Diálogo imaginario entre dos “primeras líneas”

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Diálogo entre dos

Estimados radioyentes

Ud. debe haber percibido que a medida que las autoridades sanitarias consiguen contener la expansión del coronavirus, paulatinamente se comienza a oír nuevamente el ruido de los violentistas que pretenden poseer todos los derechos.

La semana pasada fue uno de los mayores atentados ocurridos en la Araucanía, con amenaza de muerte para los trabajadores de las empresas forestales y pertenecientes a lo que se les tildó de “yanaconas”.

Por su parte los representantes políticos de la oposición han hecho gala de saltarse las disposiciones constitucionales al momento de legislar, atribuyéndose competencias que no les corresponde e instaurando de ese modo una forma de resistencia al Estado de Derecho.

Los estudiantes, por su parte, no han podido hacer oír sus protestas pues no está habiendo clases, pero nadie se extrañará que el primer día en que ellas sean restablecidas, ya habrán manifestaciones exigiendo nuevos derechos o nuevas reivindicaciones. Los universitario de la Chile hicieron paro de “teclados caídos” para no asistir a clases a distancia.

En sentido opuesto, en estos casi dos meses de cuarentena, se ha destacado el esfuerzo de otra llamada “primera línea”. Esta última está integrada por personas que no exigen derechos de ningún tipo, sino que dan de sí lo mejor para poder servir a los demás.

Son los médicos, las enfermeras, los ayudantes de hospitales públicos y privados y en general todo aquel que tienen competencia en materia de Salud. El propio Ministro del ramo declaró que su día comienza a las 5 de la madrugada para preparar el informe de la pandemia del día anterior.

Todos ellos han sido llamados, a justo título, como las personas que se han jugado “en la primera línea”.

¿Qué ha pasado con la otra “primera línea”?, aquella que se hizo famosa en Chile desde el 18 de octubre pasado hasta el mes de marzo.

Si fuésemos a imaginar una conversación entre dos miembros pertenecientes cada uno a una de esas dos “primeras líneas”, la pacífica y la violenta, ¿cómo sería ella?

Imaginemos a un pacífico, médico, enfermero o administrativo de un hospital, viendo pasar a un joven con buena salud, de aspecto desgreñado pero fuerte, le preguntaría ¿Joven, puede darnos una mano en el hospital para atender pacientes del coronavirus?

A lo cual éste respondería: ¿Coronavirus? Esa es una obligación del Estado asesino, no me venga con esas cuestiones, yo me preocupo por el bien de todos los chilenos, no sólo por los enfermos de Covid 19.

El médico, quizá sin entender la respuesta insistiría, “pero resulta que el riesgo de contagio es para todos los chilenos, y Ud. ayudándonos a revertir el contagio está ayudando a todos”.

Mire, ya un poco enojado le responderá el de “primera línea violenta”. Esta cuestión de la pandemia a mí me huele como una maniobra del gobierno u de los empresarios para distraer la atención del público que teníamos completamente dominada hace sólo un par de meses.

Para mí que ese virus es capitalista, sino ¿cómo puede producir efectos tan contrarios a los que nosotros deseamos?

¿Capitalista? Le podrá responder el médico, pero si viene de un país marxista, de China, y todavía ellos ocultaron su aparecimiento para no perjudicar la imagen de país desarrollado que quieren transmitir al mundo entero. Todavía más, han ocultado el número de fallecidos y han dado noticias falsas sobre la recuperación. El virus tiene de todo, menos de capitalista.

Y, agregaría, yo soy médico y no soy político, lo que quiero es que los chilenos suframos lo menos posible, tanto en nuestra salud cuanto en las consecuencias económicas que esta pandemia ciertamente nos va a traer.

¿No le parece joven que Ud. puede ayudarnos a alcanzar estos fines?

De ningún modo, responderá el violento. Nosotros queremos derechos para todos, comenzando por el derecho a la salud. Que el Estado les pague a los chilenos los tratamientos necesarios y no les cobre nada. Queremos hospitales del Primer mundo, gratuitos, abiertos a todos, y el fin de las malditas Isapres.

Sólo así podremos detener el famoso coronavirus. Con una Nueva Constitución que establezca de modo obligatorio el atendimiento de todos los derechos de salud y de remedios para todos. Para alcanzar ese objetivo nosotros quemamos las estaciones del Metro; derrumbamos las estatuas de los próceres nacionales, hicimos una campaña de “evade” a todos los compromisos con el Estado, y cuando estábamos por ganarles, apareció ese maldito virus.

¿Cómo quiere que yo les ayude?

El médico ya no conseguía entender el fanatismo destructor del representante de la “primera línea violenta” e intentó ganárselo por otro lado.

¿Joven, Ud. no ve que lejos de ganar la partida, lo único que Uds. consiguieron fue asustar a la población? Por nuestro lado, sin pedir ningún reconocimiento, a nosotros nos aplauden todas las noches personas de todos lados. ¿Quién verdaderamente ganó? ¿El que se impuso por el miedo o el que obtuvo aplausos por la admiración?

A esta atura de la argumentación, lo que había comenzado de un modo tranquilo ya era una verdadera polémica. Serena por parte del médico, furiosa por el lado del violento.

Para evitar que éste último pasara a las vías de hechos, a la cual están tan habituados todos ellos, el médico prefirió cortar la discusión diciéndole al joven desgreñado:

Creo que he perdido mi tiempo intentando invitarlo a sumarse a aquellos que estamos sacrificando nuestras vidas por el bien de todos los chilenos.

Ud. es de aquellos que piensan que sólo debe haber derechos, y que mientras más derechos tenga la masa, más feliz será ella.

Nosotros pensamos que a los derechos corresponden deberes y que el primero de ellos es cumplir con el que cada uno tiene, comenzando por la defensa de la vida que Dios nos dio como un regalo.  Después debemos cumplir con el deber delante de nuestros padres, y ese deber se llama patriotismo, cuando se trata de toda la nación.

Y por último, el deber para con nuestro prójimo más inmediato. Aquellos que nos rodean en la vida de todos los días, es lo que manda la virtud de la caridad.

Uds. Han desaparecido de la escena nacional porque no saben qué hacer cuando se presentan problemas serios y graves que no obedecen a sus dogmas ideológicos marxistas.  Quedan sin sentido, ni explicación.

Yo ya debo ir a cuidar de mis pacientes, pero no se olvide, la verdadera felicidad es aquella que nace del cumplimiento del deber. Lo demás es humo; y un humo que viene de muy abajo.

Estas últimas palabras el “primera línea violento” no las oyó. Él ya había abandonado la discusión y se alejaba entre furioso, cabizbajo y orgulloso, rumoreando para sus adentros: Estado asesino, evade, mueran los pacos, mueran los yanaconas, incendiemos las iglesias…

 

Obviamente que esta discusión fue imaginada, pero si ella se diera no sería muy diferente. ¿No le parece?

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