Iconoclastas y neo esclavistas

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Estimado radioyente:

La destrucción sistemática de estatuas de próceres y héroes nacionales comenzada en octubre pasado en Chile se extendió por el mundo entero como reguero de pólvora.

Aquí fue por $30 de aumento en el pasaje del Metro. En los Estados Unidos y Europa está siendo por la muerte de George Floyd, un ciudadano negro detenido y muerto por un policía de la ciudad de Minneapolis, (Minnesota).

A partir de entonces ninguna estatua está segura en su pedestal. Incluso aquellas que honran la memoria de Santos y héroes de los distintos países occidentales han sido vandalizadas, independientemente de su relación con el tema de la esclavitud o del racismo.

Hace algunos días la estatua ecuestre de San Luis Rey de Francia que se levanta en la ciudad del mismo nombre en los Estados Unidos tuvo que ser defendida por un grupo de católicos de una turba dispuesta a destruirla. Similar situación ocurrió con la estatua de San Junípero Serra en San Francisco y en Palmas de Mallorca. Las estatuas de Cristóbal Colón, al igual que lo ocurrido en Chile, no han corrido mejor suerte en los Estados Unidos y España.

Con relación a los ataques sufridos por la estatua de San Luis rey en los Estados Unidos, el Príncipe Dom Bertrand de Orleans y Braganza, descendiente directo del santo formuló un sentido llamado a defender el símbolo de su antepasado a los estadounidenses a ponerse de pie, defender la Civilización Cristiana y salvar el monumento.

Su Alteza Imperial, miembro del Instituto Plinio Corrêa de Oliveira del Brasil, dijo que : «El reciente intento de derribar la hermosa estatua de San Luis en St. Louis, Missouri, ilustra cómo el orden y la tradición están bajo ataque, La Civilización Cristiana está bajo ataque. En última instancia, Nuestro Señor Jesucristo está bajo ataque.”

«Como descendiente de San Luis, me conmovió profundamente escuchar que los católicos se reúnen en el monumento de San Luis todos los días para rezar el rosario y defender este hito simbólico e histórico.”

“Yo estoy unido en sus oraciones, me uno a ustedes en la recitación del Santo Rosario. Y los llamo a continuar defendiendo el monumento con Honor, Fe y Coraje.”

Agregó que: «En estos días de caos y confusión, La memoria de San Luis se levanta como un faro de luz y virtud. Era un gobernante justo y un verdadero padre para su pueblo. No solo su pueblo lo amaba, sino que incluso sus enemigos lo respetaban. Los monarcas extranjeros, por ejemplo, buscaron su consejo.”

El Príncipe concluyó su llamado afirmando: «San Luis, quien vivió en la presencia de Dios, El Supremo Juez, fue siempre el campeón del Derecho y del bien en contra de la injusticia y el mal. Dando al pobre el calor de su heroica caridad. Y hasta el día de hoy, los fieles se maravillan en las catedrales que construyó.”

Lo curioso del caso es que, tales indignados contra la esclavitud de ayer, y que atentan contra estatuas de personas que nada tuvieron que ver con la esclavitud y que fueron ejemplo de virtu católica,  hacen completa omisión de la peor y más cercana de las situaciones de esclavitud que nos ha tocado conocer en todos los tiempos: el comunismo.

En efecto, lo que caracteriza al esclavo es la pérdida de su libertad y la confiscación de ella en manos de un tercero. Así, el esclavo es un individuo que no tiene derecho al fruto de su trabajo, ni a formar una familia, ni educar a sus hijos. Tampoco tiene derecho a practicar la religión, ni a trasladarse a donde él quiera. Todo depende de lo que su “dueño” le permita o no hacer.

Ahora, tales privaciones de los derechos más elementales de un ser humano, cualquiera sea su condición, se han ejercido de modo sistemático por el mayor “esclavista” del siglo pasado y del actual en todos los países gobernados por tiranías marxistas.

Desde la revolución bolchevique de 1917 hasta nuestros días, en un poco más de un siglo, han sido centenas de millones de personas que han vivido en un régimen de esclavitud, sin propiedad, sin familia, sin religión, sin desplazamiento libre, etc., etc.

Lo que ocurre hoy en Venezuela, por ejemplo, no es sino la imposición de un régimen esclavizante impuesto en nombre del socialismo y que ha significado una verdadera diáspora nacional.

El diario Panam Post escribe al respecto de la situación que sufre Venezuela en nuestros días: “Supongamos que trabajas para el Estado venezolano y recibes un salario mínimo. Ya el Estado te dice que 65% de tu ingreso lo tienes que gastar en alimentos, el Estado te quita impuestos de lo que recibes, el Estado es el que directamente te vende la comida en Mercal, PDVAL o la red de mercados Bicentenario (Política que es supuestamente para protegerte). El partido de gobierno es el que te vende (con sobreprecio) la poca comida que puedes pagar con efectivo, e igual no te alcanza. La red eléctrica es del Estado y sumamente deficiente, tanto que los apagones, al igual que en Cuba o la Unión Soviética, son cosa del día a día. El servicio del agua también es del Estado, la mayoría de los hogares de la capital pagan por un servicio que ni reciben, o tan solo lo reciben 3 días a la semana. Prácticamente casi todo el dinero que ganas va directo al Estado o a su partido de gobierno. Si protestas o eres un dolor de cabeza por pensar distinto, te encarcelan, te despiden o te matan. Los agentes de la KGB moderna y tropical, llamado el SEBIN, intervienen llamadas y entran a las casas de cualquier dirigente. Y repito para que lo entiendan: el hombre pasa a vivir para, por y del Estado, y es hombre en tanto que le sirva o no. Al no servirle, o resistirte a él, deja de ser hombre y pasa a ser un enemigo.

¿Cómo le llamaría a esto? Esto es socialismo. Digo, esclavitud del siglo XXI”. (Fin de citación)

Lo mismo se puede decir de China comunista, que hace 70 años se instaló es esa nación; de Corea del Norte; de Cuba, donde hace 60 años que la sucesivas generaciones no han conocido sino los dictámenes de los hermanos Castro y así sucesivamente en todos los países en donde esa esclavitud moderna se impuso.

Y, que se sepa, ninguna estatua de los “próceres” de esta esclavitud ha sido vandalizada.

El “Libro negro del comunismo”, publicado hace algunos años atrás, da cuenta de más de 120 millones de muertos por causa de ese régimen. Si esos han sido los muertos, ¿cuántos no han sido los millones de seres humanos que han vivido y sufrido una situación de esclavitud en inmensos campos de concentración del tamaño de sus territorios?

Ignorar esta situación e indignarse contra la esclavitud de los siglos pasados no puede dejar de ser cinismo.

Es el cinismo de los secuaces de Marx, de Lenín, de Chávez, de Castro.  Ellos “rompen vestiduras” delante del comercio de esclavos de hace tres siglos e ignoran la mayor empresa de esclavitud que haya conocido la historia y que está delante de nuestros ojos.

Esta actitud nos recuerda la increpación que Hizo Nuestro Divino Redentor a los Fariseos: “¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito, pero se tragan el camello”.

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