Fiesta de Pentecostés, gracia de la esperanza

0 60

Una de las peores consecuencias de la cuarentena es la falta de la asistencia religiosa impuesta por las autoridades civiles y religiosas.

En efecto, las Fiestas religiosas son para todos los católicos, o al menos deben ser, como las fiestas de la familia donde se celebra a uno de sus miembros. El hecho de poder celebrarlos, aumenta en cada uno de sus componentes, no sólo el recuerdo y el cariño, sino también la unión en cuanto familia.

Si eso es así para una familia, ¿qué decir entonces para la celebración de las Tres Personas divinas de la Santísima Trinidad?

Hace pocos días atrás leyendo las memorias de una princesa rusa, en el período de la revolución bolchevique, bajo el título de “Recuerdos de Rusia”, me llamó la atención que la cronología de sus recuerdos se ordenaba por las Fiestas religiosas. Su marido, el gran duque Paulo fue secuestrado “antes de la Pascua”; su hijo Wladimir fue arrestado en los días de Navidad; ella consiguió una entrevista en la terrible policía política, la Tcheka, para disminuir los sufrimientos de la cárcel donde yacía su hijo, poco después de Pentecostés.

Sin querer, sus recuerdos nos remiten a una época, la segunda década del siglo XX, donde, al menos en la Rusia Imperial, los días festivos religiosos marcaban toda la vida social, incluso en medio de la tiranía comunista recién impuesta.

En algunas regiones de Italia y de otros países europeos existía –algo de eso aún queda- platos especiales para celebrar las fiestas religiosas.

Un cibernauta comenta en su blog de recetas: “En mi familia, mi abuela Lucrecia nació el día de Todos los Santos, y era motivo de celebración, con lo que nos reuníamos toda la familia alrededor de un gran cocido. Ahora que ya no está con nosotros, es un día para recordarla con alegría como en esos días en los que estaba con nosotros. Mi madre Rosa y mi tía Anita son las encargadas de organizar esta comida y lo hacen por todo lo alto. Desde mediados del siglo IX, el 1 de noviembre es un día que se ha consagrado a honrar la memoria de todos los Santos”.

¿Cómo no percibir que una sociedad con Fe, es al mismo tiempo que más virtuosa, también más entretenida y variada?

Más virtuosa pues cada santo o Fiesta religiosa que se celebraba tenía principalmente una moral para dejar en los fieles y de la cual se encargaba el sacerdote oficiante de la Misa de dejar bien instalado en la conciencia de sus parroquianos.

Más entretenida, pues ella marcaba los distintos días con todo tipo de fiestas regionales, donde la música, los trajes típicos e incluso los bailes y la comida eran característica exclusiva de esos días.

Más variada, pues siendo tantos los días religiosos de precepto, respetados por la autoridad civil, a bien decir el año se marcaba por esas fiestas, y no por el suceder monótono y frío de los números de un calendario.

En nuestra sociedad, el primer hachazo contra este tipo de celebración, vino con un decreto presidencial de Frei Montalva en la década de los 60’ borrando los días religiosos con el argumento de que un País moderno no se podía dar el lujo de estar parando en tantos días del año.

Más tarden en los 90’ el Senado aprobó la eliminación de la Fiesta del Corpus Christi, y sólo mantuvo la de San Pedro y San Pablo, pues los senadores reconocieron que si la suprimían los pescadores continuarían celebrándola del mismo modo.

En la oportunidad, uno de los senadores hizo ver que la Fiesta del “Corpus”, como se la llamaba, ya no era reconocida como Fiesta religiosa por las autoridades eclesiástica, y que por lo tanto no correspondía mantenerle ese carácter por parte de la sociedad civil.

Así, de una en una, como se puede ir demoliendo, ladrillo por ladrillo, un venerable edificio, se ha ido destruyendo el culto católico. Contribuyó también para eso el transferir los días feriados para el último viernes de la semana en que cayesen para aprovechar un fin de semana largo. Y, sea dicho de paso, con muy pocas resistencias de las autoridades eclesiásticas.

Llegamos entonces a esta última Fiesta de Pentecostés del Domingo pasado, sin templos abiertos, sin culto y sin que siquiera se recordase a través de los medios de comunicación…

Con eso nos privamos de los efectos propios de la Fiesta, que es precisamente la esperanza. En efecto, fue gracias al Divino Espíritu Santo que el Hijo de Dios se encarnó en el seno virginal de María, fue por la fuerza del Espíritu Santo que los Apóstoles recibieron en ese día, que comenzó la expansión de la Iglesia católica por el mundo entero y es por la gracia de Él que conservamos la esperanza en el triunfo del bien sobre el mal, de la Iglesia sobre el infierno.

Es por la acción del divino Espíritu Santo, que se “renovarán todas las cosas”. Por ello, para ayudar que también en nosotros “se renueven todas las cosas”, que damos a continuación algunas de las gracias que de Él recibimos y que se le piden en sus letanías:

(poner música adjunta)

“Espíritu de ciencia y de piedad.

“Espíritu de temor del Señor.

“Espíritu de gracia y de misericordia.

“Espíritu de fuerza, de dilección y de sobriedad.

“Espíritu de fe,’ de esperanza, de amor y de paz.

“Espíritu de humildad y de castidad.

“Espíritu de benignidad y de mansedumbre.

“Espíritu de multiforme gracia.

“Espíritu que escrutas los secretos de Dios.

“Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables.

“Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma.

“Espíritu en el cual renacemos.

“Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones.

“Espíritu de adopción de los hijos de Dios.

“Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste.

“Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos.

“Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres.

“Sednos propicio, perdónanos, Señor.

“Sednos propicio, escúchanos, Señor.

 

***

Gracias por su audición, y recuerde que nos puede seguir en wwwcredochile o en esta SU emisora, semana a semana.

Leave A Reply

Your email address will not be published.

Ayúdenos a llegar a miles de personas como usted.
¡Done ahora!