Criterios de coherencia para el voto católico en las próximas elecciones

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Criterios católicos para las elecciones

Estimado radioyente:
Este año, como pocas veces en la historia de nuestro País, deberemos concurrir a votar por distintas autoridades nacionales.
Veamos sucintamente cuáles serán esas elecciones:
La primera de ellas tendrá lugar el próximo 11 de abril, donde se deberá elegir a los integrantes de la próxima asamblea constituyente, junto con las autoridades de los Gobiernos regionales, más los alcaldes y concejales.
Al mes siguiente, el 9 de mayo tendrá lugar la segunda votación para Gobernadores Regionales
Dos meses después, el día 4 de julio, tendrá lugar las elecciones primarias para la designación de los pre candidatos a Presidente de la República. Ese mismo día serán las primarias para ocupar los cargos de senadores que se renuevan en sus mandatos, y los integrantes de la Cámara de Diputados.
El día 21 de noviembre tendrá lugar la Elección General para la Presidencia de la República así como las elecciones definitivas para, Senadores, Diputados y del CORE.
Por último, el día 19 de diciembre se realizará la segunda votación para Presidente de la República, en el caso de que ninguno de los candidatos haya obtenido en la elección anterior, la mayoría absoluta de los votos.
Fuera de lo anterior, se debe agregar que, en el primer semestre del próximo año 2022, tendrá lugar un plebiscito para aprobar o rechazar el texto de una nueva Constitución que regirá los destinos del país por largos años y que podrá determinar hacia dónde se dirigirá.
Para responder a todas estas decisiones existen muchos criterios que podrán variar de acuerdo a las preferencias personales, políticas o de conveniencia regional.
Sin embargo, hay un criterio que no puede ni debe variar para quienes tenemos Fe católica. Es que el voto nunca puede ser dado a candidatos que sostengan posiciones contradictorias con los dictámenes de la moral católica.
Es lo que el Papa Benedicto XVI llamaba los “principios no negociables”, en su exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum Caritatis.
Citamos el texto pontificio:
“En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas.
“Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana”.
(fin de la citación)
Hoy día, cuando impera el espíritu relativista, hay incluso dentro de los fieles católicos, quienes piensan que no existen principios no negociables, y que ni siquiera existen verdades absolutas, pues “todo depende del color del cristal con que se mira”.
Al respecto, y de modo a poder contradecir tal relativismo, queremos recordar las enseñanzas de un gran cardenal de la Iglesia, que vivió durante el siglo XIX y fue considerado como maestro de varios Papas.
Se trata del Cardenal francés,Louis-Édouard Pie, quien colaboró activamente con el Papa Beato Pío IX en la descripción y refutación de los errores modernos, contribuyendo decisivamente en la declaración del dogma de la infalibilidad pontificia. León XIII lo hizo Cardenal y San Pío X le llamaba “mi maestro.”
El referido Cardenal, en su obra “La intolerancia doctrinal”, afirma que condenar la verdad a la tolerancia es forzarla al suicido.
“Es de la esencia de toda verdad no tolerar el principio contradictorio. La afirmación de una cosa excluye la negación de esa misma cosa, como la luz excluye las tinieblas”.
El referido Cardenal decía que comprendía perfectamente y que pedía libertad para decidir en las cosas discutibles.
“Pero cuando la verdad se presenta con los distintivos de certeza que la distinguen, por lo mismo que es verdad ella es afirmativa, es necesaria y, por consecuencia, es una e intolerante.
“La afirmación se aniquila si ella duda de sí misma, y duda de sí misma si permanece indiferente a que la negación se coloque a su lado…”
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Pasemos del principio a la realidad concreta.
Toda persona bautizada en la Fe católica debe ser consecuente con el VI Mandamiento que manda “No Matar”. Por lo mismo debe rechazar el aborto que constituye una de las formas más graves de asesinato, pues se practica contra un ser inocente, indefenso y en lugar donde debería encontrar el mayor afecto y seguridad para su existencia: el seno de la madre.
Ahora, es lógico entonces que el votante católico se informe qué piensa al respecto del aborto quienes pretenden ocupar los cargos de Presidente de la República, o para integrante de la Asamblea Constituyente o como integrante del Poder Legislativo; pues, en todos esos cargos, su opinión respecto del aborto podrá ser decisiva.
Por ello, el año 2015, varios obispos chilenos recordaron a los candidatos de entonces la contradicción entre ser católico y aprobar el aborto, en una declaración titulada “Pedido de coherencia a los legisladores católicos y publicada en la prensa nacional”.
Los Obispos firmantes, entre los cuales se encuentran, Monseñor Jorge Vega, Obispo de Illapel, Monseñor Felipe Bacarreza, Obispo de Santa María de los Ángeles, Monseñor Carlos Pellegrin, Obispo de Chillán, Monseñor Francisco Javier Stegmeier, Obispo de Villarrica y Monseñor Guillermo Vera, Obispo de Iquique, declaraban:

“Nuestra voz se vuelve, en primer lugar, hacia los legisladores católicos que tienen la grave responsabilidad de permitir o no que se introduzca esta legislación de muerte. A ellos les recordamos que no es lícito a ningún católico participar de un aborto, menos aún abrir las puertas a miles de abortos. (…)
“En esta emergencia es nuestra obligación recordar a los Honorables Diputados católicos, su necesaria coherencia con los dictámenes de la Fe cristiana. (…) La doctrina de Cristo es doctrina de vida, tanto que él define su misión en relación a la vida: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” (Juan 10,10).
“De acuerdo a las enseñanzas del Magisterio Pontificio, no es lícito apoyar con su voto a ningún proyecto de ley que atente contra el derecho sagrado a la vida dado por Dios. Así lo afirma claramente S. Juan Pablo II: ‘En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella’.”
“Será nuestra obligación de Pastores advertir a nuestros fieles que, independientemente de las legítimas opciones políticas que cada uno pueda tener, a ellos también les cabrá la prohibición moral de dar el voto a favor de un candidato que haya apoyado el Proyecto de aborto. Cosa que nos corresponderá recordar también por ocasión de las próximas elecciones”.
(fin de citación)
Estas claras enseñanzas para orientar el voto de los católicos no han cambiado ni pueden cambiar.
Por ello se las entregamos a nuestros radioyentes para poder ayudarlos a iluminar correctamente las conciencias de acuerdo a los postulados de la Fe y a la debida coherencia con ella.

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