Fiesta de la Inmaculada Concepción en cuarentena

0 92

La página web de la Iglesia.cl informa que este año “la primera fiesta religiosa que se celebrará de manera virtual será la Fiesta de la Inmaculada Concepción en el Santuario de Lo Vásquez. Este Santuario mariano que ha permanecido cerrado a los peregrinos desde marzo, también lo estará para la Festividad del 8 de diciembre”.

Cuesta imaginar una Fiesta multitudinaria, como siempre lo ha sido la celebración del 8 de diciembre, en régimen “virtual”. En realidad, para que haya una fiesta, debe existir comunicación entre las personas, por esta razón las fiestas “virtuales”, no existen.

El confinamiento y las limitaciones al ejercicio de la libertad de culto están produciendo reacciones indignadas en muchas partes del mundo. La semana pasada los Obispos de Francia hicieron oír su más enérgica protesta al Gobierno Macron por imponer una cuota de no más de 30 personas en la Misa, independientemente del tamaño de la Iglesia. Las autoridades eclesiásticas respondieron que era ridículo fijar un mismo número de asistentes a una pequeña iglesia parroquial, cuanto a una enorme Catedral, como son muchas de las iglesias medievales de esa nación.

Los propios fieles franceses se han congregado a las puertas de las iglesias pidiendo la celebración de las Misas y exigiendo el respeto a la libertad de culto. Obviamente que no se trata de ignorar las debidas medidas de prudencia para evitar el contagio del covid, pero estas medidas no pueden coartar el más sagrado de los derechos, cual es el de poder prestar culto al verdadero Dios, en sus templos.

En nuestra Patria existen una gran cantidad de templos consagrados a la Inmaculada Concepción, de norte a sur de nuestro territorio. ¡Cómo sería provechoso para la devoción de los fieles que en vez de cerrar los templos, ellos tuvieran una gran cantidad de misas, de modo a que sin dejar de respetar el aforo de personas, todas las familias que quisieran asistir a la celebración de la Fiesta Mariana por excelencia tuvieran un horario para poder hacerlo!

Pero, una vez que se ha dispuesto así, al menos séanos posible recordar la Fiesta de la Inmaculada en este programa radial.

***

Cuando el Ángel le anunció a la Santísima Virgen que Ella sería la Madre de Dios, su respuesta fue: “Hágase en Mí según tu palabra”.

Y, las Sagradas Escrituras nos dicen: “Y el Verbo de Dios se hizo Hombre”.

Ciertamente que este diálogo entre el ángel que le anuncia a María su maternidad virginal y Ella que dio su consentimiento, fue el diálogo más sagrado, el más santo y el que tuvo mayores consecuencias en la Historia de la humanidad.

Estamos tan acostumbrados a oír decir que todos los hombres nacen libres e iguales, que nos sorprende ver una criatura, de la misma naturaleza que nosotros, ser tan llena de gracias como lo fue la Santísima Virgen.

Lo que pasa es que Dios, se complace en dar a todos lo suficiente y hasta mucho más de lo suficiente, pero no a todos da por igual. Él, como soberano Señor concede, según su divina misericordia, privilegios especiales, y privilegios tan altos que pueden hasta desconcertar a los espíritus envidiosos e igualitarios.

Ciertamente que el más alto privilegio que Dios podía otorgar a una mera criatura era la de ser Madre de un Dios, o sea, el de engendrar a Nuestro Señor Jesucristo, el Hombre-Dios. De ese privilegio nace este otro: que dicha Madre, por ser la Madre de Dios, fue preservada de la mancha original.

Los designios de Dios son muchas veces misteriosos, pero, en este caso, la razón nos permite vislumbrar los motivos que llevaron a Dios Padre a conceder el privilegio de la Inmaculada Concepción. Él no quería que su divino Hijo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que debía redimir la humanidad del pecado tuviese ni la sombra de un contacto con el mismo pecado que Él venía a redimir. Por eso, debía encarnarse en el seno más santo y más puro existente de entre las criaturas. Y anticipando los méritos de esa Redención salvadora, preservó a su propia Madre del pecado, del cual todos los demás hombres serían manchados hasta ser rescatados por el agua del Bautismo.

Estas fueron las palabras del Papa Beato Pio Nono al definir el dogma de la Inmaculada: El 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus, que en su parte medular dice lo siguiente:

“… Para honor de la santa e indivisa Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y acrecentamiento de la religión cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles”.

Se diría que una tal perfección sin la menor mancha sería más propia a provocar en nosotros un cierto miedo o una sensación de culpa por nuestras propias faltas, y por lo tanto un deseo de alejarse de Ella. Es lo contrario que ocurre, la Inmaculada Concepción es un motivo más de enorme atracción. Todos vemos en la Santísima Virgen María no sólo el modelo de lo que deberíamos ser, sino a Aquella que nos consuela, nos lava, nos restablece y nos adorna para ser bien vistos por su Divino Hijo.

Si no la tuviéramos como Madre, o si esa Madre no fuera tan limpia desde el primer instante de su ser natural, nunca tendríamos la confianza de poder recurrir a una intercesora tan digna y al mismo tiempo tan cercana como es la Madre de Dios y al mismo tiempo nuestra propia Madre.

Un gran Santo mariano, San Luis Grignion de Montfort nos explica muy bien esta doble maternidad de María. Nuestro Señor Jesucristo, explica él, es la cabeza del Cuerpo Místico que es la Iglesia.  Ahora, quien genera la cabeza, lógicamente genera también los demás miembros de ese cuerpo, que somos todos los bautizados. Luego Ella que es la Madre de Jesús, cabeza de la Iglesia, es por eso mismo, la Madre de los miembros de ese cuerpo, que somos todos nosotros.

Los fieles, muchas veces sin conocer las razones teológicas por las cuales Ella es nuestra Madre, sentimos una innata seguridad estando cerca de alguna de sus Imágenes. Es por esta razón que el 8 de diciembre es la Fiesta en que chilenos de todas las partes peregrinaban en esta fecha hasta alguna de sus imágenes.

A bien decir no hay rincón del País que no celebre a esta Madre Inmaculada que desde el cielo nos sonríe, se preocupa con nuestras preocupaciones, nos alivia en nuestras inquietudes, y nos protege con las mil bondades de las cuales muchas veces no sabemos el origen.

Por todo esto, el 8 de diciembre, Fiesta de la Inmaculada Concepción, es un día para celebrar, alegrarse y pedirle a Ella: “no permitas que nos separemos de Ti”. Pero si tenemos la desgracia de estar separados, venid a buscarnos, a levantarnos y acércate a nosotros, como una Madre se acerca con cariño a su hijo, a pesar de toda su indignidad.

Esta súplica se hace especialmente oportuna en este momento en que nuestra Patria sufre la embestida de un aparato destructor que no para en su afán de demoler todo, comenzando por los templos católicos donde se elevaron las plegarias de nuestros abuelos y las nuestras, y que esperamos, también puedan oír las de nuestros hijos y nietos.

En realidad, podemos estar separados unos de los otros por el confinamiento, pero nunca habrá confinamiento entre la Madre de Dios y cada uno de sus hijos.

***

 

Muchas gracias por su audición, y recuerde que nos puede seguir en wwwaccionfamilia.org.

Nos volvemos a encontrar en esta su emisora en este mismo horario.

Ayúdenos a llegar a miles de personas como usted.