¿Hasta que la muerte los separe?

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Estimado radioyente:

Cuando la Iglesia dice a los novios, en el momento de contraer el matrimonio: “hasta que la muerte los separe”, se está refiriendo evidentemente a que la fidelidad de cada uno respecto al otro no debe tener plazo de caducidad, sino que debe extenderse debe hasta “la muerte”.

Sin embargo, esta fidelidad que no termina sino con la vida de tal modo es intrínseca al matrimonio que todo los lazos y bienes que de él provienen e incluso los que vienen de antes, también permanecen “hasta la muerte” e incluso después.

En efecto, cuándo los padres se separan de sus hijos por la muerte, no dejan por eso de ser sus padres. Lo mismo sucede entre hermanos. Tales lazos se extienden naturalmente hasta los abuelos y bisabuelos. Por eso es que está cada vez más de moda constituir el árbol genealógico de las familias.

La familia es y debe ser una unidad tan sólida que ni la muerte de sus miembros disuelve los lazos que ella cría.

De ahí que con la pérdida de los vínculos formales de la familia que sufrimos actualmente en Chile, cuando más del 74% de los niños nacidos lo son fuera del matrimonio, resulta inevitable que se empiece a cuestionar la fórmula “hasta que la muerte los separe”.

Insensiblemente comienza también a cambiar de sentido el propio concepto de muerte, que hasta ahora se refería a la muerte natural, fruto inevitable de la desobediencia de nuestros primeros Padres, pues, como dice el Génesis, “del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día en que comas, ciertamente morirás”. Sin embargo, por la crisis moral y religiosa que afecta nuestra sociedad en su conjunto, ahora se trastoca el concepto de muerte natural por el de suicidio voluntario, bajo el eufemismo de “muerte digna” o eutanasia.

Pareciera que, para muchos, el centro de las aspiraciones fuera que todo deba ser transitorio, fugaz, placentero y descartable.

Así como los matrimonios, los hijos y la familia en su conjunto parecen tener fecha de caducidad, así también la propia vida humana deja de ser intangible y sagrada para ser, ella misma también meramente placentera. Y cuando, por algún motivo que la persona o sus parientes consideren que dejó de ser agradable, entonces se puede recurrir a la eutanasia. Y esto sin límite de edad.

Es lo que se acaba de aprobar en la Cámara de Diputados el pasado 7 de mayo, según lo informa la prensa:

“La Comisión de Salud de la Cámara de Diputados aprobó incorporar a menores de entre 14 y 17 años al proyecto que busca despenalizar la eutanasia en Chile.

Pese a que hubo parlamentarios de la bancada de Chile Vamos que votaron en contra, la iniciativa impulsada por los diputados liberales Alejandro Bernales, Vlado Mirosevic, Ricardo Celis (PPD) y Claudia Mix (Comunes) fue aprobada por siete votos a favor y seis en contra.

Los menores de 16 necesitarían autorización de los padres. Para los mayores de 16, pero menores de 18, el proyecto dispone que el médico tendrá la obligación de informar a sus representantes legales, pero la solicitud tomará su curso prescindiendo de cualquier consentimiento ajeno a la voluntad del mismo paciente.

“A favor de la iniciativa estuvieron Patricio Rosas (PS), Celis (PPD), Juan Luis Castro (PS), Amaro Labra (PC), Víctor Torres (DC, en reemplazo de Miguel Crispi) , Mix (Comunes, en reemplazo de Diego Ibáñez, MA), y Jorge Durán (RN).

“En contra, en tanto, votaron los diputados Jaime Bellolio, Javier Macaya y Sergio Gahona (UDI), Andrés Celis y Erika Olivera (RN), y el DC Daniel Verdessi.

“El representante del Ministerio de Salud, Jorge Acosta, señaló a La Tercera que “para el Ejecutivo es sumamente importante dejar en claro que es frustrante que la respuesta que le dé el Estado a un niño que esté sufriendo dolor es que lo mejor que podría pasarle es que termine con su vida“.

“Y continuó: “Eso no se condice con el respeto a la dignidad de todos los seres humanos y particularmente de los niños que están sufriendo. Eso es un fracaso de la medicina, es un fracaso de los cuidados paliativos y es un fracaso del Estado”.

“En tanto el diputado Jorge Durán (RN), único oficialista en votar a favor, le señaló: “No mezclemos peras con manzanas”.

Hasta aquí la información de prensa.

Nuestro comentario al respecto es que de este modo Chile ya no será más un lugar seguro ni para nacer ni para morir. Los abortistas y los eutanásicos están esperando que alguien esté por nacer para impedirlo o que alguien se enferme, para incitarlo y ayudarlo a suicidarse.

¿Puede ser considerado un progreso social el hecho de que la vida deje de ser un valor sagrado que sólo Dios puede darla o quitarla?

Obviamente que no, sin embargo es en nombre del progreso que se aprobó el aborto y que ahora se quiere aprobar la eutanasia.

Lo que los legisladores no han querido considerar es que tanto el aborto cuando la eutanasia no sólo relativizan el carácter sagrado de la vida humana inocente, sino que normalmente multiplican las causales que justifican el suicidio.

Es lo que ha pasado en todos los países en que se aprobó la eutanasia.

Holanda es un caso característico y que debería llamar a meditar antes de legislar. Aprobada la ley de eutanasia en el 2002, en ese país se produjeron 1882 muertes “asistidas” o “provocadas”. El año 2017, es decir trece años después, fueron 6585. Si a este dato se le añade que en 2017 a 32.000 pacientes se les aceleró la muerte mediante la utilización de una sedación terminal muy anticipada, la “impresionante” conclusión que obtenemos es que más de una cuarta parte de las muertes en Holanda en 2017 (casi 150.000) fueron inducidas”.

Quizá alguno de nuestros radioyentes se sorprenda con este número de muertes inducidas y piense que aquí en Chile nunca se llegará a esos extremos. Al final de cuentas, puede pensar nuestro oyente, somos una nación que no gusta de los extremos sino de la grata medianía.

Lamentablemente tenemos que decirle que se engaña medio a medio.

Cuando la familia es descartable por la introducción del divorcio, cuando la natalidad es baja por la anticoncepción, cuando la mayoría de los nacidos lo son fuera del matrimonio por la banalización de las relaciones sexuales, cuando los niños por nacer son asesinados en el vientre materno, cuando los jóvenes universitarios chilenos alcanzan el ranking mundial de consumo de drogas con el más del 50% de consumidores, por lo que se quiere legalizar la droga, cuando niños serán entregados en adopción a parejas homosexuales; entonces es imposible sostener que somos una nación de la “grata medianía”, porque ella no existe sin la práctica de la virtud, que es la verdadera medida para todas las cosas. Ya lo decía Aristóteles: “La virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto”

Después del pecado original esa disposición sólo se puede conseguir con la ayuda de la gracia sobrenatural que nos viene por los sacramentos o como fruto de la oración, a ruegos de María Santísima. Una de esas gracias es la que el sacramento del matrimonio concede a los novios cuando la Iglesia Católica los une “hasta que la muerte los separe”.

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Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en https://www.credochile.cl/ o en esta SU emisora, semana a semana.

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