“Educación” sexual corruptora de menores

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Estimado radioyente

Hace pocos días se dio una importante discusión parlamentaria. Como el hecho pasó casi desapercibido nos pareció importante dar a conocer un comentario del Profesor y doctor en filosofía Carlos Casanova escribió recientemente.

Le pasamos la palabra al Profesor y Doctor Casanova:

“Durante la semana del 2 de marzo se dio una intensa discusión sobre el proyecto de ley de educación sexual integral presentado por varios diputados. Como algunos aspectos de esa discusión fueron tergiversados, y además se difundieron muchas falsedades y confusiones, conviene ahora revisar brevemente todos los aspectos del proyecto que resultan inaceptables en una república y por qué.

En primer lugar, mientras la Ley General de Educación en su artículo 3 ordena que en los establecimientos públicos de educación, por su carácter laico, se respeten las diversas religiones, en el proyecto de ley, en cambio, se entiende por “laicidad”, precisamente la exclusión de las visiones religiosas que no sean compatibles con lo que reconocidos filósofos políticos, como Eric Voegelin, calificarían con razón como una nueva religión estatal oficial, la ideología de género y el feminismo radical.

Es éste un cambio radical respecto de la Ley General de Educación. En efecto, según ésta, en los establecimientos públicos se debería dar cabida a las visiones religiosas de los padres (lo cual no se hace demasiado actualmente, y se excluirá con la ESI), mientras que el proyecto, en lugar de eso, impone la nueva  religión oficial y solapada del Estado aun a los establecimientos privados. Y lo hace, por supuesto, por medio de la creación de un “derecho humano” ficticio con el que se pretende incumplir un principio constitucional esencial, vinculado a la protección de la familia, “el derecho preferente de los padres” a educar a sus hijos.

En efecto, el proyecto refundido en su artículo 4 prohíbe a los establecimientos públicos o privados apartarse no sólo de los contenidos mínimos, sino además, de “los lineamientos, objetivos, método, propuesta de gestión y material didáctico”. Lo único que puede cambiar el colegio es la metodología. Pero, además, la metodología alternativa, según el proyecto, debe decidirse en una suerte de asamblea comunitaria al estilo de la “Constitución Bolivariana” o de las propuestas de la teórica marxista Marta Harnecker, aun en los establecimientos privados. Y, para colmo, explícitamente se dice que cualquier propuesta debe estar libre de “sexismo”,  y ya sabemos lo que entienden las feministas extremas con esa palabra. Por ejemplo, que el aborto es un derecho de la mujer y que es, por tanto, una acción buena y justa.

La llamada “teoría de género” no es ciencia, sino una religión que no debe imponerse desde la autoridad pública para suprimir las otras religiones de establecimientos públicos ni privados.

Pero el tercer comentario tiene mayor importancia y constituye el segundo aspecto inaceptable de este proyecto. No toca al poder político definir qué es verdad en la ciencia o en las disciplinas éticas, filosóficas y teológicas. La tradición occidental lo ha dicho en el Concilio de Constanza en el siglo XV, y lo ha repetido Kant: Caesar non est supra grammaticos. No toca al Ejecutivo ni al Legislativo imponer qué teorías son o no ciencia. Por eso está por completo fuera de lugar que el proyecto refundido en su artículo 6 imponga a las universidades la obligación de crear una cátedra de educación sexual, y que además les imponga a las universidades la orientación de esa cátedra, ordenando que debe tener “enfoque de género”. Esto es totalmente inaceptable, y nos revela la hybris, el orgullo de la ideología que se encuentra detrás del proyecto.

Es la muerte de la autonomía universitaria y, a la larga, de la libertad académica y de la verdadera libertad de pensamiento. Se está imponiendo el pensamiento único, igual que se hizo en Alemania entre 1933 y 1945, en la Unión Soviética, en China, en Cuba y no ha podido hacerse en Venezuela gracias al valor y el sacrificio heroico de los universitarios de ésa, mi Patria natal.

En tercer lugar, es evidente que este proyecto pretende hipersexualizar y confundir a los niños en la así llamada “identidad de género”. En los antecedentes del proyecto se dice,  por ejemplo, que la sexualidad “se expresa durante toda la vida” . Nunca se considera siquiera la posibilidad de que alguien viva castamente. A lo más que se llega es a esto: para prevenir el sida, ayuda “la disminución en el número de parejas sexuales”, pero se promueve el preservativo y todo tipo de anticonceptivos y se elogia el aborto. También se dice que hay que impedir la reproducción de “estereotipos y modelos de relacionarse machistas”. En el contexto del feminismo radical y de la ideología de género, eso significa que hay que eliminar la diferencia entre hombres y mujeres, como si fuera meramente “construida” culturalmente. Pero, aparte de los antecedentes, el articulado es claro para quien quiera entenderlo y no simplemente confundir a su audiencia.

En efecto, en el proyecto se dice que los colegios tienen que transmitir información “actualizada”. Por supuesto, la información se actualiza en las universidades. Pero las universidades deben enseñar la educación sexual “con perspectiva de género” . En el mismo artículo, se habla de la “expresión de género”. Además, en el artículo 2, se habla del “desarrollo pleno, libre y seguro de la sexualidad, la afectividad y el género”. Aquí no se pretende el desarrollo de la persona que, como enseñan los clásicos, se logra por medio de la virtud. Se trata de adoctrinar a los niños, a todos los niños, en la nueva religión estatal.

No sólo por medio de la teoría, sino también por medio de prácticas que quedarán grabadas hondamente en las tiernas almas de los niños. Esto es el sueño de Wilhelm Reich hecho realidad. Este marxista quería acabar con la creencia en Dios, y pensaba que el camino era sexualizar a los niños. Es también el sueño de Herbert Marcuse: si logras cegar las fuentes mismas de la transmisión del cristianismo, lograrás erradicarlo finalmente.

Voy a hacer una consideración final:

Quiero que reflexionen todos los parlamentarios. Se nos ha querido imponer la educación sexual obligatoria con una excusa sanitaria. En realidad, hay cosas más importantes que la salud. El desarrollo integral de la persona no se consigue sin la virtud. Y, como ha mostrado Platón en el libro VIII de sus Leyes, una de las virtudes más importantes es la que nos da el señorío sobre los placeres venéreos: quien consigue ese señorío es feliz, y quien no, todo lo contrario, dice Platón. Pero, aparte de esto, los antecedentes del propio proyecto de ley que se discute ahora nos muestran que la solución buscada al problema sanitario con la educación sexual integral y la diseminación de métodos anticonceptivos, aparte de destruir la moral de los jóvenes y de incumplir el mandato constitucional de proteger la familia, no ha hecho sino agravar el problema sanitario mismo. En efecto, desde el año en que entró en vigencia la ley 20.418 que establece la educación sexual obligatoria, el 2010, la epidemia de sida no ha hecho sino crecer, y de manera exponencial.

Destruir toda una civilización para complacer a un lobby marginal es un suicidio de dimensiones nacionales.”

***

Hasta aquí las consideraciones del Profesor Casanova. Ahora tiene Ud. como padre o madre de familia asumir la responsabilidad de manifestar su rechazo a esta corrupción masiva de menores a través de la ley. Es la hora de hacer sentir su voz.

Gracias por su audición y recuerde que nos encontramos semana a semana en este mismo dial o a través de nuestra página web de Credo Chile.cl.

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