Fin de la política del “Hijo único” en China

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Estimado radioyente:

Pasó desapercibida una noticia de carácter simbólico y concreto que tendrá consecuencias para el mundo entero. Por eso queremos comentarla en este programa dedicado a la familia.

En efecto, en este mes de noviembre el Partido Comunista Chino sacó de sus resoluciones la fórmula que se mantuvo por décadas: “Planificación Familiar”; lo que en la práctica quería decir la prohibición de tener más de un hijo por matrimonio.

De este modo, la política de “un solo hijo” ha terminado; en el futuro, para promover una nueva política demográfica, China lanzará un estilo más “inclusivo”, permitiendo más niños para todos,

Algunos demógrafos consideran que esta es una de las novedades del XIV Plan Quinquenal elaborado en los últimos días, en el que se establecen los lineamientos de la denominada “Visión 2035” que deben acompañar al país hasta esa fecha.

El motivo de la medida se debe a que cada vez más se reducía el número de recién nacidos. En 2019, su número fue el más bajo desde la Gran Hambruna (seguido por el Gran Salto Adelante). Según la Oficina Nacional de Estadísticas, el año pasado hubo 14,65 millones de nacimientos y el año anterior 15,23 millones.

Durante décadas, desde 1979 en adelante, China había impuesto rigurosamente la política del hijo único, llegando a forzar abortos, esterilizaciones masculinas y femeninas, multas e incautación de bienes, e incluso la cárcel.

Se estima que se realizaron 400 millones de abortos en todo el período.

¡Eso quiere decir, 400 millones de niños asesinados antes de nacer!  Sin embargo ninguna institución de defensa de los Derechos Humanos o de los derechos del Niño, que nos conste jamás presentó una demanda internacional por ese crimen de lesa humanidad. Tampoco por la esterilización forzada de las mueres, no otros medios antinaturales de forzar el no nacimiento de nuevas vidas.

En realidad, la medida actual del Gobierno chino es meramente pragmática.

Ya en 2016, reconociendo una reducción de la fuerza de trabajo y un rápido envejecimiento de la población, el gobierno había ajustado el objetivo, lanzando la política de “dos hijos” aunque poniendo algunas condiciones.

La flexibilización de la política no ha obtenido ningún resultado y la población sigue disminuyendo y envejeciendo.

En 2019, el número de recién nacidos fue el más bajo desde la Gran Hambruna (seguido por el Gran Salto Adelante). Según la Oficina Nacional de Estadísticas, el año pasado hubo 14,65 millones de nacimientos y el año anterior 15,23 millones.

Para responder a la necesidad de mano de obra joven y reducir el envejecimiento de la población, el Nuevo Plan Quinquenal ya no menciona la necesidad de controlar la natalidad y habla de “inclusión” con respecto a la política de nacimientos y fecundidad. Un año atrás, en el Comité Central del Partido Comunista Chino se habló de “optimizar la política de fertilidad y mejorar la calidad de la población”.

Siempre con la mentalidad materialista, propio del marxismo que profesan sus dictadores, la medida en pro de la natalidad, pasa de prohibir a una madre a tener más de un hijo; a tenerlos tantos y como quiera. Es decir, después de forzar a los 400 millones de abortos; hoy transforma a la mujer en una especie de animal reproductor, independientemente de la existencia de un padre y de un matrimonio.

Por ello, de acuerdo con Zhai Zhenwu, presidente de la China Population Association, que depende de la Comisión Nacional de Salud y Planificación Familiar, paternidad con “inclusión” significa permitir que las personas tengan hijos sin “restricciones”, incluso las minorías, mujeres solteras o parejas del mismo sexo, recurriendo a el alquiler de vientres de mujeres pobres, todo lo cual, vuelve a ser una violación de las leyes de la naturaleza, ahora con un sentido opuesto al anterior.

Sin embargo, muchos padres señalan que además de preocuparse por el aumento de la fuerza de trabajo y el envejecimiento de la población – con graves consecuencias en el presupuesto de salud y las jubilaciones – el gobierno también debería preocuparse por ayudar a las familias con subsidios económicos.

Queda por ver cuáles son las consecuencias, no sólo económicas, sino también desde el punto de vista político y social. Consultado por el diario ‘The Guardian’, el demógrafo de la Universidad de Oxford Stuart Gietel-Basten lo tenía claro. ·De alguna manera, desde una perspectiva política pragmática, cambiar la regla (de hijo único) es bueno para el partido. A nivel demográfico está bien, aunque no es para tanto. Pero a nivel humano, el que una pareja pueda tener un segundo hijo si quiere es obviamente muy importante·.

También queda quien piensa que hay espacio para mejorar y que en el futuro el Partido Comunista deberá cambiar aún más. Es el caso de William Nee, investigador de Amnistía Internacional sobre derechos humanos en China, quien en un comunicado dio la bienvenida a la decisión, pero pidió al país asiático “que termine de una vez con el control sobre las decisiones de las personas”.

Para quienes tenemos la gracia de poseer el don de la Fe, este fracaso de la política de la china comunista nos indica dos cosas.

La primera es que Dios creó la naturaleza de modo sabio y providente. Siendo así, cuando los Estados intentan corregirla, adulterarla o negarla, -como el caso del Gobierno chino sobre la paternidad- las consecuencias terminan irremediablemente mostrando que esas leyes son naturales y al mismo tiempo definitivas.

Pero, en segundo lugar, y más importante aún,  la familia es la institución básica de la sociedad, anterior al Estado, y ella es en cuanto, es una sociedad autónoma que se rige por las propias leyes de la naturaleza y de moral.

Por eso, todos los pueblos, desde la más remota antigüedad, de acuerdo al investigados e historiador francés, Fustel de Coulanges, tenían como centro de sus creencias, la familia y sus ancestros, a los cuales muchas veces, después de muertos, llegaban a rendir culto. Aún hoy se mantiene ese culto en China.

Pero, junto con el culto a la familia y al fuego sagrado que se mantenía en ella, (de ahí el concepto de hogar o fuego), el otro pilar de esos más remotos pueblos, era el de la propiedad. Ella también era sagrada, pues pasaba de generación a generación, y en su tierra se enterraban sus ancestros.

De ahí que las tradiciones que se pasaban de padres a hijos, el fuego sagrado que se mantenía en la familia y la propiedad sobre la cual se apoyaba el sustento familiar, constituyeron a lo largo de los siglos, los tres pilares de la civilización antigua.

No estaría demás que los próximos miembros de la Convención Constituyente, encargados de redactar una nueva Constitución para Chile, le diesen una ojeada al libro del Fustel de Colulanges: “La ciudad antigua”. El libro,  escrito en 1864, brinda al lector datos y ejemplos apasionantes sobre el origen y desarrollo del mundo antiguo y sus instituciones, costumbres y leyes, que todavía se mantienen en vigor, anotando las diferencias con nuestra sociedad moderna

Su lectura, les podrá ayudar a no caer en el mismo error de los chinos, querer construir una sociedad dando la espalda a la naturaleza, a la familia y al Autor del Orden Creado, Dios Padre y Señor Nuestro.

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