Fátima y la teoría del género

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Estimado radioyente:

Quizá Ud. se recuerde de los temas que hemos tratado en nuestros últimos dos programas. Se los recuerdo por si no los pudo oír: La ideología de género y el Centenario de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Portugal.

A  primera vista, se diría que estos dos temas no tienen nada que ver entre si. Que uno trata de un problema de nuestros días, del que ni se pensaba en el Portugal de comienzos del siglo XX. Sin embargo, un observador con espíritu de Fe, percibe fácilmente la profunda relación que existe entre ambos temas.

En primer lugar, digamos como principio general que los temas religiosos no son asuntos que conciernen apenas a quienes van a Misa o son personas piadosas. Esos temas tienen relación con las actividades de todo el mundo, pues atañen a la moral. Es decir al imperativo de la conciencia que nos manda practicar el bien y rechazar el mal. Y de la conciencia nadie se escapa. Podrán muchos querer silenciarla para que no los disturbe en la búsqueda de satisfacciones que se apartan del buen camino; pero ella siempre estará presente a susurrarles, aunque sea por el remordimiento, aquello que debe ser practicado.

Por otra parte, además de este principio general, la Virgen en Fátima les advirtió en concreto a los tres videntes: Lucía, Francisco y Jacinta, que los pecados que más ofendían a la Justicia Divina eran la inmoralidad y la impiedad.

Ahora, precisamente el tema de la ideología de género es una consecuencia de ambos vicios morales.

Expliquémonos.

Una persona o un conjunto de personas, es decir una sociedad,  que creen en Dios y que tratan de practicar sus mandamientos, están convencidos que lo normal,  lo que es conforme a su naturaleza, corresponde a las acciones que los mandamientos indican como buenas: “Amar a Dios sobre todas las cosas”, “Honrar padre y madre” “santificar las fiestas”, “ser puros de corazón”, etc.

Al contrario, a aquellos que creen que la vida no es sino un continuo “pasarla bien”, les parece que los Mandamientos son una especie de camisa de fuerza que prohíbe practicar las acciones que consideran como lo mejor de la vida. Y, para no vivir permanentemente con el remordimiento de sus conciencias, que le indica claramente que están actuando mal, comienzan poco a poco a construir sofismas o mentiras con las cuales primero se auto engañan y después pretenden engañar a los demás.

Es lo que decía de modo sucinto un literato fraces, Paul Bourget, en su obra “Le Démon du Midi”: “Es necesario vivir como se piensa, so pena de, tarde o temprano, acabar pensando como se vive”.   

La ideología de género es precisamente esto. Una teoría falsa que intenta justificar conductas “intrínsecamente desordenadas” y contrarias a la ley natural.  

Esas conductas desordenadas, como cambiarse de sexo, practicar la homosexualidad u otras que la ideología de género pretende justificar, existieron siempre en las sociedades moralmente decadentes. Ya en el Antiguo Testamento se habla de una ciudad habitada por personas que en su mayoría practicaban la homosexualidad, llamada Sodoma, y que Dios hizo desaparecer justamente en castigo por ese vicio moral que hoy llamamos sodomía.

El indio español, Garcilaso de la Vega, cuenta en su interesante libro: “los Comentarios Reales de los Incas”, publicado en Lisboa, en 1609, que en muchas de las tribus que los Incas fueron conquistando, se practicaba ese vicio, el cual era castigado con las mayores penas por los jefes incas, para tratar de extirparlo.

Más cerca de nosotros, en territorio mapuche, también se practicaba la sodomía, según los relatos del Capitán Francisco Pineda y Bascuñán, en el libro en que detalló su cautiverio a manos del cacique Maulicán, durante 6 meses, cerca de Chillán. De acuerdo a su narración, los que practicaban la homosexualidad eran normalmente los brujos, pues “tenían mucho trato con el demonio”, afirma el capitán.

Sin embargo ni a incas ni a mapuches, nunca se les pasó por la cabeza cambiarse de sexo, pensando que los hombres podían ser mujeres y viceversa.

Teníamos que esperar llegar al siglo XXI, para aparecer una ideología tan absurda como para decirnos que en realidad, los hombres no nacen hombres, ni mujeres las mujeres; que cada uno puede optar por un género que no corresponde al sexo biológico, y que esto constituye un “derecho humano”.

Esto es precisamente una consecuencia, hasta ahora de las más extremas, de lo que la Santísima Virgen les advirtió a los pastorcitos. “Vendrán unas modas que ofenderán mucho a Dios“. “Los pecados que llevan más almas al infierno son los pecados de impureza”. “Muchos van al infierno porque no se ora ni se sacrifica por ellos”.

Más grave aún es la medida recién tomada por la Superintendencia de Educación, que obliga a todos los colegios de Chile a promover el transexualismo y las conductas homosexuales, como si fueran perfectamente naturales y buenas. Y eso al interior de colegios en los  que quizás están estudiando sus hijos o nietos.

Esta medida, que fue rechazada de inmediato por el Comité Permanente de los Obispos, constituye un grave atentado a la libertad de enseñanza y un robo del derecho de los padres de educar a sus hijos de acuerdo a los principios morales y las virtudes que ellos quieran transmitirles.

Peor todavía, es trasformar colegios que debieran ser centros de formación e instrucción en verdaderos campos de perversión de las conciencias y de las conductas de menores de edad.

Eso todo es gravísimo. Sin embargo hay otras relaciones entre los temas de la identidad de género, la amoralidad y las apariciones de Nuestra Señora de Fátima.

Una de las profecías que la Santísima Virgen les dio a los niños, es que “Rusia esparcirá sus errores por todo el mundo”, cosa que para aquel tiempo pareció difícil de entender, pues los comunistas aún no habían subido al gobierno de esa nación.

Sin embargo, en noviembre de ese mismo año, según nuestro calendario, vendría la revolución que instaló a la secta bolchevique en el poder de la inmensa nación rusa, desde donde ella expandió sus errores durante todo el siglo XX.

En 1958 , el autor y teórico político estadounidense W. Cleon Skousen escribió una interesante y documentada investigación de los “errores de Rusia” en su obra “El comunista al desnudo”.

Ella expone la estrategia geopolítica mediante la cual, la Unión Soviética buscaba debilitar los gobiernos de los países que estaban fuera del bloque comunista por medio de la propaganda, destruyendo el sistema occidental desde dentro.

Una selección de los objetivos del comunismo enumerados por Skousen sirve para ilustrar hasta qué punto los errores de Rusia se difundieron a todas las naciones, especialmente las de Occidente:

“• Eliminar todas las leyes sobre la obscenidad llamándolas “censura” y una violación de la libertad de expresión y la libertad de prensa.

“• Desintegrar los estándares culturales y morales promoviendo la pornografía y la obscenidad en libros, revistas, películas, radio y televisión.

“• Presentar la homosexualidad, la degeneración y promiscuidad como “normal, natural, saludable”.

“• Infiltrarse en las iglesias y reemplazar la religión revelada por la religión “social”.

“• Desacreditar la Biblia y enfatizar la necesidad de una madurez intelectual que no necesita una “muleta religiosa”.

“• Eliminar la oración o cualquier forma de expresión religiosa en las escuelas con el pretexto de que viola el principio de “separación de la iglesia y el estado”.

“• Desacreditar a la familia como institución. Fomentar la promiscuidad, la masturbación y el divorcio fácil.

“• Enfatizar la necesidad de separar a los hijos de los padres atribuyendo a su influencia negativa los “prejuicios, bloqueos mentales, y el retraso de los niños”.

“Otro de los errores que Rusia ha extendido por todo el mundo es el aborto. El aborto se legalizó por primera vez en Rusia en 1920. Hasta el día de hoy, Rusia tiene la tasa de aborto más alta del mundo per cápita. Con una población de 143 millones, hay 1,2 millones de abortos por año”, siendo un país cuya población decae en números absolutos.

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Como Ud. puede ver, estimado radioyente, existen muchas relaciones entre las Apariciones de Fátima, cuyo centenario de cumplen este año y la ideología de género.

 

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