Centenario de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima

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Este próximo sábado 13 de mayo se cumplirán los 100 años de la primera aparición de la Santísima Virgen a los tres pastorcitos en Fátima Portugal.

Para conmemorar tan importante acontecimiento, le proponemos los comentarios que el Profesor Plinio Correa de Oliveira, líder católico mariano y especialmente devoto del Mensaje de Fátima escribió a respecto de las apariciones de 1917 en la Cova da Iria.

“No hay una sola aparición en Fátima en la que no se insista sobre un hecho particular: los pecados de la humanidad se convirtieron en un peso insoportable en la balanza de la justicia divina. Ésta es la causa recóndita de todas las miserias y desórdenes contemporáneos. Los pecados atraen la justa cólera de Dios. Los castigos más terribles amenazan, pues, a la humanidad. Para que no sobrevengan, es preciso que los hombres se conviertan. Y para que se conviertan, es necesario que los buenos recen ardientemente por los pecadores y ofrezcan a Dios toda clase de sacrificios expiatorios.

“Vemos que el pensamiento constante de todos los mensajes es éste. El mundo está enfrentando una terrible crisis religiosa y moral. Los pecados cometidos son innumerables. Y son la verdadera causa de la desolación universal. El modo más acertado para remediar sus efectos consiste en la oración y en la reparación.

“Los católicos, por espíritu de acomodación, por oportunismo, por el deseo pueril de concordar en todo con este siglo, (…)  piensan, actúan, se sienten en este mundo de crisis y de derrumbes como si estuviesen en el siglo XIII, con San Luis reinando en Francia, San Fernando en Castilla, Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura iluminando la Iglesia con el esplendor de su ciencia y de su virtud. (…) Estos católicos (optimistas), entran frenéticamente en la ronda de los despreocupados y entonan loas e himnos a la situación del mundo actual que a otros les arranca gemidos de angustia y hasta gritos de dolor. Y si hay quien les desee abrir los ojos, se enfurecen. Tolerantes con todo y con todos, no pueden soportar que se denuncie la gravedad de la situación en que estamos.

“Las palabras de la Virgen, (…), ¿bastarán para convencerlos? No parece probable. Pero por lo menos ellas pueden inmunizar contra esa onda de optimismo necio a aquellos que tal vez fuesen propensos a darle su adhesión.

“Al lado de este optimismo febricitante, que quisiera hacer del apostolado una perpetua fiesta de adolescentes, un eterno picnic que aborrece todo aquello que en la vida de piedad pueda evocar la idea de dolor —los crucifijos en que la Divina Víctima figura con sus llagas, vertiendo la Sangre redentora, los antiguos paramentos negros para las misas de difuntos, etc.— hay también otro defecto a considerar. Es la abulia. Existe una falsa piedad que desvía a los hombres de la consideración de todos los grandes problemas. ¿Se disuelve la Civilización Cristiana, se derrumba el mundo, se convulsiona la tierra? El hombre intoxicado por esa forma de apatía nada ve, nada siente, nada percibe. Su vida es apenas su pequeña vida particular, en el cumplimento correcto y parsimonioso de sus pequeños deberes individuales, de sus pequeños actos de piedad, en la solución exclusiva de sus pequeños casos de conciencia. Su celo no va más allá que sus horizontes, y éstos, duele decirlo, van poco más allá de la punta de su nariz. Si se le habla de política, de sociología, de filosofía o de teología de la historia, de apologética, cambia de tema hasta con cierto miedo: el miedo que las termitas tienen a la luz del sol.

También para el optimista apático, Fátima contiene una gran lección. La Santísima Virgen bajó a la tierra para atraer el celo de las almas hacia este inmenso panorama. Ella quiere piedad, quiere reparación, pero asienta su deseo en una visión inmensa de los grandes intereses de Dios en toda la extensión de la tierra.

“Dentro de las perspectivas sin límites de Fátima, no se trata de salvar sólo esta o aquella alma individualmente considerada. Se trata de ver más alto y más lejos. Es por la salvación de toda la humanidad que se ha de luchar, pues no es sólo esta o aquella persona, sino son legiones de almas las que amenazan perderse en una de las crisis más graves de la Historia. Y es para esa inmensa tarea que Nuestra Señora pide, no un Cirineo sino muchos, muchísimos, falanges enteras de ellos.

“En Fátima no hay tan sólo un llamado para que los tres pastorcitos hagan penitencia. Este llamado se dirige al mundo entero. Toda la piedad contemporánea es la que debe tener, por así decirlo, un fuerte colorido reparador y expiatorio.

“Nuestra Señora no habla solamente de oración. Ella quiere expiación, sacrificio. ¿Habrá alguna época en que se haya huido más del dolor? ¿Habrá alguna época en que se haya hablado menos sobre la necesidad de la mortificación? ¿Habrá alguna época en que se haya tenido menos noción de la importancia del sacrificio? Pues es hacia este punto que la Santísima Virgen llama especialmente nuestra atención.

“Parece indiscutible que, también en este punto, Fátima nos da preciosas lecciones”.

***

Para finalizar el comentario del ilustre pensador católico, queremos agregar un pequeño adendo.

Quizá algún lector, influenciado por una concepción unilateral de la misericordia divina, al oír las consideraciones anteriores piense que ellas estaban bien para los fieles de hace medio siglo atrás, pero no para los de hoy, para quienes los conceptos de sacrificio, expiación y oración parecen estar tan distantes del panorama actual. Hoy lo que importa, según ellos, sería sólo creer en la misericordia de Dios y olvidarse del resto.

A esta posible objeción le respondemos con un ejemplo de su propia existencia. Si Ud. que nos oye es papá, mamá o abuelita, ciertamente le manifiesta a su hijo o nieto, todo el cariño y la misericordia que está a su alcance. Pero no por eso, Ud. mismo deja de corregirlo cuando él falta a sus deberes. Y, al corregirlo, Ud. no está dejando de ser bueno. La bondad no siempre consiste en sonreír y tolerar. Ella puede ejercerse también corrigiendo y castigando.

Es lo que debemos pensar en este centenario de las apariciones. La Santísima Virgen vino a mostrarnos nuestra situación y a convidarnos a nuestra conversión. Abramos nuestros corazones a sus Mensajes y recibiremos de Ella y de su Divino Hijo, las mayores gracias de ternura y de afecto.

Si Ud. quiere saber más del Mensaje puede solicitar el breve relato de las apariciones que se lo enviaremos gratuitamente a su dirección. Pídalo al correo fatima@gmail.com (no sé si se puede crear un correo con ese nombre o aparicionesdefatima@gmail.com para no poner el mío que es medio complicado. Esto lo pongo para ver si se puede establecer un contacto más cercano. Le pido el favor de crear el correo pues no sé cómo se hace). En la parte final del programa se podría poner un trecho de la música que anexo.

Muchas gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir a www.accionfamilia.org . Hasta la próxima semana en esta misma SU emisora.

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