Derechos humanos, feminismo, aborto y eutanasia

0 78

Derechos humanos, feminismo y aborto

Estimado radioyente:

Si Ud. se da la molestia de leer los programas de los próximos redactores de nuestra Constitución encontrará que en la mayoría de ellos vienen invocados los derechos humanos, como uno o el principal objetivo a promover en un próximo texto.

La preocupación se entiende. Si una Constitución debe cuidar de la organización de la organización jurídica por medio de la cual se limita el ejercicio del poder y se reconoce y consagran derechos fundamentales de la persona, la primera de las preocupaciones es establecer los mecanismos de protección de los mismos.

No podría ser que los derechos fundamentales de la persona humana no fueran objeto de especial desvelo por parte de los miembros de la Convención.

Sin embargo, y como flagrante contradicción con lo anterior, muchos de los miembros electos para esa Convención, al mismo tiempo que se manifiestan tan celosos por la defensa de los derechos humanos, se declaran feministas y favorables al aborto libre y general.

Incluso varias de las candidatas electas posan en sus fotografías con el pañuelo verde que se convencionó como un símbolo de quienes promueven la matanza de los inocentes.

Uno se pregunta qué pueden entender de tales derechos una persona que sostiene las dos cosas al mismo tiempo:  la promoción de los derechos de la persona y la defensa del aborto.

La pregunta no es sin importancia, pues probablemente quienes sostienen esta contradicción querrán dejar plasmado como un derecho humano el que se pueda matar al niño en el vientre materno.

Si esto ocurre, la cantidad de muertes por aborto será incalculable, pues ya es alta sin que todavía sea enteramente libre. Imagine nuestro auditor lo que será si este pseudo derecho de matar queda establecido en la nueva Constitución.

Otra contradicción curiosa en las declaraciones de principios de muchos de los miembros de la Convención constituyente es que se dicen favorables a la defensa de los derechos de los niños y de los menores de edad.

Sin embargo, parecen ignorar que el primero de esos derechos, de acuerdo a la propia Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas es precisamente el derecho a la vida.

“La Convención reconoce el derecho intrínseco a la vida, es decir, que todas las niñas y todos los niños, por naturaleza, son poseedores de este derecho. Los Estados partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño”.

Para comprender esta contradicción, si ella pudiese ser comprendida, repetimos la declaración de la defensora de los derechos del niño de Chile, que declaró que el niño en el vientre materno no es niño y, por lo tanto, no le corresponde a ella cuidar de su derecho a nacer.

Tal absurdo, sintoniza con el otro absurdo que sostiene que el niño comienza a ser tal, cuando ya tiene una cierta autonomía para su sobrevivencia. Antes de eso, es decir poco después del parto, él podría ser muerto.

Un académico canadiense, Udo Schuklenk, docente de Filosofía en la Queen’s University de Ontario, propuso abiertamente la legalización de los abortos “post-natales” para aquellos bebés que nazcan en circunstancias desfavorables para desarrollarse normalmente.

De acuerdo a él, “Los padres deberían ser capaces de decidir libremente sobre lo que equivaldría al aborto post natal”, afirmó en un artículo publicado en el Journal of Thoracic and Cardiovascular Surgery (Revista de Cirugía Torácica y Cardiovascular).  Schuklenk señaló que causarles la muerte a recién nacidos con discapacidad sería moralmente aceptable, aunque aún sea ilegal en Canadá.

Tales declaraciones están en coherencia con el modo absurdo de entender los Derechos humanos de los abortistas.

Para ellos, el ser en gestación e incluso post nacimiento está a disposición de los caprichos de los padres, quienes pueden optar por deshacerse de ellos como mejor les plazca.

Lo curioso de esta falsa lógica, es que poco después, los mismos que promueven estos absurdos, pasan a promover otro contrario, que los niños son completamente autónomos de sus padres y que estos no puedan mandarlos ni prohibirles nada.

Es decir, pasan de ser meros objetos a virtuales dictadores del hogar.

***

Otra contradicción de estos pseudo defensores de los DDHH es que sostienen igualmente el derecho a la eutanasia o al suicidio asistido.

Es decir, el hombre no tendría derecho a nacer ni tampoco a morir de acuerdo a lo que naturaleza y la ley de Dios establecen, sino a los dictados ideológicos de estos próximos redactores de la constitución.

Derecho a matar antes del nacimiento y derecho a matar antes de la muerte natural.

Es precisamente lo que el papa Juan Pablo II llamaba la “cultura de la muerte” en su Encíclica Evangelium Vitae. “La llamada ‘calidad de vida’ se interpreta principal o exclusivamente como eficiencia económica, consumismo desordenado, belleza y goce de la vida física, olvidando las dimensiones más profundas —relacionales, espirituales y religiosas— de la existencia”. Está claro que por la brecha que ha abierto en la sociedad actual la consecución de una buena ‘calidad de vida’ ha entrado la ‘cultura de la muerte’ ”.

***

Señalemos ahora otra contradicción de estos mismos miembros de la Convención que sostienen esta ideología.

Todos ellos se declaran absolutamente igualitarios, y favorables a la eliminación de cualquier tipo de desigualdad entre las personas, incluso aquellas que son de acuerdo a la naturaleza humana. Dicen querer establecer una igualdad absoluta en que nadie sea superior en nada al de al lado.

Sin embargo, apenas terminan de proclamar esta utópica igualdad, establecen la más odiosa de todas ellas, aquella que tiene derecho a la vida o a la muerte de los seres indefensos. Sean ellos personas que aún no nacieron o personas que están pasando por sufrimientos físicos o morales.

O sea, somos todos iguales, pero unos pueden mandar a matar a otros que no tienen como defenderse.

Curioso modo de entender los derechos humanos, el feminismo y la igualdad.

Nos recuerda la frase pronunciada el 8 de noviembre de 1793 por Madame Roland mientras era conducida a la guillotina. Antes de colocar su cabeza en el cepo, se inclinó ante la estatua de arcilla de la Libertad situada en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia) y pronunció la famosa cita por la que es recordada: “¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”

Hoy podríamos decir lo mismo respecto a esta ideología: “Derechos humanos, derechos humanos, ¿a cuantos humanos no destrozas?

***

Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir, semana a semana es esta SU emisora o a través de nuestra página web Credochile.cl

 

Ayúdenos a llegar a miles de personas como usted.