Cuaresma y frustración

0 130

Cuaresma y frustración

Estimado radioyente:

Este miércoles pasado se celebró el “miércoles de ceniza”. Quizá Ud. o alguien de su familia pudo concurrir a alguna de las pocas iglesias abiertas para recibir en la frente un poco de ceniza, junto con las palabras del sacerdote: “acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”, o “arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Siempre me llamó la atención que ese día las Iglesias se llenaban mucho más que de costumbre y que las personas hacen largas filas para poder recibir un poco de ceniza en sus frentes.

Algún espíritu positivista podría mirar con mala cara este sacramental de la Iglesia. Sus objeciones serían las de siempre:

“¿Cómo recordarles a los hombres algo tan depresivo como que no somos sino polvo y que nos convertiremos en polvo?”

“¿Por qué la Iglesia no utiliza alguna fórmula más ‘optimista’”? Decir, por ejemplo, “acuérdate que tienes un lindo futuro y podrás aprovecharlo bien”, o “cumple los Mandamientos y tendrás una vida feliz y sin sufrimientos”

Hay en estas dos concepciones, la de la Iglesia Católica de siempre y la del positivista dos formas de entender la vida y por eso se prestan para una consideración que lo podrá ayudar a Ud., estimado radioyente, a comprender mejor qué significa la Cuaresma.

Comencemos por describir la mentalidad de los positivistas objetantes, que hoy constituyen legiones, especialmente entre los más jóvenes.

Para ellos, la vida debe ser una secuencia ininterrumpida de placeres, cada vez mayores sin ninguna preocupación. No se debe dar importancia a sus consecuencias, ni tampoco preguntarse si ellos son buenos o malos. El fin de esta vida es pasarlo bien, y mientras más bien lo pasamos, mejor es la vida.

“Religión, mandamientos, conciencia de bien o de mal, cielo, infierno, etc., etc., no pasan de cuentos para asustar a los niños y hacerlos aceptar las obligaciones que los padres quieren imponerles”. Sostienen los positivistas.

Por esta razón, concluyen ellos, se deben promover leyes que emancipen a los menores de los padres y que les permitan tener desde la más temprana edad todos los placeres que ellos quieran, en especial los relacionados con las libertades sexuales y las opciones de género.

“Aborto libre y generalizado y derechos homosexuales, he ahí la felicidad perfecta”, es la consigna de los positivistas.

Tal modo de encarar la vida no puede sino producir un profundo odio a la religión y, en el fondo, a Dios. Tal odio desemboca en una persecución religiosa que explica las quemas de las Iglesias ocurridas cada vez con mayor frecuencia en todo el territorio nacional.

Pero, es importante analizar el fondo del planteamiento de estos ateos.

¿Es posible que esta vida no sea sino la satisfacción de todos los placeres posibles? ¿Esto realmente trae la felicidad? Si esto es así, ¿por qué entonces crece cada vez más el índice de suicidios juveniles?

Son preguntas que necesitan de una respuesta.

Sí, porque según el estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en las Américas hay más de 7 suicidios por hora y Chile tiene una de las tasas de suicidio más altas en la región. El suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 10 a 25 años.

¿Cómo y por qué un joven, que tiene todo por delante, puede llegar a tener esa profunda decepción de vivir?

Para responder, tomamos y adaptamos una explicación proporcionada por el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira que esclarece  muy bien el fenómeno.

***

“Cuando el joven procura algo de modo intemperante, (sin orden, sin proporción, ni razón justificada) él tiene una sensación, un estado de ánimo con ansiedad. Esta ansiedad es medio provocada por el deleite que se espera obtener y medio provocada por el miedo a que ese deleite no se obtenga. Por tanto, es una cosa bipolar. Por un lado una gran alegría, por otro lado un lado, un gran miedo. Esta sensación bipolar hace que la persona se ponga súper tensa, con los nervios súper agudos para ver si consigue alcanzar lo que pretende o no.

“Si obtiene lo que busca, inmediatamente piensa: ‘Quiero más. Quiero una cosa que sea más emocional’. Cuando no lo alcanza, él piensa: “Oh, salió mal. Necesito encontrar una manera, necesito compensar de otra manera lo que no obtuve. Y luego comienza, junto a los otros fans que lo acompañan en este percurso, una especie de esfuerzo desesperado por obtener esa sensación placentera.

“Esta tensión -alcanza/no alcanza- empieza a hacerlo sufrir.

“Sin embargo, este mismo sufrimiento de la aflicción acaba teniendo su sabor mórbido, es un comienzo de masoquismo psicológico.

“Entonces, cuando alcanza la satisfacción de lo que busca, está satisfecho. Cuando no lo alcanza, esta postrado. En esa postración se da una depresión. Sin embargo, en esa misma depresión, el joven del que tratamos, encuentra un cierto gusto y no tiene muchas ganas de salir de ella.

“Así, paso a paso, él llega a cultivar el gusto de lo depresivo por lo depresivo.

“’Oh, qué triste estoy. Estoy aburrido, quiero una pastilla de cualquier cosa, una pastilla o una droga de cualquier cosa. Quiero, no sé qué, y no puedo dormir’”.

“Es una especie de mezcla de sufrimiento con un cierto sabor del propio sufrimiento, un sabor de la ansiedad y un gusto por lo negro, por lo depresivo, por lo bajo, por el No futuro, por el desencanto de todo”. No es por nada que el negro, color que siempre se asoció a la muerte, sea el color preferido de la moda juvenil.

Abreviando la descripción del proceso, el pobre joven que se embarcó en el gusto desordenado e intemperante de las cosas, termina despreciando la propia vida. De ahí al suicidio, es sólo cosa de tiempo.

***

Volvamos ahora a la concepción católica de la Cuaresma.

¿Qué nos dice ella?

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua de Resurrección. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

En ella aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Aprendemos también a tomar nuestra propia cruz con alegría para alcanzar la gloria de nuestra resurrección eterna.

Y Ahí esta la profunda y la gran diferencia entre las dos mentalidades, la del ateo y la del creyente.

El primero odia la cruz y al Crucificado, es similar el mal ladrón que no quiso convertirse en el Calvario. El segundo, está representado por el buen ladrón que reconoce y se arrepiente de sus pecados, admira al Crucificado y le pide su perdón.

***

Hay una nación que exalta ese amor a la cruz, de modo muy especial que es España, y en especial la ciudad de Sevilla.

En ella, durante la Semana Santa, se da lugar a una verdadera fiesta del dolor, con los famosos “pasos de semana Santa”, con las “saetas” en homenaje a la “Dolorosa”, con las procesiones, con las marchas, con los hábitos y las capuchas en forma de corno, y con los mil encantos de esa ciudad.

Sintamos un poco de ese ambiente oyendo a Triana de Alba cantarle una saeta a la Dolorosa que pasa por una calle de Sevilla…. (poner audio)

Esta joven que le canta al dolor de la Virgen, sabrá después enfrentar con firmeza los dolores que la vida le traiga a ella. Será una llama de Fe sobrenatural, de fortaleza y de alegría interior.

La cuaresma nos da la oportunidad de pensar en estas cosas. Aprovechémosla.

***

Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en esta SU emisora, semana a semana o en nuestra página Credochile.cl

Ayúdenos a llegar a miles de personas como usted.