún más rupturistas con la unidad nacional.

¿Cuáles son los verdaderos motivos que dividen a esas opciones pro violencia indigenista? ¿La inclusión del narcotráfico? ¿el deseo de protagonismo de algunos? ¿el nivel de violencia que están dispuestos a asumir?

A lo anterior se debe sumar otra incógnita que se mantiene a lo largo de todo este conflicto. Es evidente que la gran mayoría de los comuneros indígenas que trabajan sus tierras y quieren vivir en paz con el resto del país, no pueden concordar con estos procedimientos de sus eventuales “peñis”. Sin embargo, hasta la fecha no ha habido ninguna actitud proporcionada de rechazo de parte de sus representantes o lonkos en contra de aquellos que practican la violencia a mansalva.

¿Concuerdan ellos con los fines pero no con los medios y por ello no los condenan? ¿Esa concordancia en los fines no los llevará paulatinamente a adherir a los mismos medios violentos? ¿O están intimidados y sin apoyos estatales para defender su propia integridad física?

Todas estas incógnitas quedan flotando en medio de un panorama que cada vez se parece más a los que se sufre en Siria o en otras naciones en estado de guerra interna.

Otro aspecto significativo ocurrido después del atentado fue la actitud del auto que pasó pocos minutos después por el mismo camino y que no quería llevar a los dos periodistas afectados y sangrando a un hospital. “Tuvimos que rogarle de rodillas para que al final nos llevaran” declaró uno de ellos.

Tal actitud de -al menos- indiferencia delante de las víctimas ¿no es un ejemplo de la actitud que muchos chilenos toman con relación a lo que se está viviendo en la zona? ¿Esa indiferencia no es el mejor aliado de los violentistas para continuar con sus acciones criminales?

Por último, y quizá la incógnita principal es la actitud gubernamental delante de los hechos.

Pocos días antes de este último atentado la Sra. Carolina García agricultora de Lautaro amaneció con 7 encapuchados rodeando su cama y obligándola a salir de la casa, la que poco después sería totalmente incendiada. Ella sólo pudo salvar su vida por los ruegos del mayordomo que les suplicaba a los encapuchados que no la matara porque era una buena señora.

La cuna preparada para recibir a su próximo nieto quedó igualmente calcinada, en medio de los escombros de una casa reconstruida por su abuela después de haber sido tomada en el tiempo de la UP.

Entrevistada por la prensa, la agricultora declaró que su principal miedo era el silencio de las autoridades delante de lo que estaba sufriendo la zona. En la entrevista con el Ministro del Interior, quien concurrió hasta el sector, y delante de las preguntas que éste le hacía a la afectada, su hija que asistía a la conversación, le respondió al Ministro. Esas preguntas que Ud. hace, deberían ser respondidas por Ud. mismo. Ud. representa al Estado y su deber es garantizar el Estado de Derecho.

Hasta ahora los representantes del Gobierno se han limitado a decir que se buscará a los culpables y que las demandas serán por atentado de homicidio calificado. Sin embargo, no se habla de una estrategia efectiva de prevención y persecución a quienes están promoviendo la violencia.

Otra incógnita al respecto de este último y de los atentados anteriores es el silencio del Obispo de Temuco, Monseñor Vargas, quien es activo participantes de las mesas de diálogo, pero que cuando ese diálogo es quebrado por acciones como estas, parece quedar sordo al ruido de los balazos y a las lágrimas de los afectados.

Por último, otro aspecto del cuadro que llama la atención. Es sabido que una de las grandes ventajas de la guerrilla en Colombia y en el Perú, son las extensas zonas de selva tupidas y casi enteramente despobladas. Allí ellos comenzaron a organizarse para después bajar a los centros de las ciudades.

Pero, el sector de la Araucanía dista mucho de ser una selva tropical, inexplorada y de difícil acceso. Todo el territorio nacional está perfectamente mapeado, no existen zonas de difícil acceso y en principio, están bajo el control del Estado.

¿Cómo puede ser entonces que durante tanto tiempo se arrastre de modo casi enteramente impune una situación como esta?

La mayoría de estas incógnitas apuntan a la existencia de escondidas complicidades en muchos de los sectores que se dicen no violentos, pero que sin embargo terminan o cerrando los ojos delante de ella, o conmutando las penas, o directamente inocentando a los culpables.

¿Y quienes son los principales afectados por esta situación?

Las familias de paz: las mujeres que quedan viudas o con sus maridos sin poder trabajar, los niños que deben concurrir al colegio protegidos por la fuerza pública,  los trabajadores que ven destruidas sus fuentes de ingreso o sus pequeños emprendimientos.

En una palabra los chilenos de bien, honrados y pacíficos.

Urge, de una urgencia urgentísima, que las autoridades gubernamentales, de una vez por todas se involucren con seriedad y eficacia a poner fin a este cáncer social.

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