Fiesta de SAN JOSÉ

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Estimado radio oyente:

Quizá Ud. que nos oye se llame José, o que tenga un hijo o un hermano de nombre José. En ese caso, Ud. debe saber que el próximo 19 de marzo, todos los José estarán de Fiesta pues el día de su santo patrono.

¿Y quién fue San José?

Las fuentes biográficas que se refieren a san José son, exclusivamente, los pocos pasajes de los Evangelios de Mateo y de Lucas. “José, hijo de David”, así lo llama el ángel. El hecho sobresaliente de la vida de este hombre “justo” es el matrimonio con la Santísima Virgen María.

La elección esponsal cayó sobre él porque, siempre según la tradición, el bastón que tenía floreció prodigiosamente, mientras el de los otros quedó seco. La simpática historia tiene un significado místico: del tronco ya seco del Antiguo Testamento refloreció la gracia ante el nuevo sol de la redención.

En la relación virginal de San José y de la Santísima Virgen María tenemos un ejemplo para todo matrimonio.  Nos enseña que el fundamento de la unión conyugal está en la comunión de corazones en el amor divino. Para los esposos, la unión de cuerpos debe ser una expresión de ese amor y por ende un don de Dios.  San José y María Santísima, sin embargo, permanecieron vírgenes por razón de su privilegiada misión en relación a Jesús.  La virginidad, como donación total a Dios, nunca es una carencia; abre las puertas para comunicar el amor divino en la forma más pura y sublime. Dios habitaba siempre en aquellos corazones puros y ellos compartían entre sí los frutos del amor que recibían de Dios.

Poco después del compromiso, José se percató de la maternidad de María y, aunque no dudaba de su integridad, pensó “repudiarla en secreto”. Siendo “hombre justo”, añade el Evangelio -el adjetivo usado en esta dramática situación es como el relámpago deslumbrador que ilumina toda la figura del santo-, no quiso admitir sospechas, pero tampoco avalar con su presencia un hecho inexplicable. La palabra del ángel que le señala: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.”

Así él “tomó consigo a su esposa” y con ella fue a Belén para el censo, y allí el Verbo eterno apareció en este mundo, acogido por el homenaje de los humildes pastores y de los sabios y ricos magos; pero también por la hostilidad de Herodes, que obligó a la Sagrada Familia a huir a Egipto. Después regresaron a la tranquilidad de Nazaret, hasta los doce años, cuando hubo el paréntesis de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo.

Después de este episodio, el Evangelio parece despedirse de José con una sugestiva imagen de la Sagrada Familia: Jesús obedecía a María y a José y crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y en gracia”. San José vivió en humildad el extraordinario privilegio de ser el padre adoptivo de Jesús, y probablemente murió antes del comienzo de la vida pública del Redentor.

 

Esta breve reseña dada por las Sagradas Escrituras ha dado ocasión para que la Iglesia y el mundo católico tomara a este gran Santo, como Patrono de la Iglesia, de la buena muerte y del silencio.

Se entiende por qué es patrono de la Iglesia, pues siendo el padre adoptivo y protector de su Divino Fundador, Nuestro Señor Jesucristo, era lógico que él fuera el custodio de la institución que su Hijo fundó con su Divina Sangre.

Patrono de la buena muerte, pues fue el único hombre que en el momento de morir, estuvo acompañado por Nuestro Señor Jesucristo en Persona y por María Santísima para ayudarlo y prepararlo al pase que todos debemos dar. No podría haber mejor compañía en la hora de la muerte y todos quisiéramos tenerla tan cercana como él la tuvo.

Por último, patrono del silencio, pues las Sagradas Escrituras no refieren ninguna palabra que él haya pronunciado. El silencio es en nuestro tiempo una virtud bastante poco apreciada, sin embargo,  ella es la señal de otras tres virtudes que la sustentan: La humildad, pues quien calla no tiene ánimo de mostrarse; la vida interior,  pues quien es capaz de guardar el silencio, oye con más claridad la voz interior de Dios. Y por último, la obediencia, pues quien calla no responde ni se rebela a la voz de los superiores.

Todas estas virtudes pueden pedir a San José el próximo jueves 19 de marzo los que tienen el privilegio de tenerlo como Patrono, ya sea porque fueron bautizados con su nombre o porque tienen para él una especial devoción.

Una última consideración sobre la palabra Patrono. Ella tiene su origen en el vocablo latino, pater.  El padre es un protector, un defensor. En las épocas en que la familia era el referente de todas las relaciones sociales y hasta económicas, quien empleaba a alguien para desarrollar un trabajo, era llamado el patrón.

Esa palabra quería señalar que mucho más que una mera relación comercial entre el empleador y el empleado, se establecía una relación de familia, por la cual el superior le debía protección al inferior; y éste le debía servicio y obediencia. Tal relación es propiamente la del padre con el hijo.

Poco a poco se fue cambiando la palabra “patrón”, por “jefe” o por “gerente” o meramente por “empleador”. En todos esos cambios se percibe la disminución de la relación familiar entre las personas y la preminencia del factor económico y material.

Aún quedan algunas personas que se refieren a quienes les compran la mercancía, o quienes le dan alguna ayuda, como “patroncito”, y no deja de causar una cierta simpatía, ver un último vestigio de la relación de familia entre personas que probablemente ni se conocen.

Son los perfumes de una sociedad no contaminada con la lucha de clases y por los egoísmos que amargan las relaciones humanas, sino llena de Patronos, para ayudar, y de hijos para servir.

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